Recuerdo una vez
que estuve haciendo cola
para comprarle a mi padre
una entrada a los toros.
Gran aficionado como buen andaluz.
Pues bien,
tenía delante un entrado en carnes hombre
que encendió un monumental puro.
Al principio vaya.
Poco a poco empecé a sentirme molesta
y le espeté:
"Usted no es un hombre
fumando un puro,
usted es una chimenea andante".
Ni rechistó.
Siguió chimeneando
y yo
"al borde de un ataque de nervios".
Dorita.
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