Tuve que volver
después del café.
Algo más que chirimiri.
Me senté a leer.
Volteé mi cabeza hacia la ventana
de forma inconsciente.
La belleza del grandioso roble
y otros arbustos que lo rodean
hizo que me estuviera
un buen rato contemplando.
Aún ahora,
que he vuelto al lugar
para continuar durante media hora
la lectura,
sigue ahí imperturbable
la misma belleza.
Un poco diferente al dejar de llover
y el sol andar intentando
aparecer.
Si que el día va clareando
tal vez más tarde
luzca el Sol.
¿Y si la belleza
fuera un regalo del Corpus Cristi?.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario