Otra de las ventajas
de leer a Chéjov es...
que he aprendido otra medida
para las distancias,
la versta.
Mi mente ya la usa como
si de kilómetros se tratase
y encima ¡qué bella palabras!
Me recuerda a la Vespa,
esa moto que se usaba
cuando era pequeña.
Dorita.
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