Y aquí me encuentro,
en esta narración,
la palabra cedazo.
Desde que vivía en Rucandio,
antes de que me llevaran interna
a la Enseñanza,
no me la había encontrado.
Inmediatamente me ha llegado
a la mente el aro ancho de madera
con la rejilla metálica
a la que delimitaba y sujetaba.
Dorita.
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