Me la encontré está mañana
en un centro comercial.
Mujer de oro.
Se casó e inmediatamente
tuvieron que realizar a su marido
trasplante de corazón.
No tuvieron hijos.
Un buen día es consciente
que a los niños de la cubana
que acababa de llegar a vivir
en la casa puerta con puerta
los estaban alimentando
a base de puré de patata de bolsa.
Se atrevió a decirle a la tal mujer
que sí quería podía darles de comer
de vez en cuando.
El más pequeño un bebé.
Se le abrieron los cielos.
No solo no dijo que no sino que
se les dejó para siempre.
Al principio eran largas temporadas
en Cuba y después quien sabe dónde.
No sé si Paco Lobatón
podría encontrarle.
Los niños ya acabaron en la universidad
y trabajando.
A ella esta mañana
con la sonrisa de siempre pero
acachapandado
y es que el tiempo no perdona
ni a las personas excepcionales.
Dorita.
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