Y que sé yo cuántas cosas más.
A los árboles todos nos subíamos.
Yo no pasaba de la zona central
donde se bifurcan las más grandes.
Él nada de eso
hasta las más altas y delgadas.
La verdad es que nunca se cayó.
Seguro que tenía muy buenos reflejos,
sino no me lo puedo explicar.
Tenía la habilidad de coger
con tanta delicadeza a las víboras
por si cabecita
que jamás le picarón.
No lo podía entender.
Hasta las personas mayores me avisaban
de cuando mi hermano acudía
a la alcantarilla de la Nuncia.
Allí siempre acudían
buscando restos de comida.
Dorita.
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