Cuando,
estando en el internado,
me comunicaron
que el señor Felipe
había muerto
sentí rabia.
No sólo decía siempre
su verdad,
sabía vivir
de una manera
tan bella y predecible
que poco se diferenciaba
del resto de la creación.
Eso sí,
no tenía nada que ver
con los hombres de hoy en día.
A lo peor
por eso murió joven.
Ya empezaba a fraguarse
en lo que nos hemos convertido.
Dorita.
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