Dios
sigue escribiendo la historia.
El hombre
no puede interferir.
Ni tan siquiera ha logrado
memorizar las letras
de la lengua
con la que se está expresando.
Dorita.
Dios
sigue escribiendo la historia.
El hombre
no puede interferir.
Ni tan siquiera ha logrado
memorizar las letras
de la lengua
con la que se está expresando.
Dorita.
Quien consigue
hablar con extraterrestres
es porque
lo intentó
un millón de veces
con los humanos
y no lo logró.
Dorita.
El buen profesor
es aquel
que permanece impasible
a las bofetadas diarias
de sus alumnos,
siendo capaz
de seguir enseñando
con el mismo
o más entusiasmo
que el primer día.
Dorita.
No es arte solo
lo que se añade
a la pura necesidad.
Arte,
también,
es todo aquello
que se realiza
por necesidad,
para poder sobrevivir
a la realidad.
Dorita.
Sorrabilón.
Palabra de Rucandio de Bureba .
"Te voy a dar un sorrabilón".
Cuando un niño se estaba portando mal.
Vivía aferrada
a la incompleta soledad.
No la buscada,
no la vivificadora.
De eso yo
poco conocía.
Después,
me acostumbré
a la ternura sanadora del abrazo.
Expontaneo.
No buscado,
encontrado.
Manos extendidas,
más grandes
que las blancas alas.
Manos compitiendo
con los ángeles.
No,no creo
que vaya a morirme
si se expanden hacía el infinito
antes que las mías;
descanso en su morada
tanto como en el regazo del Padre.
Dorita.
Los Ángeles sí,
los Ángeles blancos
mimados son.
Privilegio del acercamiento.
El susurro,
sin ser vistos.
A su manera,
se cogerán berrinches.
¡Cómo no!.
Al contemplar
los tinglados en los que nos metemos,
no haciendo caso
a sus advertencias.
Tras el golpe,
tener que acudir
a recoger nuestros trozos.
Articularlos,
ensamblarlos.
Logrando
que podamos continuar
cometiendo errores.
A la hora del Gran Salto,
¡eso será entrañable!.
Nos arroparán
con sus grandes alas.
Junto a ellos ascenderemos
a dónde el tiempo
desaparece para siempre.
Donde todo es luz
Donde gozamos la eternidad.
Allí también
de nosotros se ocuparán.
Dorita.
No porque lo hayas visto
lo has alcanzado.
El trabajo es el mismo.
La ayuda
la certeza de que existe.
Dorita.
¿Y si
tu ventana
tiene una manilla
para poder ser abierta por tí?.
¿Y si
tu casa puerta
para ser franqueada?.
Para atravesarla.
Respirar el aire fresco.
Cantarle al día.
Gritarle al universo:
" hoy,
me marcho a bailar con el viento".
Dorita.
Me niego a pensar
que algo me pertenece.
Por fin había encajado.
Ese grupo del café
extraordinario.
Diferentes culturas.
Diferentes creencias.
Formas de entender la vida.
Era bueno.
Mi grupo.
Darme cuenta de ello.
La serpiente, garrapata o
ángel caído
o los tres al tiempo
se encargaron
de deshacer el encanto.
Dorita.
Hablar bien
es conservar...
la dentadura.
Las palabras sucias...
estropean
los dientes.
Las palabras sucias...
provocan
peligrosas reacciones...
con repercusiones
no deseadas.
Dorita.
Con las manos abiertas,
con emoción, recibo
lo que de mi infancia,
de mi adolescencia llega.
Situaciones que surgen
como agua fresca,
manantial de montaña
corriendo
entre flores silvestres.
Otras raspan.
Quisieron ser olvidadas
por dolorosas.
Cuando deciden,ellas solitas,
mostrarse
queriendo que me entere
no me hace gracia.
Me toca
el arduo trabajo de gestionarlo,
de llevarme bien con ello.
Dorita.
El que busca
algo encuentra.
No digo yo que sea
el gran diamante,
la perla deslumbrante.
Nada de eso ...
o sí.
Lo que es seguro
es que
destellos de inmensidad,
destellos de eternidad,
eso sí
eso sí que encontrará.
Dorita.
Demasiados
en el lugar.
Preparados.
Se confunden.
No ha llegado el momento.
Esperan en balde.
La ayuda
está en camino.
El hielo se derrite.
Ángeles blancos escuchad
no son sus horas.
Todos estamos alerta.
Lo lograremos.
Su lugar ,aquí,
entre nosotros.
Dorita.
La primavera
necesita ser contemplada,
necesita ser amada.
De ahí
saca la energía,
el coraje,
para poder florecer,
tras el largo invierno.
Dorita.
Quienes buscan
la noche,
soñar para olvidar,
al despertar
quedan deslumbrados
por la luz del sol.
Dorita.
¡Qué caprichos
tiene la vida!.
Es después de la partida
de quien te quiso
y de quien quieres,
que descubres
la grandeza de su alma,
la plenitud
en su existencia.
Se te cae la venda.
Ves
lo que realmente era,
lo que es.
Dorita.
Demasiado está durando
lo que nunca
debiera haber comenzado.
Toca
sujetar con fuerza
el caballo desbocado
de la ira.
Pero,¿ Y la fe?.
¿Qué hacer
para que no se resquebraje?.
Para que no se rompa
en mil pedazos.
¿Qué hacer
para vivir soñando
con un mañana mejor?.
Dorita.
No me quiero
enterar.
Sé.
La Gran Belleza
me aniquilará.
No estoy, aún,
preparada para ello.
Dorita.
No porque
hayas decidido enclaustrarte
estas a salvo .
Tu enemigo acecha,
demasiado cerca.
Le vences
o desapareces.
Trabajo arduo:
reconocer,
buscar,
encontrar.
Dorita.
Yo quiero creer
que existe un ángel blanco.
Sus alas sin límites
protegen los bosques.
Su pacífica mirada
calma la tempestad.
Susurran a las grandes olas
que descienden obedientes
sobre la arena.
Yo quiero creer
que este ángel blanco
llega todas las noches
para proteger mis sueños,
para cuidarme mientras duermo.
Yo quiero creer
que él,
el misericordioso,
ya está llegando a Ucrania.
Le están esperando.
Que parará la guerra,
que los rusos cejarán
en su empeño destructivo.
Que los Ucranianos
recuperarán su tierra.
Perdonarán,
por imposible que nos pueda parecer.
El ángel blanco
no les abandonará jamás.
Dorita.
No tengas miedo.
Sal.
Traspasa el umbral.
Desde la ventana,
contemplas los árboles,
escuchas el azote del viento
y a los pájaros cantores;
el aroma de sus hojas,
las caricias en tu cara,
la ternura del encuentro,
nada de esto ocurrirá
si no te tiras al agua
descubriendo
que flotas.
Dorita.
Cuando un pastor
cazaba un zorro,
con orgullo lo mostraba.
Agradecidas las familias
le recompensan.
Defendían los animales
necesarios
para su subsistencia.
Dorita.
Mi ángel,
desencantado
de mi desangelado abandono,
decidió partir;
sintiéndome tibia,
supe lo que ocurría.
No se alejó tanto
como para no escuchar
mis lamentos.
Ya,
junto a mi,
en silencio,
en quietud,
no articuló palabra.
Esperaba
las mías.
No explicaciones
por mí insolente desdén,
sí
las de agradecimiento.
Dorita.
Cuando te buscas,
no te encuentras
con un jardín de rosas;
esos excrementos
si pueden abonar
futuras flores.
Dorita.
Mi inquietud
innata,
temporal.
Terminaré
en la quietud eterna.
Pensamiento obtuso
provocando agotamiento,
pronto desplazado.
Corro,
más el día termina
cuando la noche llega.
Solo la serenidad conquistada
me aproxima
a lo que soy,
a lo que seré un día.
Dorita.
Sorpresa.
Fragancia y delicadeza.
Descanso
de la perfección en la estructura.
Juego
de los números eternos .
Auna tal grandeza
que aún la criatura más obtusa
ante su presencia
se embelesa.
Dorita.
¡Qué largo
se nos hace este invierno!.
Llegaron
las imágenes del hielo y de la nieve.
El pensamiento corre
donde el frío hiela
el aliento y la sangre.
¡Qué se vaya rápido!.
¡Qué de nuevo
la vida brote!.
¡Qué nos redima
de este infierno!.
Dorita.
En la niñez,
nada sabía
de las alabanzas hacia ellos,
mis doradas flores
los lirios.
Ansiaba la llegada
de la temprana primavera.
La pasión por las rosas
fue innata y fue adquirida.
Dorita.
Largas se hacen las horas
detrás de que el sol se pone.
Los días crecen;
cuando comenzábamos a soñar
con la primavera,
apareció
un invierno tenebroso.
Con su blanca sábana,
con su corazón de hierro,
nos hizo de un plumazo aterrizar.
Algunos ingenuos creíamos
que el rígido y gélido general,
este año,
no se acercaría.
Dorita.
¡Me disteis una infancia
tan pura,
tan verdadera!;
lo que vieron mis ojos,
después,
fuegos artificiales.
Dorita.
En mi soledad
encontré
destellos
de la Gran Verdad;
me va la marcha,
sigo filtrando
con el ruido.
Dorita.
No fueron por gusto
a sufrir daños y agravios.
Fue la fuerza del destino.
Lo que en principio parecía
el mayor de los desastres,
ver cómo la Patria
ante un enemigo
envalentonado sucumbía;
entre los agredidos,
el buen juicio y la certeza
de que lo imposible
en posible tornarse podía,
hacer palpitar a los corazones amigos
lograron.
Uniéndose al deseo
de ayudar al masacrado,
el de no permitir
otras nuevas invasiones del enemigo,
fue
un solo sentir calando.
Apoyo y ayuda
a quienes la contienda no buscaron.
El peligro
arde latente en cada esquina.
La persistencia,
el querer,
la fe,
arropan a la resistencia amiga.
No luchan
solo por su Patria,
luchan por tí,
por mí,
por vivir con dignidad
en libertad.
Dorita.
El no querer acercarse
a los excrementos depositados
impide
el que puedan ser limpiados.
Dorita.
Ahora que va llegando
esa edad
que llaman de júbilo,
la de irse jubilando;
pues
me vuelvo más activa,
contemplando con simpatía
como me entrego
al trabajo.
Como al final de un gran plato,
degusto con deleite,
con placer.
Me cuesta pensar
que va llegando,
sino el final,
el tiempo de ir aceptando.
el gran cambio
Dorita.
¿Y esa canción
que tomando posesión,
mejor protagonismo,
en la mente,
de dónde viene,
que pretende,
porqué lo hace?.
La mente,
con mi autorización,
coge el lapicero.
Estampa lo que quiere,
cuando quiere,
como quiere.
Dorita.
Copa frágil,
pura y transparente,
atravesada
por el rayo que no cesa
deja ver
la inmensidad
de la existencia.
Dorita.
El hombre
ha de medir sus palabras.
Algunas hieren,
otras
podrían usarse
destruyendo a quien las dice.
Dorita.
No pocas veces los ángeles
descienden al infierno,
sacando a muchos
del fuego eterno.
Dorita.
Empecinado en sufrir
por lo que no tuvo.
Burbuja,
ilusión.
Envuelto
en insatisfacción.
Tras lo que nunca existió,
tras lo que no existirá.
Dejando de vivir
lo que es,
lo que siempre
será.
Dorita.
A la gran soledad
la tengo respeto.
No miedo,
eso sí que no.
Lo mejor,
absolutamente todo lo mejor,
ella me lo entrego
sin condiciones;
también
el mayor de los sufrimientos.
El papel,
el boli negro,
tabla de salvación.
Puedo ir a mil sitios,
disfrutar de los árboles,
de la hierba,
de los colores del cielo.
Escribir
es el barro
con el que Jesús cura la ceguera.
Dorita.
No se pierden.
No se a donde van.
Solo sé
que no se pierden.
Tampoco
nuestras imágenes,
nuestros fotogramas.
Quiero
elegirlas bien.
Que creen belleza,
que arranquen canciones
cargadas de ilusiones.
Que alegren las vidas.
Que, risueñas,
bailén con el viento.
Que sean árbol,
agua,
mariposa y caracol.
Dorita.
Soñé
con ella.
La ofrecía
bellos vestidos,
colgados en perchas
dentro de una ducha.
Se los probaba.
Esplendida.
Inquieta,
ella estaba mojada.
Se me acercó
con su propia ropa.
Limpia, brillante,
preciosa.
Dorita.
Sobrevivir
en ciertos ambientes,
se me antoja
no muy diferente
a vivir en un manicomio.
Dorita.
Por mucho que quiera
achicarse,
la tormenta
es de tal magnitud
que el agua
se sale de sus naturales
cauces.
Dorita.
Aquel que se arriesga
a vivir
conforme a lo que siente,
de acuerdo con sus principios
provoca
asombro y repulsa.
Se suele resolver
tachandole de loco.
Son muchos
los que coincidiendo en el diagnóstico
hablan.
Su terreno vital
movidizo .
Si hay persistencia
en vivir su verdad,
sentenciado a mal vivir.
Socialmente eliminado.
Dorita.
Por mucho que ....
quiera acallarse,
la tormenta está siendo
de tal calibre
que el agua
se sale de sus cauces.
Dorita.
Tu traición
ha tenido repercusión.
Antes,
aún sabiendo
que no era de tu agrado,
ponía atención
en las señales de tu perro.
Pasa demasiado tiempo solo.
Miradas
tras los cristales.
Se sorprendía.
A pesar de la cercanía
no podía correr hacía mí.
Miraba
hacia abajo.
El cuarto piso
da vértigo.
Golpeaba el cristal.
El barrido emocional
provocado
por tu comportamiento
paralizó
mis sentimientos hacia ti
y a todo lo relacionado contigo.
Un perdón sincero
rompería
las distancias.
Tu empecinamiento,
lo empeora.
Cuando la mentira
es tan repugnantemente
mentirosa
que pretendiendo
nublar las mentes,
logra llevar a un país
a la esquizofrenia.
Cuando
ni la propia mentira
se pone límites,
siquiera por pudor
o mejor por temor
a ser tarde o temprano
descuartizada,
ocurre
lo que está ocurriendo
en nuestra querida España.
De tanto barato
surrealismo,
ni jóvenes,
ni niños,
ni mayores,
se pueden explicar
como se ha llegado
a esta terrorífica
locura colectiva.
Dorita.
Mirá que me dije:
¡Qué relación tan limpia
la de este grupo
con el que tomo café!.
Diferentes culturas,
visiones,
edades;
nos une el respeto,
las ganas de vivir,
las de reírnos de nuestras propias
torpezas.
¡Qué bello!.
¡Está durando!.
Ya se encargó la serpiente
de susurrarle a Eva
lo que tenía que hacer!.
Dorita.
La Gran Belleza
sale a nuestro encuentro.
Solo
con poner un pie en la calle
hay que esforzarse
para no pisar
la margarita.
El gorrión,
perdiendo el miedo,
picotea un trozo de pan.
La Gran Belleza
insiste en ser contemplada.
Tú y yo erre que erre,
con los fuegos artificiales
baratos,
de feria,
de nuestra loca de la casa particular.
Dorita.
Uno se vuelve loco
cuando...
comienza
a entenderlo todo;
a tal velocidad
que ni el soporte
del cuerpo y el cerebro
lo resisten,
terminan pulverizados.
Dorita.
Santo Tomás
tuvo que ver
para creer.
Nosotros
lo estamos viendo,
llega galopando
y no lo queremos creer.
Dorita.
No sé porque
es ahora
cuando a todas las horas
te dejas ver.
A que viene ese...
"te has cortado el pelo"...
mirá yo también.
Si da igual.
Sí,
puedo perdonar
setenta veces siete.
Pero ya.....
tú....me vas a ningunear.
Dorita.
Aunque parezca mentira,
llegarán
los largos días.
Florecerán los espinos.
Ya no será nieve
lo que vean tus ojos
sobre el ramaje.
Por envidia,
no,no,
por esa ley infalible de la vida,
los seguirán los ciruelos,
los perales.
Más tardíos,
los manzanos.
Pero vamos,
no fallarán.
Hoy ,
puede parecer mentira
pero....
las cerezas deleitarán
a los pájaros
y no solo a ellos.
La gente
se moverá inquieta
esperando los viernes
para candajear por...
donde en invierno nadie lo hace.
Llegará
la fruta prohibida.
Entre ellas proclamaron una reina...
la Reineta.
Alegremos el ánimo.
"Siempre que ha llovido
ha escampado".
Dorita.
Cuando el calor arrecia,
la visión
de la ropa de abrigo
me molesta.
Miro con desdén
a los borreguitos
de antaño.
Diógenes;
hoy ,
el frío arrecia,
la nieve
nos sorprende con su presencia.
Agradezco a las merinas,
sacrificadas,
el abrazo de su piel
sobre la mía.
Dorita.
Probar.
Arriesgar.
Gran belleza
en el calor seguro
de la lumbre que no se apaga,
sigue ardiendo desde la infancia.
Aquellas otras velas
que tampoco se extinguen
porque...
no faltan ángeles
que renuevan el aceite.
A pecho descubierto
a estas alturas del cuento,
puñalada trapera en ocasiones.
Vuelta al calor de los leños.
A las velas crepitantes.
La herida curada.
Salida,de nuevo,
a la intemperie.
Dorita.
Al entrar,
ellas miraron
para otra parte.
La nueva se acercó.
Contenta
con los abrigos,
pantalones y camisas.
Feliz
hasta con las perchas.
Se dirigió,
con emoción,
a quien no quería escuchar.
Encantada
con el solo pensamiento
de la alegría
en los ojos del viejo.
Aterrizaron los de ella
en los míos.
Abrazo.
Difícil maridaje.
Despellejar al vecindario
dedicándose a la caridad.
Salvar la quinta esencia
de la mujer,
denigrádola al tiempo.
Derretirse con los derechos del animal,
intentando variar
las leyes de la naturaleza.
Defender el monte,
sin hacer cortafuegos.
Siempre quedará
el jardín de las delicias,
refugio antinuclear.
Al pueblo solo lo salva el pueblo.
Santo y seña.
¿Dónde está ese pueblo?.
¿Cuál de los despoblados?.
Dorita.
Misteriosamente,
la eterna vida
gusta de cantar
aunque yo no quiera.
Escuchando cosas,
que rompen mis verdades,
mi alma oscurece.
Creo que pretenden
rasgar todo aquello
que con tanto esfuerzo
me ha ido articulando.
Uniendo las piezas,
logré la pericia
de vivir en calma;
así,
de un plumazo,
la asombrosa vida
me planta en el cielo
la gran belleza,
la impalpable.
Dorita.
La imaginación
calenturienta,
de ciertas personas desocupadas,
no sólo provocan problemas
sino en ocasiones,
catástrofes en cadena.
Esta imaginación desbocada,
"la loca de la casa",
para reafirmarse
en sus irreales creaciones
suele gustar
de hacerse notar.
Busca compañía
con quien compartir,
con quien regodearse
con sus extravagancias.
Las nuevas
en la película
no quieren quedarse atrás,
antes bien
buscan y rebuscan
la manera de deslumbrar.
Este sin sentido
parece no tener fin.
Dorita.
En boca de todos....
el frío.
¡Ay Dios mío!.
¡Qué aspavientos
por cuatro días con nieve!.
Hace menos
de cuarenta años,
nos llegaba por los Santos;
se iba
por Pascua Florida.
Por San Isidro,
también se la solía ver.
Nos asustamos de todo.
Nos responsabilizamos de casi nada.
Dorita.
Salir de casa,
temeridad;
dulce el susurro de los árboles
al ser balanceados
por el viento.
Sinuosas imágenes,
distorsiones
de las gotas de agua
sobre el cristal.
La Peña,
la Peña pillada por la niebla.
Alejándose.
Marcando las distancias.
Haciéndose la interesante,
rodeada de misterio.
Dorita.
Los mirlos,
gorriones y zarzales
nada temen.
Sobre las ramas
de los árboles del parque,
nos divierten
con sus canciones.
¿Porqué ha de espantarse
el hombre a la vida?.
Es la misma
que alimenta a la hierba y a los árboles
y alienta a los peces
que por el mar
sus viajes realizan.
Dorita.
Los troncos
más retorcidos
también ofrecen
bellas flores en primavera.
Los corazones
más duros
tiemblan y se resquebrajan
ante el amor.
Dorita.
La vida se reivindica
con tanta elegancia
que gente soez
engendra criaturas
llenas de dulzura y delicadeza.
Dorita.
Por el más alto
ajimez de la casona,
un fantasma,
que decidió quedarse,
contempla consternado
la rápida evolución
de la vida.
Poco a poco,
se va dejando ir.
Espera que lo que fue su hogar
vaya quedando sepultado.
Cuando la última piedra caiga
él se irá.
Dorita.
La hiedra se alza
vigorosa y lozana
amortajado
el viejo caserón abandonado.
Morada
que en su día acogiera
risas,amor,
delicados trabajos sobre bastidor;
hoy va quedando sepultada
por la imperiosa fuerza
de la vida.
Dorita.
¿Quién no quisiera volar?.
Elevarse.
Sentir las caricias del viento.
Transformarse en acróbata.
El calor de las estrellas.
La Tierra se hace pantanosa.
Necesito alas,
no sólo por placer.
Necesito alas
para seguir viviendo
en la Tierra.
Dorita.
Espejo.
La bondad salta;
la chispa de maldad
imposible de enmascarar.
Alguien
más áspero que la lija,
más seco que las hojas resquebrajadas
en un otoño sin lluvia,
solo una mirada
descubre su bello alma.
Hay lisonjeros,
aduladores, dicharacheros;
su turbio mirar
avisa del peligro
de entablar amistad.
Dorita.
Tu saludo ceremonioso,
tu sonrisa indescriptible,
Solo han logrado
enfurecer a mi corazón;
creí tenerlo
sosegado e imperturbable.
Dorita.
Cuando la nieve
llama a las puertas
de un finalizando Enero,
El Sol la dice:
"quién fue a Sevilla,
perdió la silla".
Dorita.
Cuando el frío
por fin
se decide a llegar
al terminar Enero,
el Sol le dice:
" No te dejaré
quedarte mucho
compañero".
Dorita.
Los pájaros
siguen cantando
en los árboles del parque,
disfrutando
de un invierno envidiable.
El Sol
no está calentando
como cualquier Enero;
trabaja más que en Febrero.
Los chopos,
algunos andan desnudos,
otros se están desnudando,
a los dorados
se les nota encantados.
Las palomas
asustadas,
en el tendido eléctrico
los azores oteando.
Las Bougainvilleas
con su rojo carmesí
la envidia del vecindario.
Dorita.
Nuestra amistad
no está escrita,
no hay un contrato
firmado;
puedes estar
bien segura,
siempre estaré
a tu lado.
Dorita.
No por echar
toda clase de excrementos
sobre la verdad,
esta se descompone.
No.
La verdad
sigue impecable.
Ni se mancha,
ni se corrompe.
Dorita.
Cuanta energía gastada
en conquistar
el espacio;
cuanta desperdiciada
en luchar
contra el hermano.
Dorita.
Testigo es la luna
de la sangre derramada.
En la oscuridad de la noche
cuando los árboles callan,
la luna cierra sus párpados.
No soporta ver los ojos
entre la sangre clavados.
Como en esa haciaga tarde
cuando el toro
tiende al torero sobre la arena,
anda la Luna asustada.
El viento pasa su áspera lengua
como navaja afilada.
La nieve cubre los cuerpos
con una sábana helada.
La noche se hace larga,
sueña con la vida
porque la muerte la espanta.
Lo diferente del caso
es que el toro no es un toro,
es un ejército de hombres.
En este circo,
no mueren el animal o el hombre.
Los que mueren
son jóvenes.
quienes jamás eligieron
participar
en este siniestro juego.
Dorita.
Mi prolongada soledad,
a base de tiempo y cansancio,
ha llegado
a saborearse.
Sentirse bien
con ella misma.
Después de mirar
a otro lado,
se ha vuelto
y se ha encontrado
directamente en sus ojos.
Dorita.
Entre tantas catástrofes,
guerras y males diversos
solo queda
alzar el vuelo.
No precisamente morirse.
Llegará el momento
del encuentro,
con todos los que nos precedieron.
Tras su partida,
quedamos tan desangelados
que en nuestro pensamiento
andan presentes
más que antes.
No hablo de eso.
Hablo de....
estando aquí en la Tierra,
gozar del cielo.
Dejarse arropar
por todos aquellos que,
visibles o invisibles,
nos sostienen.
Junto a ellos,
continuar viviendo
en la alegría de lo eterno.
Dorita.
Bienaventurados los que
a pesar del ruido,
del odio,
de las ofensas sufridas
mantienen la paz
en su corazón.
Bienaventurados
los que pudiendo
escaquearse del trabajo,
siguen haciéndolo.
Se saben dignificados por él.
Bienaventurados
los que protegen los árboles
y limpian de plásticos las playas.
Han comprendido
que todos somos uno
y que la belleza
hace al corazón bailar.
Bienaventurados
los que dan, con una sonrisa,
los buenos días
sin esperar respuesta.
Bienaventurados
los que miran al cielo
disfrutando de los colores.
Fueron puestos allí
para eso.
Bienaventurados
los que viven sin más
como los pájaros o las mariposas.
La vida les irá dando
todo lo que necesiten.
Bienaventurados
los que miran directamente a los ojos.
Allí,
se encontrarán
con ellos mismos.
Dorita.
Diminuta ninfa,
al ver la luz,
cruelmente
de la vida arrebatada.
Flor que,
sin llegar a contemplar tu hermosura,
fuiste
brutalmente cortada.
Ángel de Amor
a quien no se le permitió
expresarse.
Dulce blancura
teñida
de un rojo agonizante.
Incomprensible
tanta barbarie.
Dorita.
Al encontrarte con alguien
con quien compartes
los más bellos pensamientos,
las noches más oscuras.
Le comprendes y te entiende
con una sola
rápida y fugaz mirada.
Te asalta la alegría y la tristeza.
Alegría de sentirte
en este viaje acompañada.
La tristeza
de no haber coincidido
en el tiempo y el espacio.
Es como si la vida
te dijera:
"es posible, aquí lo tienes
pero no fue destinado a tu existencia".
Perteneces
a una raza diferente
que ha de vivir en solitario.
Que en esa soledad,
ha de hallar
su verdadera esencia.
Ni en el teleclub,
ni en la taberna.
En mi pueblo,
no se hablaba de política.
Regla no escrita.
Por todos sabida.
Solo mi abuela,
en el silencio de la noche,
solía lamentarse:
"pobre Francisquín",
el último día de la guerra,
una bala perdida
le atravesó los sesos.
También oí,
en algún descuido,
que el cura de Hozabejas
pasó la guerra en las "Peñas Coloradas".
Todo el mundo le subía comida,
se salvó por los pelos.
Otro día,
al subir al pallo,
donde mi madre y mi abuela
estaban haciendo morcillas,
oí como se estaban lamentando.
por un familiar maestro
obligado a pasar el río helado.
Sus piernas se volvieron moradas,
murió.
Al sentirme,
silencio sepulcral.
El que sí hablaba de política
era el seños Fabián.
Un malas pulgas
pero muy bueno.
Me daba dos reales
por ir a por celtas o picadura.
El pueblo le tenía controlado.
Nadie entraba en sus soliloquios
de amargura política.
Abandonaba la taberna
despotricando
contra todo y contra todos.
Dorita.
Fiel amiga la luna.
Ahí está,
bien clavadita en el cielo.
Nunca me abandona.
De vez en cuando,
se marcha de visita a otros mundos;
siempre vuelve.
Dorita.
Como los llantos del cielo
ablandan las rocas,
las resquebrajan,
haciendo posible la vida,
así
las oraciones,
las plegarias de los hombres,
enternecen a Dios.
Todo lo imposible
se hará posible
ante nuestros ojos.
Dorita.
¡Se está haciendo
tan largo el parto!.
Esperemos que la madre
no muera desangrada
al alumbrar.
Dorita.
¿Quién me puede decir
como domesticar
al lobo sediento de sangre,
que tras degollar corderos
no se retira saciado
sino que vuelve al rebaño
y sigue matando carneros
dejando un panorama
de muerte y desolación?.
Si alguien lo sabe
que nos haga participes
de su resolución.
Dorita.
¿Porqué la Saeta
trazó aquel destino?.
¿Porqué logró
que dos vidas
se encontrarán,
se enlazaran,
andando juntas un camino?.
¿Fue el viento,
o tal vez la brisa o el Sol
quienes lograron
la complicidad de sus miradas
sostenidas?.
Todo un misterio el amor
como lo es
la propia vida?.
Dorita.
Una fuerza,
sobrehumana,
hizo temblar al viento
removiendo las bisagras
de las puertas y ventanas.
Rumores extraños presagiaban
una gran tormenta.
Los corazones
latían con violencia.
Pobres gentes,
lo imposible de creer
se tornó en realidad.
Los estremecimientos,
Suspiros y angustia,
fueron dando paso
a la Unión,
al comienzo de la lucha.
Para los pálidos y aterrados cuerpos
solo quedaba la acción.
En contra del inframundo
en el que han sido metidos.
Dorita.
Te fuiste.
No sé a donde.
Dejaste entre nosotros:
el sabor de las cerezas,
el sacrificio obligado,
tu infancia nunca vivida,
el olor a jazmines y rosas
de nuestros hermanos perdidos.
Nos regalaste:
la devoción
por los robles,las encinas,los nogales.
El sabor a sopas de ajo
y el asado de conejo
con tomillo y con orégano.
El chocolate la mañana de Reyes
y las torrijas por Pascua.
Al irte,
la responsabilidad quedó
sobre mi piel de por vida.
El sabor de la familia,
la aceptación,
la admiración,
a los diferentes,
el mejor de los regalos.
Encontrando en todos ellos
el ecosistema más bello.
La veneración al anciano
y al menos capacitado
llegó
de la inmensa sabiduría
de tus palabras.
Dorita.
La "ciudad sin miedo"
anda clavada en el mapa.
Se encuentra libre de miedo
porque ya no teme nada.
Ha sufrido lo indecible.
De lo que venga no está libre.
Ciudad con alma
que al mirar a lo alto
ha visto
entre las nubes
este mensaje escrito:
"Quien no tiene miedo
es libre,
que espere
su merecida victoria".
Entre bombas e ignomínias
anda la ciudad alegre.
Dorita.
En el cielo,
apareció la luna
con anillo iridiscente.
¡Cómo se engalanó
la luna
en espera de los Magos!.
Más bella
que cualquier estrella.
Se diría que la luna
anda con cierta pelusa
de la estrella de Belén.
Dorita.
Cuando todo
parecía perdido,
alcé los ojos al cielo.
La estrella que guió
a los Reyes Magos estaba allí,
esperando por mí.
Dorita.
A su puerta llegó
un alguien
pidiendo
un trozo de pan,
para seguir su camino,
para su hambre saciar.
Su ropa
andrajosa,
su pelo
despeinado;
en sus ojos un brillo
extraño.
Tras el primer bocado
sonrisa angelical.
A quien abrió la puerta,
su corazón
comenzó a palpitar.
Dorita.
En las tristes miradas
de los que vieron
lo que nunca debieron ver
se esconde la esperanza
de ver
más allá de lo que se ve
en cualquier lugar
donde uno esté.
Dorita.
Algunos niños
solo sueñan
con un día reencontrar
a los compañeros de viaje
del ayer.
Dorita.
Algunas tristes miradas
de algunos ojos tristes
solo quisieran ver
aquellos muñecos del ayer.
Dorita.
Quisiera tener
la ligereza del viento,
tenderme sobre los hilos
por las arañas tejidos.
Allí,
al amparo de todo lo creado,
abandonarme a la vida
sintiendo su alegría.
Dorita.
Los pajaritos del parque
no han parado de cantar,
esperan a los Reyes Magos
algo bueno los traerán.
Dorita.
Ser poeta,
en otros tiempos,
fue un honor.
Más hoy,
poeta es todo el mundo.
En un solo segundo,
enganchado al internet
escribes una ocurrencia
y esta recorre el mundo.
A muchos les hace gracia
y la colocan un like.
En nuestro gran universo,
ha quedado consagrado
otro gran poeta.
Dorita.
No aspira
a penetrar en los secretos
de la fuente Sagrada,
a descifrar
el misterioso lenguaje
de las abejas,
a domesticar serpientes,
a que las nubes,
obedeciendo sus órdenes,
hagan que la lluvia
caiga sobre la tierra
amamantando la verde hierba.
Solo quiere
cohabitar con sus silencios.
Dorita.
Todos queremos
que alguien nos diga
donde se encuentra la montaña.
Montaña poseedora de cueva.
Cueva en la que vive un alguien
que nos dé el remedio,
los remedios,
para todos nuestros males.
Nadie quiere oír
que todos los remedios
habitan
en nosotros mismos.
Dorita.
No vino de lejos.
Ni de un desconocido,
ni lo desconocido.
Llegó
del hermano.
Sangre de la misma sangre,
por los mismos pechos alimentado.
Dorita.
En la habitación,
sobre la mesa,
dos peluches,
una muñeca.
La niña lloró.
¡A estos no los conozco yo!.
Dorita.
Se quedaron.
Centinelas del lugar.
Seguros de que los que se fueron
volverán.
Esperando están
la mística emoción
del reencuentro.
Dorita.
¿A dónde irán los juguetes
de los niños que dejaron
sus casas abandonadas?.
Andan sufriendo de frío
entre los cristales rotos,
entre la gélida nieve,
entre miradas perdidas,
entre silencios callados.
Dorita.
No hay juego
más divertido
que cogiendo un lapicero
sobre una hoja en blanco
ir escribiendo palabras.
Van llegando por encanto.
Al contemplar la grandeza
de sentirse inmortalizadas,
van llamando a compañeras
que se acercan encantadas
a agarrarlas de su mano.
Se ha formado una fiesta.
Alboroto, algarabía
y muchísima alegría.
Alguna,
al no ser escogida,
se enfada.
El lápiz se siente agobiado,
coloca el punto final
y se marcha a descansar.
Dorita.
Si no ha de ser
lo que esperas,
déjale ir por la vereda.
Ha pasado el tiempo.
Si no ha comprendido
que por encima
del sonar de las monedas
hay un azul eterno,
un sol radiante,
unos pájaros
que nos deleitan con sus trinos.
No insistas.
Perder el tiempo.
No basta el cariño,
el amor,
la entrega.
Todo ha de ser entendido
y
correspondido.
Dorita.
Nos dijeron:
"Llega el lobo".
Abrimos las ventanas,
no le vimos.
Pensamos que era un engaño.
El lobo,ya, ni existía entre nosotros.
Solo atacaba
en tiempos pasados
a gente y animales indefensos.
Aquello no iba con nosotros.
No fue así.
El lobo ha llegado
causando el pánico.
Pastores
desolados.
Familias
aterrorizadas.
Desolación,
tristeza.
Dorita.
Ese que nadie ve.
No el de comprar
nuestro pan de cada día.
El que mueve el mundo.
El que tumba y levanta imperios.
El que pone y quita Reyes.
Ante el que casi todos
se arrodillan.
Ese dinero,
monstruo empoderado,
vanidoso y cobarde,
hace temblar al humilde,
corroe al inocente
que cayendo en su tela
no logra salir de ella.
Dorita.
"Quien tuvo retuvo".
Tú,
mi querida España.
La más grande entre las grandes,
hacedora
de héroes y santos.
Lugar de ensueños,
llena de vida y de encantó.
¡"Dónde el empuje,
dónde el coraje"!.
¿Dónde los hijos de los hombres
que tras guerras y desgracias
lograron vivir en Paz,
vivir en hermandad?.
Dorita.
¿Dónde te escondes?.
Por mucho que te busco
no te hallo.
Sé de las bondades
de tu encuentro.
Por tantos exaltadas,
no pocas veces
por mí constatadas.
Mi lengua,
cuando quiere,
se desata.
En el momento
en el que libre me arrastra,
ya presiento
las contrariedades,
los disgustos,
en los que por ella me veré envuelta.
Daño que me causará
por haberla permitido
salir de su celda.
Ven a mí silencio,
no te separes de mí lado.
No hay mejor palabra
que la callada.
Cuántas veces
las más puras,
las más francas,
son obtusamente interpretadas.
Dorita.
Entre la nieve
se alza una rosa,
implorando a la Virgen
por la Paz.
La Paz
Hermosa.
Dorita.