Testigo es la luna
de la sangre derramada.
En la oscuridad de la noche
cuando los árboles callan,
la luna cierra sus párpados.
No soporta ver los ojos
entre la sangre clavados.
Como en esa haciaga tarde
cuando el toro
tiende al torero sobre la arena,
anda la Luna asustada.
El viento pasa su áspera lengua
como navaja afilada.
La nieve cubre los cuerpos
con una sábana helada.
La noche se hace larga,
sueña con la vida
porque la muerte la espanta.
Lo diferente del caso
es que el toro no es un toro,
es un ejército de hombres.
En este circo,
no mueren el animal o el hombre.
Los que mueren
son jóvenes.
quienes jamás eligieron
participar
en este siniestro juego.
Dorita.
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