Un beso de amor para tí,
Año Nuevo.
Siéntete amado.
Te ofrezco
las granadas de Granada.
La Catedral de Burgos.
Las cerezas de Caderechas.
Te doy
lo que tengo.
Te pido
la Paz.
Dorita.
Un beso de amor para tí,
Año Nuevo.
Siéntete amado.
Te ofrezco
las granadas de Granada.
La Catedral de Burgos.
Las cerezas de Caderechas.
Te doy
lo que tengo.
Te pido
la Paz.
Dorita.
No sé si mejor;
sí muy diferente.
Los rayos del Sol
se esconden temprano.
Cuando la luna
se asoma,
las sombras de la noche
no son tan alargadas.
Los recuerdos llegan apresurados,
se agolpan.
Muestran
el valor de lo perdido.
Joyas,
que entre los trajines
de la vida compartida,
pasaron desapercibidas.
Cuando la vida se hace densa,
cuando contemplo
la ligereza en el vivir,
aparece ante mis ojos
la grandeza de esas vidas.
Capaces de hacer del trabajo,
del sacrificio y la entrega,
la razón de su existencia.
Dorita.
Certezas,
como en junio cerezas.
Vendidas
por pastizal.
Humo
que se lleva
el viento otoñal.
Dorita.
No me infravalores,
soy lúcida.
No me apabulles,
soy lúcida.
No te deshagas en explicaciones.
" Explicación no pedida,
acusación manifiesta".
Soy lúcida.
No digas
lo que me viene bien.
Soy lúcida.
Entérate,
no sé lo que les ocurre
a los otros,
intuyó lo mismo que a mí.
Soy lúcida.
Dorita.
Siempre en movimiento,
inspira
los más bellos pensamientos.
Lleva tatuado,
sobre su espalda,
el sacrificio,
el valor,
el coraje.
Gloria y belleza.
No por amargo
deja de curar heridas.
En su seno,
yacen gozosas las estrellas.
Bendecido,
acariciando a Jesús los pies,
quedó.
Dorita.
Gustan los niños hacer,
en las monótonas tardes
de diciembre,
sus aviones de papel.
Estudiadas aeronaves
que las expertas manos
hacen volar,
con precisión,
donde quieren.
Mis ojos se agrandan
contemplando la pericia
de estos alumnos que buscan
entre derivadas e integrales
un poco de diversión.
Cuando enfadada
pretendo parar la guerra,
es cuando los más pequeños
entusiasmados
lanzan pinturas y lapiceros.
Dorita.
Sobre la plaza,
el toro bravo
todo entero rejoneado
anda esperando
la muerte.
Quien paseara elegante
por la estepa castellana,
donde las regias encinas
de valentía y coraje
hacen alarde;
¿será esta tarde indultado?.
¡Ay Tierrita mía!,
no te restregues sobre la arena,
no retrocedas,
busca la muleta
con determinación y carácter.
Dorita.
La tristeza,
que nos impregna,
pasará.
Cicatriz del dolor
sobre nuestro corazón.
Las encinas
no mueren tras las heladas;
los surcos de las heridas
dibujan un mapa
testigo de lo acontecido.
Con fortaleza,
con serenidad,
daremos frutos.
Construiremos
sólidos ecosistemas,
perdurarán sobre la faz de la Tierra
por años sin término.
Dorita.
Las flores
mimetizan con la tragedia
que nos azota.
La tarde llora.
Los árboles
impávidos la contemplan.
Mi corazón
ansioso de que la roja nieve
deje a la sepulcral
enterrar a sus muertos.
Que la angustia
se deshaga sobre los campos.
Que resurja la ilusión
ante el estallido
de los cerezos florecidos.
Dorita.
El último día,
de la guerra,
una bala perdida
atravesó los sesos
de mi tío Francisco.
No logró,
mi abuela,
sacarse la espina
Durante los siguientes 50 años.
Hay países
que vivirán dolientes
por días sin término.
¿Qué han hecho
los inocentes
para sufrir los desvaríos
de los poderosos?.
Dorita.
Mis abuelos
no vieron el mar.
Bueno,
mi abuelo paterno
tuvo que ir a él
para curarse de una enfermedad.
Yo me enamoré.
Flechazo.
Aquí vivo,
junto a él.
Dorita.
Cualquiera diría,
los campos cubiertos de nieve.
La gente en sus casas
viendo tras los cristales
el azote del viento,
cargado de grises
dejándolos aterrizar
aquí y allá.
Cualquiera diría que un día,
como por encanto,
el verde trepidante
lo colonizará todo.
Los trigales asomarán
sus cabecitas,
anunciando
el pan nuestro de cada día.
¿Qué misterioso empuje
los obliga
a extender sus brazos,
a ofrecerse,
a inmolarse,
para que la humanidad
continúe viviendo?.
Dorita.
Os toca
un trabajo arduo,
sacar fuerzas de flaqueza;
A pesar del largo viaje
y el cansancio acumulado,
encontrad la divina estrella
que os guíe bien este año.
Como hicisteis con Herodes,
viajad
por nuevos caminos
para encontrar a los niños
que nacen entre las bombas,
entre los cristales rotos
de las casas derruidas.
Con frío y sin pañales.
Derramad
toda la gracia
de nuestro niño chiquito
nacido en un establo.
Que termine con la guerra,
que pare el llanto,
que los soldados
no sean crucificados.
Dorita.
Todas las ínfulas
de los poderosos
desembocan
en miseria,
dolor y lágrimas
de los inocentes.
Dorita.
No sé
donde en mi cerebro
se esconden.
No dan guerra.
Viven agazapados.
Siempre prestos
al toque de campana,
al semáforo en verde.
Una imagen.
Un sonido.
Una palabra.
El + ágil
toma la delantera.
No abandona la hebra
hasta dejar constancia
de su existencia.
Dorita.
Yo quiero, esta noche,
saber de tu esencia.
Sondear tu alma.
Acariciar tu mirada.
¡Entre tu pueblo y el mío
hay tanta distancia!.
¡Dejaste,en mí,
tan profunda huella!.
Por tu aroma
a jazmín y rosas
quedó mi vida empapada.
Como pájaro,
como mariposa.
Anhelo verte,
abrazarte,
respirar tus mejillas,
degustar tu esencia.
Dorita.
¿Porqué vivir mal
si se puede vivir bien?.
Nosotros los hombres
erre que erre.
¿Porqué vivir bien
si podemos vivir mal?.
Los errores,
los sinsabores,
no dan derecho a alentar
la destrucción.
Gran sinrazón.
Dorita.
Tan cercanas,
en el tiempo,
las tristes,
escalofriantes vivencias
en Kosovo y Serbia;
Huyendo de tentaciones
ofrecidas
por oscuras intenciones,
abracemos negociaciones;
Evitemos
con uñas y dientes
caer en el pozo oscuro y negro
de la guerra.
Dorita.
Castilla austera,
no triste.
Los pájaros se esconden
entre las hojas
ajadas y secas.
Se camuflan
entre los pardos colores.
La estepa
se extiende ocre.
El muérdago sobre las ramas
intensifica
el sabor de la Navidad.
Canto a la vida.
Triunfo.
Resurrección.
Invitando
al encuentro y a la Paz.
Se multiplica
rodeando a San Pedro de Cardeña.
Allí,
la Alegría y la Paz
brotan
como el agua
donde los patos han decidido quedarse.
Donde los campos
siguen dando la bienvenida
al visitante.
No importa ni la edad,
ni el sexo,
ni la nacionalidad.
Acogida eterna
en lo que es ,
ha sido y será
Castilla.
Dorita.
Los corazones
cristales rotos.
Las casas
en llamas.
Las escuelas
sollozando.
La alegría
derramada al mar.
Dorita.
¿Quién limpiará
las manchas
de los corazones
mancillados?.
¿Quién quitará
de los ojos
los horrores
contemplados?.
¿Quién devolverá
maridos,
novios,
recién nacidos?.
¿Quién logrará
entrar en razón
a un mundo
que perdiendo la cordura
vive atormentado?.
Dorita.
De sentirse bien,
esta Navidad.
¿Qué celebramos?.
Se adelantó
la Semana Santa.
Crucificados
a miles.
Ignominia
con nuestros ángeles.
Espadas
atravesando los corazones
al pie de las cruces.
Dorita.
No quieren saber
de movilizaciones,
de guerra,
de madres sollozando,
de indebidas obligaciones,
de traiciones,
de monedas de cambio.
No hay ignominia mayor
que la crueldad
con los pequeños.
No nacieron
para ello.
No nacieron
para que los mayores
les arruinen
infancia e ilusión.
Dorita.
Aún quedan
en los árboles.
Las golden.
Pequeñas bolitas colgando
en desangelados querubines.
Llevan días llamándome.
Deseando corresponder.
Todo andará
pardo y tristón;
Esas frutas saben
a sacrificio y dolor,
a ilusiones y desengaños.
A vida,
a hijos,
al aroma
de lo que fueron y soy.
Dorita.
Si sopla,
si silba de forma arrebatadora,
roba los pensamientos.
Nadie sabe a dónde van.
La mente
queda barrida.
El corazón en un puño.
Te enfrenta
a tu lado oscuro.
Si pasa rápido
nuevas ideas toman posesión,
se asientan.
Si se enseñorea
surgen
de las profundidades abisales
criaturas de todo pelaje.
La lucha,
por la supervivencia,
atroz.
Dorita.
En no pocas ocasiones
se ve venir.
Soy yo
quien no quise hacer
caso de los indicios.
Ante ciertos gestos,
desplantes,
miradas huidizas,
la relación solo puede ir a peor.
La retirada
no es cobardía.
La retirada
evitarse
disgustos y sinsabores.
Dorita.
No es que te expulse
de mi vida,
no es eso.
Prefiero
ni mirarte siquiera al pasar,
como si jamás
te hubiese conocido,
a seguir preguntándome
el porqué.
Después de mucho pensado,
después de todo escudriñado.....
pero si nunca hubo
relación estrecha.
No puede haber desencanto
cuando nunca hubo encanto.
No hay un porque.
Un hacer daño gratuito.
No deseo ningún mal;
al contrario todo el bien.
Mi campo de visión
no alcanzará ,ya,su figura.
Dorita.
Todos volvemos,
por Navidad,
a casa.
Imperiosa necesidad
de no abandonarse a la derrota,
al pesimismo.
El frío nocturno
invita a quedarse,
a unirse,
a perdonar,
a olvidar.
Más este Año.
Sin darnos cuenta,
casi sin enterarnos,
se nos cayó
el cielo con la luna y las estrellas.
Desde entonces,
vivimos estrellados.
Dorita.
En las noches,sin luna,
del invierno que recién se estrena
se ven en el cielo luceros.
Las almas de los inocentes
arrebatadas a sus madres sin duelo.
Los luceros son niños
que desde lo alto
van cantando canciones
al niño que de camino viene.
Por senda de plata y acero
a la Tierra se acerca.
Trayendo a los hombres
el mismo mensaje de siempre.
Paz y alegría
a todo el que quiera vivir
en gozo,en armonía.
Cantad angelitos del cielo,
extended esmeraldas y oro.
Alabad
al por siempre esperado.
Al incansable.
Al presto.
Al que abre los oídos al sordo.
Al que da luz a los ojos ciegos.
Dorita.
Los colores
de las hojas de los gingos,
sobre las aceras,
hacen luminosas las pisadas.
El invierno
ha sido capaz
de retroceder en el tiempo.
Las terrazas,
sin necesidad de calor impostado,
gozan de la algarabía,
del alboroto
de la primavera, verano u otoño.
Todo juega al despiste.
Juego que pareciendo inocente
es perverso.
Lo perverso de aparentar normalidad
cuando de normal no tiene nada.
Dorita.
En la taladrada noche,
busca la soledad el silencio.
Escapando
del aullido de los lobos,
ignorando
el silbido de los vientos,
desdeñando
el bramido de las aguas,
huye el silencio del sonido.
Tras el grito,
tras el desencanto,
busca el silencio un encuentro
con el silencio mismo.
Dorita.
Este aire gélido
de persistente infierno
rompe el azul en pedazos.
El espejo
se estrelló contra la tierra
desparramando heridas,
rompiendo ilusiones.
Cada pedazo
lleva en su seno
lo que un día fue y no es:
alegría,
vida,
música.
Los pájaros cantores
huyendo
de amarguras y sinsabores.
Los campos de trigo y amapolas
barrizales
manchados de sangre y dolor.
Las bulliciosas calles,
en silencio sepulcral,
esperando la caída de las bombas.
Las heridas
irán sanando;
no hay pegamento
para restaurar el espejo.
Dorita.
Están las malvas
marchitas,
al lado del Camposanto.
Las campanas
voltean tristes,
ya no reprimen su llanto.
Todos los campaneros,
subidos en sus campanarios,
hacen sonar las campanas.
Llaman a la oración
por todo lo que anda pasando.
Dorita.
Porque,hoy,
la mentira
no se ponga sonrosada,
ni se quede acobardada
cuando se la ha descubierto.
Por el contrario,
saliendo a la defensiva
se cargue de mil razones,
vaya esgrimiendo argumentos
con la perversa intención
de arrancar las emociones
más profundas.
No por todo ello
la mentira
deja de ser mentira
y el que miente
un mentiroso.
Dorita.
Me niego a pensar
que la muerte sea la muerte.
Me niego a renunciar
al reencuentro.
Me niego a no ver
a los que tanto me amaron.
Hasta la médula
soy consciente de ello
ahora que se han ido.
Mi amor
más puro,
más profundo,
más eterno.
Ni puedo,ni quiero renunciar
a un abrazo
fuerte y seguro.
Dorita.
Hay tristeza profunda en Diciembre.
Los espíritus de los muertos
reclaman ser recordados.
Los vivos
sentimos
el vacío de la luz.
Monotonía en la lluvia.
Sol de brujas.
Se agudiza la melancolía.
Los recuerdos se agolpan
pretendiendo imponer ese:
"Cualquier tiempo pasado fue mejor".
Cuesta sacudirse el polvo
a las espaldas cansadas.
Salir a dejarse refrescar
por la niebla y la escarcha.
Trajo las fuertes heladas
dejando la tierra abandonada,
solitaria y tiritando.
No sabe porque todo esto está ocurriendo.
No sabe que hacer
ante la nada.
Solo se escucha
la música profunda del viento;
en su corazón
la vida palpita.
Madre cansada
que no duda en prestarle
a sucesivos alumbramientos.
Dorita.
A veces pienso:
"para que seguir escribiendo".
Sin rendimiento material,
tangible;
sin embargo vuelvo.
Impulso vital.
Necesidad imperiosa
de seguir comunicándome
conmigo misma.
Esa hoja en blanco
interpela.
Busca la caricia
del lapicero que se desliza.
Busca la impronta y la huella.
El papel que rebusca
tratando de arrancar
una mirada
más limpia,
más auténtica,
más transparente.
Dorita.
Lo que resistió
todas las tormentas
fueron tus besos.
Ese ímpetu,
esa necesidad.
Nunca me ocurrió antes.
Sí,
me amaron mis padres,
mi hermano,
mi prima
y mucha gente más.
Solo tú
después de treinta años
besándome
como el primer día.
Dorita.
Estando
la luna negra,
andaba entre las sombras
quien buscaba esconderse
de la dañina zozobra.
¿Dónde está
el ángel caído
que le inyectó en las entrañas
el veneno de venganza?.
Por ningún lado aparece.
Solo en la noche y a oscuras,
cargado va
con su culpa.
No hay remedio
porque el daño
ya está hecho.
Dorita.
Cuando
el día finaliza,
antes de dar la bienvenida
a los sueños,
un solo pensamiento:
" que la guerra termine".
Dorita.
El cielo enturbiado,
hace frío.
No por vivir lejos,
no por escuchar ,todos los días,
la misma cantinela
va la tragedia amainado.
Los valientes,
son muy valientes,
no se quejan lo que debieran.
La tragedia,
enquistada,
sin cirujano que extirpe
el tumor.
La vergüenza
ennegrece los corazones.
Los cuervos
vuelan alto.
Las conciencias golpean espetando
que nada está escrito.
Entre todos
debemos alejar el espanto.
Dorita.
Pinché el tiempo
en aquel mapa.
Ciruelas rojas colgando
de árbol desangelado,
puesto quien sabe por quién
al final de la vereda.
El de las manzanas de la manteca
riéndose
de los nuevos experimentos.
Allí se quedó
amarillo entero.
Descorazonando
a los que pretendían sustituirlo
por esos jovenzuelos de moda
que gustan de exhibirse
como si no hubiera un mañana.
Hoy he vuelto a pasar
buscando el reencuentro.
Robles,quejigos y encinas
me salieron al encuentro
borrando de un plumazo
mis recuerdos.
Dorita.
Recuerdo aquel día que,
al entrar en clase,
mi corazón
latió con fuerza.
Alegre y tímida al tiempo.
Sentí
conocerte desde siempre.
Esperé.
Quería cerciorarme
de que un día
en tí resonaria mi canto.
Sabes,muy bien,
que siempre estuve
desbordado con tu encanto.
Mis pensamientos
se llenaron de esperanza.
Mis castillos,
el agua se los llevó.
Me veo como un tonto.
Pero no,
no es de idiotas amar.
Amar es de valientes.
Pretendiste que creyera
tus puras y limpias decisiones,
casi lo consigues.
Te traicionaron los hechos.
Tu renuncia
a ir con el grupo a París
dejó en evidencia
que mi amor no fue correspondido.
La próxima vez
se franca.
El amor verdadero
no merece ser abofeteado.
Dorita.
Se me antoja
que el rojo
tiene su "Ay".
El rojo
anda llamando
al arrojo.
Ese rojo
lanzado por el volcán,
que miramos de reojo.
Rojo
que se encarna en verde.
Roja
la sangre que unifica,
que vivifica.
Dorita.
Árboles,
centinelas de la noche.
¿Oísteis,
entre todas las estrellas,
decir a alguna de ellas
donde están
mis seres amados?.
Si no fue así,
en lo más oscuro,
cuando todos duermen,
rogazlas que aprendan
donde,
por los que mi corazón palpita,
están.
Dorita.
Junto al azul eterno
anda la sombra cansada.
Va recorriendo las calles
con las luces apagadas.
Las farolas centelleantes
rasgan el adoquinado
como a una piel de serpiente.
En un silencio profundo,
resuenan unas pisadas
sobre la calle mojada.
Las estrellas del ancho cielo
se apiadan de su mirada;
no reconocen al niño
que corría de chiquillo
Rambla abajo al pasadizo
para meterse en el agua.
Este hombre
ya no es hombre,
lleva en el pecho un puñal.
Presume de valiente.
El alma lleva manchada.
Dorita.
Del más desconcertante hastío.
Del cruce de cables
en aquellos días,
surgió la chispa
que ilumina mi vida.
Dorita.
No soy nada,
en la Tierra.
No soy extraterrestre.
Me siento
polvo de estrellas.
Me basta.
Dorita.
Ni sombra de lo que era.
No necesito
ni aquellos años,
ni sus sombras,
ni sus luces.
La sombra de hoy
más ligera,
apresura el paso.
Va renunciando
a ser sombra.
Va uniéndose.
quiere ser
la cruz de mi persona.
Dorita.
Un elefante
pisó sin querer
a un guisante.
Este sintióse morir.
Se abandonó,
sin esperanza,
a una segura muerte.
Pasó un mes,
pasaron dos,
pasaron tres.
Desafiando presagios
sintió ,en su interior,
la vida.
Y ocurrió
lo sorprendente,
lo alucinante;
aquel diminuto guisante
creció exuberante.
Regaló flores,
salieron guisantes.
La planta vibró radiante.
Dorita.
Bienaventurados
los que al mirar a una mariposa
ven a una mariposa.
Bienaventurados
los que sienten
el roce de la hierba al pasar.
Bienaventurados
los que ven la bondad en todo,
también en el hombre.
Bienaventurados
los que saben
de la amistad del viento.
Bienaventurados
los que agradecen al árbol
su generosidad.
Bienaventurados
los que cambian su destino
para salvar a la humanidad.
Dorita.
Desde mi ventana,
os veo en el parque
dejando caer lentamente
el oro de vuestras hojas.
Como se transforma en chatarra
chascarreando
tras las pisadas de los niños.
Atrás quedaron
los risueños pájaros cantores.
Solo en las alturas,
en bandadas,
buscando un lugar
donde reposar su cabeza.
Quedaron sus ramas
solitarias y tristes.
En su corazón latiendo
la larga espera.
El gozar un día
de la gloriosa primavera.
Dorita.
Sobre una telaraña,
cayó la mariquita.
No supo ver
que tras la delicadeza
de la más bella tela perlada
se encontraba
su zozobra,
su infortunio,
un negro pozo sin fondo;
Una niña paseando
se topó
con el hiperrealista cuadro.
Por no estar en un museo,
no dudó en acercarse,
poner en su mano al insecto,
hacerle contar sus dedos,
formular un deseo
e invitarle a volar.
Dorita.
Tendidos
sobre la nieve
todos los colores,
todas las banderas,
todos los países.
Todo se desdibujó
quedando helado.
Noche de abril
arrasando
la flor de los cerezos.
Fuego en la tormenta
dando al traste con la foresta.
Tras tres días
de noche interminable
una margarita resucita.
Dorita.
Te cruzaste
en mi camino.
Aprendí
que mi savia era sabía.
Podía cambiar el cauce
viajando
por otras ramas,
escuchando mejor
al mirlo y al ruiseñor.
Descendiendo a la tierra,
con el agua y el mineral,
alcanzar el sueño de viajar
dentro
de los que saben del color.
De los dulces sinsabores.
De esperar
todo un invierno para,
tras de la preñez,
alumbrar las flores.
Dorita.
Poseída por las musas,
hadas,
la grandeza de lo inconsistente,
de la magia.
Desposeída de riquezas,
pompas,
de artilugios y lujos.
Allí,
donde una chispa de luz
hace que el universo
vibre al unísono,
está la poesía.
Dorita.
Le pido
al buen Jesús
que haga el milagro.
Como al ciego
la luz le dió,
se la dé también
a la humanidad.
¡Ahora ciega!.
Anda a tientas,
sin rumbo,
a la deriva.
Dorita.
Los días
se hacen chiquitos,
silenciosos.
Los árboles
van dejando lentamente
sus ropajes,
deshilachados sobre el suelo.
El parque
atravesado por señoras presurosas,
bien arropadas,
con balanceantes bolsas.
Las telarañas
más visibles,
transformadas en obras de arte
bajo la mano de artista
del rocío.
Ni caracoles,
ni lagartijas,
solo alfombras coloradas
con toda clase
de naranjas y ocres.
Alfombras que cada día,
como los propios días,
son diferentes.
Dorita.
Reza,
que no te vean.
Más incomprendida
que Calimero.
No quieren ver
ni tu pericia
ni la belleza de tu trabajo.
Acabarán contigo.
Dorita.
Una mariposa blanca
se ha posado
sobre una rosa roja.
En todo el rosal
solo está ella,
por no haber
ni hojas.
La rosa roja
feliz con la mariposa.
No está sola,
es muy graciosa.
Dorita.
Lo peor,de esta forma de ser,
es saber casi literal
lo que los otros están pensando.
Saber que estás siendo juzgada.
Lo que es más
por los que no saben nada sobre tí.
Ser juzgada por lo que se imaginan,
por lo que querrían que fuera o hiciese
para afianzarse en sus juicios.
Después de veintiocho años aquí,
he escuchado comentarios
que me han dejado estupefacta.
¡Con el empeño,
con el celo que he puesto en mi profesión!.
Sí,
es verdad,
hubo un tiempo
que venían niños a tropel
enviados por padres y madres
buscando el milagro.
No sólo tenía que enseñar,
también llenar el vacío
creado por la no presencia de ellos
en el núcleo familiar.
Al final,
quedan los que quieren aprender.
Se crean lazos.
Amistades de por vida.
Dorita.
No tengo energía
para enfrentarme
a hacer algo
que sea juzgado.
¡Ponerlo sobre papel...
para que nadie lo lea!.
Si cayera en manos
de los entendidos,
se apresurarian a decir
que no tiene estilo propio,
que es infantil
y un sinfín de objeciones.
Me dejarían
doblegada y triste,
sin ganas de volver a escribir.
Como de mi vida forma parte
y tanto bien me hace
rehuyo el peligro.
Prefiero seguir así.
Expresando
sin demasiadas florituras,
sin tapujos
lo que siento.
Aferrada al lapicero
sabiendo que me ayuda a sobrevivir.
Dorita.
Odio ese mi discurso
sobre un pasado idealizado
de lo que pudo ser y no fue.
Cuando viviendo
todo lo que hoy echo de menos
no era
ni más feliz,ni más plena,
de lo que hoy,
a pesar de la dureza de lo vivido,
soy.
Al final,
todas esas historietas
que mi mente
me quiere hacer creer
no son sino falacias,
una forma de distraer,
de apartarme,
de impedirme vivir en plenitud
todo lo que hoy estoy viviendo.
Dorita.
Tienen
los romances viejos
un aire melancólico.
Saliendo
de bocas castellanas,
mientras las manos
las habas secas desgranaban.
Tragedias
que atrapaban
a doncellas inocentes.
Amantes
cuyos padres
su amor no permitían.
Lo cantado,
lo vivido.
Relatando entremezcladas
historias personales.
Viejas,
inconfesables.
Iban saliendo,
iban curando
corazones heridos.
Dorita.
Amo la Naturaleza
porque sí.
Desde pequeña.
Ni me acuerdo.
Me sentía bien
en medio de ella.
En los haberes,
entre los árboles,
cogiendo cerezas o setas.
Contemplando las amapolas
o las golondrinas.
Por los niños, de mi edad,
era cuestionada.
No me gustaba.
Me sentía rara.
La Naturaleza
mi tabla de salvación.
Dorita.
No sé
que tiene el otoño.
Se puede estar en casa
calentito,
bajo una manta;
ese cielo gris
que chulea de serlo,
esa lluvia intermitente
que le acompaña
cuando quiere,
se han pegado a mi alma
como lapas.
No debiera gastar calefacción,
ahora que tan cara está,
no hay forma
de hacer reaccionar
a mi melancólico corazón.
Dorita.
Sin máscara,
sin armadura,
ni tan siquiera la cara dura.
Así,
sin vestimenta alguna,
a la intemperie,
he logrado sobrevivir,
y no sé cómo, hasta el día de hoy.
La estúpida credulidad
en la bondad humana
me ha acarreado
no pocos males.
Continuo......
con la mirada estupefacta
ante la gente,
ante la vida.
Dorita.
A mi margarita
le duele la garganta.
Mi abuela le ha tejido
una bufanda blanca.
A mi margarita
le duele el corazón.
Le he comprado
un gran caramelo de algodón.
A mi margarita
le duele su tripita,
para que se cure
le he puesto una tirita.
Dorita.
Sí,
cada día me trae
el regalo de la hierba,
de las flores,
de la luz y de la lluvia.
Reales.
Cada día se superan.
Inmaculados y frescos.
Dorita.
El regalo.
El tesoro.
La mirada.
La mirada a los campos
reverbera en mi corazón.
Alza el vuelo a las abejas.
Bajan las nubes al suelo.
Entra la montaña en el charco.
Hiperrealismo en el río.
Dulzura en la lengua
de la flor del cerezo.
Dolor
de la espina del espino.
Asombro ante la rosa roja.
Dorita.
De joven cantaba
la emoción que en mí
la vida provocaba.
Hoy canto,
en él resuenan
viejas vibraciones.
Acarician mi alma.
Traen al presente
bellas estampas
de lo vivido,
de lo soñado,
de lo creído.
Dorita.
Clavó la luna
sobre una rosa roja
un rayo.
Palideció.
Pasados los días,
dejó la rosa
de ser roja
transformándose
en una hermosa
blanca rosa.
Dorita.
Hoy,
ma cayó la melancolía
como un jarro de agua fría.
Sensación de desgana
sin razón aparente.
La luz,
intentando atravesar
el ambiente húmedo y frío,
no logra
hacerme soñar;
acarician mi mente
recuerdos de otros tiempos
que, de repente,
se me antojan mejores.
En un intento desesperado
de evitar la tristeza
rápidamente me arreglo
y corro tras de un café americano.
Pretendiendo,
por el gusto,
dar un masaje al cerebro
y alegría al corazón.
La nieve, prudente,
se ha quedado en las montañas.
El inmaculado sudario
cubre los cuerpos de los infelices
atrapados por las garras de la parca.
Que crezca,
que crezca el día,
que vuelvan las flores a los cerezos,
que vuelva la vida a nuestras casas.
Dorita.
Su amiga,
la Lavandera,
está triste,
está compungida.
Todas las mañanas,
al ir al colegio,
le da unas miguitas
de su desayuno.
Hoy no ha querido
regalo ninguno.
Le gusta saltar
sobre los charquitos;
no ha podido
están heladitos.
Al Sol le ha pedido
que madrugué más,
que caliente el agua,
que su amiguita
se ponga contenta,
de muchos saltitos,
que coma de su pan.
pequeños trocitos.
Dorita.
Tengo una margarita.
Es mi amiga.
La veo en el parque.
Ayer,
un perro suelto y grandullón
la pisó.
Quedó espachurrada mi margarita.
Mi madre dice
que ponga una piedrecita,
que allí estará, en abril,
mi margarita.
Yo solo pienso
en lo mucho que sufrió
la pobrecita.
Dorita.
Lo intentas
con migajas.
Se contentará,
será suficiente.
Poco a poco,
día a día,
se olvidará.
No.
Sigo reclamando
lo que es mío,
lo que me pertenece,
lo que se me está negando.
Dorita.
Como si de una limosna
se tratara;
ando pidiendo
lo que es mío,
lo que me pertenece,
lo que ....
se me está siendo negado.
Dorita.
Tiene
mirada pulcra,
cae silenciosa
sobre el gato acurrucado.
Inmóvil en el poyete.
Meditabundo.
Haciéndose cargo
que las largas tardes
que faltan por llegar.
Mirada campesina
que acompaña el trasiego
de los últimos Mohicanos.
Van y vienen
con sus piñas,
con las manzanas
que se resistieron a caer.
Cuatro setas para la cena,
algún que otro membrillo.
Tiene sabor
a casa abierta
con fuego crepitante,
dispuesto a calentar
a quien atraviese su dintel.
Dorita.
Soñabais la primavera.
Flores,
versos.
Inmenso universo de girasoles;
de sopetón,
un mar de rosas marchitas.
Las alondras y los mirlos
abandonaban el canto.
Erráticos sonidos
destrozados por el llanto.
Domingos
cayendo del calendario.
Los fantasmas se llevaron
los badejos del campanario.
Tiemblan los cimientos.
Tiemblan los monjes
desbordados
por los incesantes rezos.
Un solo país.
Un solo corazón.
Un solo puñal clavado
esperando ser arrancado.
Granada
puede entender, con rabia,
la tragedia desgranada.
Dorita.
La lagartija rosa
es un poco miedosa.
Me mira de reojo.
Se esconde de mis ojos.
Se escapa entre las piedras.
Corre entre las hierbas.
Nunca se deja coger.
Yo no la quiero hacer daño,
solo que esté en mi casa
durante todo el año.
Dorita.
Soldados
una piña,
un corazón.
Entre la blanca nieve.
Hombres
con una sola visión,
una sola misión.
Entre la blanca nieve.
Jinetes
llevando en su alma
la victoria.
Entre la blanca nieve.
Valientes
que no escuchan a la humillación,
a la derrota.
Entre la Inmaculada nieve.
Portadores
de la espada.
Entre la blanca nieve.
Liberadores de ataduras,
destructores de injusticias,
portadores de la Paz.
Entre la blanca nieve.
Dorita.
Poco importan
los nombres
de quienes físicamente
van destruyendo vidas;
Es el rayo exterminador
de las mentes corrompidas.
Dorita.
Se halla exhausto.
Busca en las nubes cobijo.
Necesita reposar,
ser suavemente acunado.
Su protección segura.
Su trabajo impecable.
Tras el respiro,
energías renovadas,
como un rayo
hasta la victoria.
Dorita.
Al lagarto Alcántaro
le gusta mucho el Sol.
Se ha sentado
debajo de un girasol.
Es tranquilo,
es viejo el lagarto Alcántaro.
Se lleva bien con todos,
no rompe ni un plato.
Sus ojos azulados
ya tienen cataratas;
se niega
a ponerse gafas.
Dorita.
Al Ratoncito Pérez
le duele una muela;
no lo puede entender
el doctor dijo
que no había caries en ninguna.
Al Ratoncito Pérez
se le mueve un diente.
Anda preguntando
si alguien conoce
al que le pondrá su presente.
Dorita.
Hay refugios en le luna.
Su fría cara esconde
cuevas profundas,
surcadas de estalagmitas.
Catedrales
habitadas por murciélagos.
Soles subterráneos.
Cielos escondidos
abriendo sus manos
a mundos desconocidos.
Dorita.
Los lobos
no paran de aullar.
Nada que ver
con la luna.
Peligro latente
en toda la humanidad.
Dorita.
Nadie quiso saber nada de él;
había enseñado la pata.
Le vistieron de carnero.
Al llegar la matanza,
todos se llevan
las manos a la cabeza.
Dorita.
Los ojos,
dónde ya sabéis,
abiertos,
asombrados,
cargados de desilusión.
¿Quién los podrá cerrar?.
La guadaña
cebada con el lugar.
Cielo deslucido.
No para de llorar.
Resistió lo indecible.
Al final,
sucumbió al desastre.
Solo quiere
que cuando se vista de raso
todo resucite.
Dorita.
El regusto por el pasado
signo de vejez.
Ando por el camino.
Hasta las monjas del colegio
dónde cursé bachillerato
se me representan
como heroínas.
Sabiduría y cordura
rezumaban estas mujeres.
Con calzador en el centro.
A los nueve sin leer.
Ironías de la vida,
mi profesora la Mateo.
Santanderina,
amiga de Gerardo Diego.
Se topó conmigo.
Como si tal cosa.
Aguantando el chaparrón.
La Iturriaga, con sus notitas,
chivándome
lo que al día siguiente sería preguntada.
Deslumbrando a una clase
que no entendía
lo que había ocurrido
con la paleta.
La Zubizarreta,
joven licenciada,
se desvía en alagos
al sacarme a la pizarra.
Por mucho que intento
descubrir
las bondades de esta época,
no lo logro.
Me disciplinaron.
Estudiante de por vida.
Dorita.
Se pueden hacer milagros.
Desclavar los clavos de las cruces.
Dar sin esperar.
No sirve de nada
machacar sobre la pared tu cráneo.
Ningún ciego
la luz recupera,
si se niega a ser tocado por el barro.
Dorita.
Sola
entre otros árboles,
a los que encuentras extraños.
A pesar de tu grandeza y elegancia
rezumas tristeza.
Vives la injusticia
de no poder vivir en la dehesa.
Que sepas
que tu presencia
mi soledad comparte.
Tus compases
aligeran mis pesares,
acunan mis sueños,
vivifican mi vida.
Nuestra encina
no es vieja,
solo tiene una veintena de años,
fue plantada
frente a la ventana de mi cocina.
Ha compartido,
en silencio,
mis soledades.
Buena maestra,
no ha parado de enseñarme;
lecciones
que yo no he aprendido.
Tan transparente
que pretendieron eliminarla.
Fue la vida
quién lo evitó.
Agradecida,
de tiempo en tiempo,
nos regala esmeraldas.
Dorita.
Anda la Luna dormida,
necesita descansar.
Hasta ella
la barbarie no ha de llegar.
Está vieja,
está cansada para tantos sinsabores.
Para derretir el hielo,
la falta energía.
Ya no hay música,
ya no hay cantos;
hay hombres valientes
luchando hasta terminar exhaustos.
Corre su sangre caliente,
en medio de los tormentos.
Dorita.
El mismo agua
que hiere y carcome a la piedra
hace brotar la hierba,
da vida a los árboles.
Dorita.
No quiero sentir,
en mi corazón,
larvas de insectos.
Desconozco
en qué terminaran.
Si fueran
de mariposas blancas
las protegería.
Abejorros ruidosos
me repugnan.
Planto
Rosales y lirios.
Acepto las espinas
presagio
de belleza desbordante.
Blancas azucenas
que me arranquen
la pureza de la infancia.
Dorita.
Anda la Luna estrellada
sobre los campos
de los trigos machacados.
Tánatos,
enseñoreado en el lugar,
no parece dispuesto a abandonar.
Aión presiona
seguro de resolver la tragedia,
de evitar más muertes,
de gozar con los humanos
por siempre la eternidad.
Dorita.
No quería estudiar,
ni ser alguien en la vida.
Quería
que me dejasen en paz.
Vivir, así,
como las ranas,
como las golondrinas.
No me fue posible.
¡Tanta la presión!.
Sobreviví
trabajando con tesón.
Dorita.
¡Cómo echo de menos
los besos de la brisa,
la risa de los pájaros,
a las margaritas.
El viento, hoy,
arrastra tantas hojas
que los pobres árboles
van quedando esqueléticos.
Para mí sorpresa,
se han escapado hasta verdes.
La tristeza
quería cogerme.
No lo logró.
Las hojas sobre el suelo
rezuman frescura y color.
Dorita.
En la Tierra
se ha puesto el Sol.
El trigo segado,
almacenado,
clama por alcanzar
las bocas insatisfechas.
La tristeza
ha caído sobre los campos
que no son para su fin
utilizados.
El Sol anda esperando
resucitar
un buen día.
Dorita.
Los álamos,
del parque,
siguen tan verdes
como en agosto.
Tal vez,
más verdes.
Se desprendieron,
tiempo atrás,
de algunas hojas;
Vinieron
abundantes lluvias;
no acompañadas de frío.
Se espabilaron.
El humus,
sobre el césped,
desprende olor
a petrinor.
Ha tomado posesión,
ya anda añorando al invierno.
Dorita.
Dardos de fuego
volando por el aire.
Fueron presentidos.
Fueron anunciados.
No podemos decir
que nadie lo vio venir.
Podemos afirmar,
con rotundidad,
que primero fueron unos;
no éramos nosotros.
Después otros;
tampoco nosotros.
Si no actuamos unidos,
seremos todos
los que sucumbiremos
bajo el fuego volador.
Dorita.
Jamás pensó
tu bandera
ser por todos
tan querida.
Despleganda por el mundo.
La reina de las banderas.
Nunca perseguirte la gloria;
dejarás
en la memoria de los pueblos
tú impronta de grandeza,
de valentía,
de unidad.
Tú grito,
tú canto a la libertad.
Dorita.
El silencio
es blanco.
Blanca la luz
estallando en arcoiris.
Blanco
lo que el árbol calla.
Blanca la escarcha
purificadora del campo.
Blanco
el pañuelo izado al viento.
Pañuelo
portador
de sonrisas y alegrías.
Dorita.
Mujeres
de ojos limpios,inmaculados.
Las nubes las obedecen,
dejan caer el agua
sobre su pelo
para verlas andar así,
empapadas,
por el sendero.
No se aderezan
con pinturas y ungüentos.
Su piel
libre al viento,
el aire las besa
con cariño y tiento.
Curtidas por las tormentas,
despliegan una sonrisa
siempre abierta.
Frente con cordilleras.
De sus manos cansadas,
la música se eleva.
De tanto callar,
casi se las olvida el hablar.
No les importa la gente,
son transparentes.
Dorita.
De tanto llorar,
la tarde se ha descompuesto.
¡Quién lo diría!.
¡Con la alegría
que fue recibida!.
Cayó
racheada y fría.
Violenta y con contundencia.
Su presencia,
tristeza y escalofríos.
Dorita.
Con la varita de hada,
las mariposas
contarían cosas graciosas.
Las alas patas,
los pájaros amigos
de perros y gatas.
Los rojos azules,
transformando
su desbordante energía.
Los azules rojos,
sentirían
la chispa de la vida.
Los hombres hormigas
para que supieran
lo que pesan sus vidas.
Dorita.
Linchamiento
horripilante.
Esto
que vaya de entrada.
No debiéramos
analizar con primura
cómo nos encontramos
para haber llegado al
crucificale.
Cabeza bajo el ala
no evita el desaguisado
en el que nos encontramos.
Dorita.
Al acercarte
van viniendo
los veranos compartidos.
Las cerezas y los grillos.
Las candajas.
Las moñigas.
El burro de la señora Emilia.
Quedaron,
para siempre,
en tu piel y en la mía.
Cómo capas dando forma
a las perlas.
Lo que brilla en nuestras vidas
Las manzanas de la manteca
dejaron el olor
en nuestros intestinos,
guardando y asimilando los inviernos.
Tus mantos y los míos,
después de sacudir
el polvo del camino,
desprenden brillos
del oro de sus hilos,
del estampado de las estrellas.
A poco que uno tenga
prestos los sentidos
nota la belleza
del reconocerse,
del encuentro.
Dorita.
Quiso la luna,
un buen día,
alzarse hacía las estrellas.
Quería verlas brillar,
quería brillar como ellas.
Muy rara
la luna se veía,
tan diferente,
tan extraña.
Pasaron días y años,
su mirada entristecía.
Su blanca piel
una perla parecía.
Una noche,
un jovencito gitano
de su carita
quedó prendado.
Le dijo,
todo él enamorado,
que era linda,
diferente,
graciosa,
que en todo el firmamento
nadie brillaba como ella.
Dorita.
En medio
de un bullicio atronador,
el encontrarse
tras una búsqueda sin cuartel
con el silencio
es un privilegio.
Dorita.
Es cierto,
" no hay merecimiento en el nacer".
Cierto también
que si la inmortalidad existe
a todos nos será dada.
Se crea o no se crea
de igual manera
se perecerá cual hoja en el invierno
o se trascenderá
sin que porque con devoción
se haya creído
vaya por ello a asegurarse
un lugar privilegiado en el Olimpo.
De cualquier manera considero
que el creer
no es fruto de la desolación o el egoísmo,
más bien creo
en una predisposición innata
hacía un lado u otro
de la balanza
Dorita.
La luna lunita
"cascabelera"
besa al niño
en su boquita.
La luna lunita,
la gitanilla,
en los ojos del gato
¡ay! como brilla.
La luna,
sobre el camino serpentea,
no quiere
que la niña de su alma
en la noche se pierda.
Dorita.
El árbol caído,
no podrido.
Tras una larga noche dormido,
¿Alguien le ayudará
y así
volverle a ver erguido?.
¿Volverán sobre sus ramas
los pájaros hacer sus nidos?.
¿Volverá el viento
sus hojas hacer vibrar?.
¿Volverán las abejas
sus flores libar?.
Dorita.
Cada vez me cuesta más
entender
de los hombres su lenguaje.
¡Si al menos fuera capaz de callar!.
Con lo fácil que es
sentarse en una piedra al Sol,
dejarse visitar por las mariposas,
contemplar
cómo se esconden las lagartijas,
escuchar a los tordos y mirlos
yendo y viniendo a los laureles.
Aprender su universal lenguaje,
quedo, en calma.
Logra,
acariciando mi alma,
retornarme a un limbo
alejado de esta desquiciada
humanidad.
Cuando la piedra abandono,
me voy con la conciencia tranquila
de no haber ofendido a nadie.
Dorita.
La tarde,
angustiada por la pena,
rompió a llorar.
A la tarde se unieron
todos los disgustos de la humanidad.
No podía parar.
Se vio como descargaba
la rabia contenida.
Fue bueno.
Estuvo bien.
En los cuerpos no cabía
un solo quebradero de cabeza más.
Dorita.
El mar de espuma,
algodón de azúcar;
sus improvisadas dentelladas
empapan los huesos,
transformando en amargura
su estremecedora belleza.
Extrae lágrimas de sal
de los valientes
que para ganarse el pan
terminan a la deriva.
Dorita.
Le dijo la tarde al olvido
que al siguiente día volvería.
El olvido se olvidó
de lo por la tarde prometido.
Cuando la tarde llegó
encontró el lugar vacío.
La tarde se quedó sola,
solo se le ocurrió
alzar los ojos al cielo.
Lo que allí encontró
fue un tesoro divino,
obra maestra del color
que ya jamás olvidó
Dorita.
Es el corazón,
que pasea entre los pinos
bajo un cielo azul
para nada aburrido,
que recoge los membrillos
en las zarzas escondidos.
El que escucha
al arroyo temblar
con un canto melodioso
y en cada instante nuevo.
El que busca.
El que el reencuentro ansía.
El que en el retorno reclama
lo que sabe que es suyo.
Dorita.
También las olas se agitan
con este baile de muertos.
Su forma se descontrola.
El Sol intenta calmarlas
creando el arcoiris
entre una espuma encendida.
El arco
ya se escapó.
El Sol anda escondido.
Las olas se quedan solas,
agonizando en las sombras,
de un profundo y triste abismo.
Dorita.
En esta tarde otoñal,
vuelve mi sueño a soñar.
Le resucita el color
del rojo de los cerezos,
amarillo de los chopos,
entre un infinito de verdes
que por nuestro valle
se extiende.
Dorita.
Sobre las hojas marchitas,
pisoteadas y empastadas
por la lluvia,
quiso un rayo de sol
reflejar,
como en un espejo,
unas nubes cargadas de plomo
que al final
no estallaron
en ninguna tormenta.
Dorita.
Si no conociera tu pena,
tu amargura,
tu llanto entrecortado,
tus silencios.
No alzaría mi estandarte
elevando con él
todo mi respeto,
toda mi admiración.
Dorita.
Creyendo haber salido
de mi endémica soledad
lo celebro,
me vanaglorio de ello,
lo cacareo.
Justo ahí,
en el Zenit
siento el mazazo
que me hace caer del guindo.
Descubro el engaño,
me encierro en las valvas,
analizo lo vivido
y me encuentro con la rara,
con el perro verde
que siempre he sido.
Dorita.
Blanco fácil.
Movilidad inmóvil.
Vida regalando vida.
Brazos que acogen
un auditorio rendido,
deleitado
con las canciones del alma
de los pájaros cantores.
Dorita.
Nuestros árboles
no están marchitos.
El Sol,la lluvia,
la ausencia de frío
les hace gozar
como a benditos.
Dorita.
En sus negros ojos,
una espina
la rosa dejó.
Al deshojarse
aroma esparció.
De esos ojos radiantes
la sangre brotó.
Dorita.
Ya nadie se queda
para vestir santos.
Las chicas de hoy
ni piensan,ni quieren
parecerse a ellos.
Ni conocen sus historias.
Las chicas de hoy
dicen querer ser libres
acostándose
con quienes quieren,
cuando quieren,
decirles adiós
cuando les da la gana.
Llega un buen día
en el que,
de una manera u otra,
tienen que mirar a los ojos
a la esclavitud.
Dorita.
Los granos de la granada
desparramados
sobre el sembrado.
Al acercarse los grajos
se escapan descorazonados.
Espanto.
Buitres hambrientos
no osan descender su vuelo;
se quedan en las alturas
por los farallones amparados.
De ellos el sol radiante
extrae lágrimas rojas.
La lluvia,de la tarde,
por la estepa las esparce.
Dorita.
Sin palabras.
El lenguaje,
asustado por lo que acontece,
ha bajado a las trincheras.
La palabra calla,
reposa,
escucha,
acompaña.
Llegará un día
que la palabra tome la palabra.
Dorita.
Azul perezoso,
sonrisa en los labios escondiendo
lamento silente
del corazón roto.
Espinas,
que dejaron las rosas,
clavadas.
Los valientes
no lograron sacarlas,
ni sellar con cera y un beso
las heridas.
Dorita.
Están
los campos cansados
de no poder trabajar.
Tristeza
en los árboles.
El peso de los recuerdos.
Aquellas miríadas de pájaros
aterrizando en el grano.
No hay verdor
sobre la tierra.
Faltan los dibujos
de las rejas hendidas
en la tierra mojada.
Ni hadas,
ni gnomos.
Todos huyen despavoridos.
Dorita.
Las hojas de los árboles
tiemblan.
Los pájaros
se van de sus nidos.
Solo la muerte,
alimentada por la sangre,
se pasea cantando.
Lúgubre canción.
A todos estremece.
Dorita.
Nos alejamos los dos;
sin quererlo.
Sabiendo en el corazón
que aquello
hubiera podido ser.
Tus espejismos
evitaron el reencuentro.
Ha quedado
un vacío
que en esta vida
jamás será resuelto.
Dorita.
No es lujuria
sentir caer del cielo
flores,
alfombrado el suelo de pétalos,
no ver la sangre,
no escuchar las bombas.
Dorita.
Granadas
los corazones ardientes.
Bajo un cielo
cuajado de estrellas
ven a sus madres en ellas.
Cae la noche.
Desaparece la sangre.
Se escuchan palabras
atravesando montañas,
cantan sus nanas.
Atronador silencio
Bosque encantado.
Agua bendita
que hace posible
resistir otro día.
Dorita.
La mañana,
en algunos lugares,
no quisiera despertarse.
La mañana,
que rompe la noche,
no puede
con la sangrante oscuridad.
La mañana,
allí,
no sabe
cómo vencer a Satanás.
No sabe cómo vencer
a quien ha marcado de negro
los árboles,
a quien ha helado,
en el vientre de sus madres,
todos los sueños.
Dorita.
Quisiera yo ver
a esos negros gusanos
que habitan el alma
de aquellas personas
que miran al suelo
al ser saludas.
Quisiera increparlos,
invitarlos
a abandonar esos cuerpos
que sufren la desgracia
de ser habitados.
Como en un exorcismo,
obligarlos
a lanzarse al agua.
Dorita.
Los muertos
nos dejan su lírica.
No hay reproches,
ni malentendidos.
Ni dolor punzante.
Sí latente.
La no física presencia
transformada en conciencia
de constante existencia.
Jalea real.
La abeja extrajo
de la vida de la flor la esencia,
la encapsuló con cera.
Ahí perdura,
inamovible,eterna.
Dorita.
Ojos de lumbre y azabache.
Sonrisa amplia.
Juventud desbordante
en copa de cristal.
En ella
todo certidumbre.
Su hijo nacerá
en un país nuevo,
en un país libre.
Dorita.
Orgullosos de su hermosura.
Prendados de los niños,
de la fuente,
de mi mirada candorosa.
Paso entre ellos
por un caminito rojo,
falsamente adoquinado.
Mis brazos tocan sus ramas.
Van formando un enrejado.
Celosos andan del cielo,
para ellos solos quieren
ese bullicioso paraíso
que como el agua fina
va calando
en su ardiente corazón.
Se alzan
hacía la cegadora luz
que raya con el infinito.
Dorita.
Pétalos de rosa
sobre el lodazal.
Ahí quedan
en el abismo
todos los sueños benditos.
El carmín de primavera,
la flor del cerezo,
el cuco y la golondrina
han sido estrellados.
Huevos
sobre aceite hirviendo.
Dorita.
La paciencia
de estos jóvenes
tiene un tinte
de infinito.
No desencadenan
la violencia
sufriendo
todo un martirio.
Dorita.
Ángeles,
con grandes alas,
van
volando por el aire.
Gustosos de proteger
a quienes
no les hagan desaires.
Dorita.
La tarde
estaba cansada
hasta que llegó la tormenta.
Trayendo agua bendita
limpió a la tarde su cara.
Repiqueaban las gotas
sobre la arena mojada.
Sonaban las castañuelas.
La tarde se puso en pié
envuelta en una mantilla,
taconeando flamenco
bajo el embrujo gitano.
No abandonando su baile
hasta bien entrado el alba.
Dorita.
Es ella
quién está
en medio de ellos.
Todos la han visto.
De ella emana
el coraje y el valor
que brilla
en los ojos de ellos.
No abandona la batalla.
Invita a retroceder
al enemigo.
También este la ha visto
Ella,
izando un pañuelo blanco,
portadora de la paz.
Dorita.
Raíces
que extraen
de excrementos los nutrientes.
Nutrientes
que engrandecen.
Flores derramadas.
Primavera del alma.
Lluvia plácida
a quien el arcoiris acompaña.
Gotas de rocío.
Ansiados
copos de nieve.
Transfigurada la materia
brillando
en energía radiante.
Dorita.
No te vayas.
Ya lo sé,
no sólo extranjera.
Tú constitución,
tú color,
tú impronta.
Por ello
pisas fuerte sobre el asfalto,
la verde hierba ni se inmuta.
Resonará la melancolía
eternamente en tu estómago;
quédate.
Ni mejor,ni peor.
Aquí visible.
Dorita.
El viento,
este año,
no viene a llevarse las hojas.
El viento,
este año,
viene a arrastrar
turbios pensamientos.
Viene
a pulverizar el odio,
a secar las lágrimas.
Viene
a transmutar.
Trae sonidos de luz,
sonidos que animen a los manantiales
a derramar sobre la humanidad
agua viva.
Dorita.
Abierta
a todos los vientos.
Llama encendida
en huerto dorado.
Enigmática,
altiva,
generosa y comprensiva.
Luz que conoce
de un destino.
Entregada a los viajeros.
Mujer,
sobretodo mujer,
que adivina y calla.
Sabe
que nada está escrito,
que la última palabra
tendrá que ser esculpida
por las gentes que la habitan.
Entiende
de chanzas y verás,
de amores y de infortunios.
Los Ángeles,
que la penetran,
no la dejan escapar
velando por una hermosura
que nadie ose arrebatar.
Dorita.
Las hojas,
enamoradas del río,
se bañan en sus aguas,
le dan colorido y chispa.
Unidos por el amor
se van juntos
hacía un mismo destino.
Dorita.
Cuántos,hoy,
querrían
ser pájaros para
cantar alegres trinos.
Rosas rojas,
disfrutar de su perfume,
de las sonrisas
de placer de quienes las contemplan.
Mariposas blancas,
ante su presencia
¿Quién no ve en ellas
a sus seres queridos?.
Paraíso de los justos
suspirado por tantos.
Dorita.
No habrá tiempo
para escribir,
para leer
todo lo que ha de saberse.
Prohibido olvidar.
La auténtica
memoria histórica.
La de verdad.
Lo que ocurre
hace que la tinta llore,
abofetea las caras,
pisotea la memoria.
Dorita.
Eres veleta
en manos de titiriteros.
Lo peor
que al ser de hueso
y actuar con la sinhueso
devastas
por donde pasas.
Los trigales
transformados en eriales.
Te presentas con bondad
escondido mezquindad.
Confundes.
Dañas más
que aquel que dispara
con un arma.
Dorita.
De pronto,
los ojos ciegos
se abrieron
ante las atrocidades.
Por primera vez
vieron los colores.
Dorita.
Sí,
me puedo ir de aquí.
¿Me alimentará más el aire?.
¿Cantarán mejor los pájaros
allá donde vaya?.
Mis amigos
no sabrán de mis alegrías y penas,
ni yo de las suyas.
¿Conseguiré
enriquecer el vino?.
¿Cuántos años me llevará?.
Con el aire enrarecido,
aquí eché raíces,
aquí me quedo.
Dorita.
Por mucho que te empeñes
en desangrar al mundo
a la luna no la desangrarás
jamás.
Dorita.
Ausencia de nieve.
Los sueños se deshacen
sin haber cuajado.
Quebradas las palabras.
Desatado el llanto.
Tierras baldías
recuperando
hierbas montaraces,
extendiendo sobre la estepa
la belleza.
Dorita.
Si ando
pendiente de aprender
el como llegar a escribir
para satisfacer los gustos
que este tiempo establece,
dejó de decir
lo que a borbotones
desde mi corazón
empuja al lapicero a plasmar:
mis más recónditas frustraciones,
mis alegrías salvajes,
mis regustos
por esta vida
que a pesar de estos tiempos
vacilantes e inquietantes
no ha perdido el misterio
de derramar
amor,belleza y pasión.
Dorita.
No es posible
que las almas cristalinas
de los niños
queden trituradoras
junto a los cristales rotos
con las apisonadoras
que el hombre hace caer
desde el cielo.
Dorita.
Apagado
el fuego del alma.
¡Alto al fuego!.
Los rescoldos
se acallaron.
Las cenizas
perdiéndose por los poros.
La quietud llamó al silencio
y este respondió:
"hágase en mí
según tu palabra".
Dorita.
A Jonny
le han puesto un fusil entre las manos,
le han obligado a disparar
bajo pena de muerte.
Dorita.
Bruto
es poco llamar
a quien ordena
la sangre derramar,
a quien emprende
contienda interminable,
a quien
pretende justificar
lo injustificable.
Dorita.
Bello niño
entre pañales de seda criado.
Ojos calientes y grandes.
Se pasea por las calles
rompiendo
a las azucenas el talle.
Luceros alimentados
con la gracia de una madre.
No hay rey,
no hay reino
que los haga comparables.
De esa aceitunada piel
anda la noche
enamorada,
de los dientes de diamante
y de su sonrisa grana.
Desde que se fue a la guerra,
en el cielo no hay estrellas
ni juncos en las riberas.
Por la estepa Ucraniana,
anda solo,
anda errante,
en busca de un bosquecillo
para arrodillarse.
No quiere que nadie le vea
como reza entregado
a la virgen,
por su madre.
Dorita.
De no entenderte.
De no escucharte.
De alejarme.
De volver
mirando de reojo.
Desconfianza,
inquietud,
vulnerabilidad.
Expulsión obligada
de paraíso no recuperado.
Saberme amada,
amar con pasión desenfrenada.
Buscarnos y encontrarnos,
fundirnos en el gran abrazo,
en el lazo.
Partida.
Dorita.
Cantaba la noche fría
una canción desgarrada,
sacada de sus entrañas
ante la sangre vertida.
Cantaba la noche fría
para evitar el espanto,
para alejar la tragedia,
para que los cuervos sepan
que los cuerpos
sobre la estepa regados
son sagrados.
Van derramando el perfume
para ser embalsamados.
Para que nadie se olvide
que jamás serán profanados.
Dorita.
Sobre la tierra
quemada,
el jinete azul
cabalga.
Sin volver la vista
a la sangre derramada
el jinete azul
cabalga.
Va en busca
de ese azur
que brilla en la lontananza.
Los niños
en los sótanos,
las mujeres trabajando,
los soldados
agotados.
El jinete azul
cabalga.
Dorita.
Las nubes hoy
lloran fuego,
sobre rastrojos dormidos.
Van incendiando los campos
que vivían
en el olvido.
Rasgan la tierra quemada
buscando en sus entrañas
un enigma escondido.
Dorita.
Las heridas de los muertos
miran
con ojos de espanto.
Las heridas de los vivos
claman resistencia.
El dolor
transfigurado en valor
rompe
el agotamiento de las tardes,
adelanta los relojes,
se pasea sobre los mares
gritando
Libertad.
Dorita.
Dile a la luna
que no salga.
Que se quede
quietecita en su casa.
Que caiga la noche prieta.
Que todo lo ennegrezca.
Que me quede dormida
para no pensar.
Dorita.
Entre las olas plateadas
de un mar gris y frío,
un pedazo de madera
con sangre roja.
Dorita.
Las lágrimas de sangre
derramadas por la luna
en pétalos de rosas
se transformarán
un día.
Dorita.
La luna se está sangrado.
Ya lo sé
no me lo digas
Su sangre llega hasta el río.
Lo sabemos.
Cállatelo.
Las nubes cabalgan fieras
en esta noche humillada.
Porque insistir en ello.
Tú solo quieres ver
los jazmines,
las rosas,las azucenas.
No quieres ver
la sangre sobre la arena.
Yo solo quiero
poder resistir la noche.
Dorita.
No desprecio
esta manzana sana
de un huerto no prohibido,
acicalado y brillante
con las lágrimas derramadas
por los dioses.
Dorita.
No es depresión,
es cansancio,
hastío.
No ver el final.
Ni tan siquiera el túnel.
Ni la luz.
Solo una nada.
Una niebla emborronada
que me tiene agarrada,
aislada,
ensimismada en querer comprender.
Dorita.
Y cuidado que anda por ahí
todas las noches la luna
paseando
con singular belleza
pero
con nuestros corazones helados
como si nada
no me arranca
esa emoción
de asombro,
de admiración.
Dorita.
Sin la presencia
del agua,
sin la nieve en las montañas.
Nuestros corazones
helados.
Desnudos andamos
por ahí,
tiritando
Dorita.
Cuerpos hechos
para amar.
Desterrados
a un odio no elegido,
a una muerte
temprana y desalmada.
A estos cuerpos
hechos para amar
les rompieron su destino.
Para que luego digan
que está escrito.
Esos destinos no le estaban.
Sus edades atropelladas,
destrozadas por la pólvora.
Los cuerpos
son hechos para amar.
Llegué tarde
naciendo.
No quería salir.
Llegué tarde
al paraíso
del lapicero.
Llegué tarde
para ser aceptada en el club.
Pertenezco
a los que viven en los banlieue.
No es queja,
es verdad.
No hago nada para adaptarme
a las necesarias normas.
No soy capaz.
Escribo en renglones torcidos.
Doy las gracias
al lápiz y al papel por ser reales,
por existir.
En su existencia
se sostiene la mía.
Dorita.
¿Qué es el presentimiento
sino el susurro
energético,
la chispa,
el chivatazo,
de algo real?.
Dorita.
Aún
en carne viva.
De todas las pérdidas,
tu amistad
es la que más me duele.
No hubo nada,
en nuestro corazón,
que la resquebrajarse.
Retorcidos caprichos
de no sé qué ángeles caídos
lo lograron.
Dorita.
La tercera dimensión
en la que el cubo existe
tiene
ocho puntos de encuentro
con la segunda dimensión
en la que sus caras
se sustentan.
¿Ocurrirá
algo parecido
con la cuarta y la tercera?.
Dorita.
Esta sembrada
de cuadritos grises,
flanqueada
por otros rojos.
Ha llovido.
El Sol ,
conquistando el cielo,
se llevó el agua.
La dejó limpita,
sin meadas de perros.
Su característico olor persiste.
Solo campanitas del eucalipto
aquí y allá.
Dorita.
La lluvia cae lentamente
calmando
a una tierra insatisfecha.
Las cenicientas nubes
poco a poco clareando
buscan
el silencio de una mañana
que quiere pasar desapercibida,
de puntillas.
No lo logra.
El Sol,
adueñándose del cielo,
invita a los niños
a recuperar el alboroto.
Dorita.
insensatez.
No es hora
de quimeras.
Ni buscar en sus ojos
la quinta esencia
de la más aberrante estupidez
que a todo ser,
que en cualquiera dimensión
existiera,
dejaría estupefacto,
boquiabierto,
anonadado.
No es hora de quimeras
cuando los mortales
andan suspirando
por poder comer
el pan con alegría
sin la latente angustia
por un mañana que galopa
sobre amenazantes nubarrones.
Este neosurrealismo mágico
anda regocijándose
con la elaboración de la más atractiva
tela de araña
donde todos caigan,
de la que nadie escape.
Dorita
La niña
de las mil flores
tiene el alma
de colores.
Reina
de los corazones
auyenta los sinsabores.
La niña
de las trenzas de oro
y los ojos de azabache
jamás pronuncia la ache.
La niña
de mejillas sonrosadas
salta como una gacela,
baila como una peonza,
vuela como la mariposa.
Dorita.
La oración
ya no es sólo una ilusión,
un deseo
de que está enajenación
se termine.
La oración
tiene "sentido y razón".
La física cuántica
nos ha abierto la ventana,
nos llega al corazón.
Saliendo por ella
llegamos hasta Ucrania.
La oración
no sólo es una ilusión.
Puerta abierta a la vida,
a este trigo que ya germina.
No lo puedo palpar,
mi dimensión me lo impide,
si lo puedo constatar.
Dorita.
¿ Cómo se puede, amor mío,
vivir en la Tierra
sin la rosa
o la visita primorosa
de la mariposa?.
Siento la presencia
de su beso eterno.
Ángel encarnado.
Lucero furtivo.
Rayo encendido
que niebla atraviesa.
Mundo de tinieblas
queda fulminado
en el acto puro.
Dorita.
Ante los campos
de interminable cereal
las constelaciones
se estremecen.
Recuerdan el:"hágase".
Los trigales obedecen
multiplicando
sus granos para el hombre.
Dorita.
Cuando la noche se esconde
ante la luna encarnada.
Cuando de puro enamorada
envuelve de plata la baranda,
los laureles se estremecen
al son de los cascabeles
que bajan de la montaña.
Quieren ver cómo la luna
baila embriagada hasta el alba.
Dorita.
Antes del anochecer
el cielo regala colores.
Los usamos
en los sueños.
Transformamos
los recuerdos.
Evitamos
sinsabores.
Dorita.
Amistad
palpitando en mis entrañas.
Destinada a ser eterna.
Fisuras del alma
no sobre cristal.
Nos tan profundas
para el fatal desenlace,
para el papel
a la papelera.
Dura como el acero,
brillante como el diamante.
Destinada a ser eterna.
Mi alma palpita con su ausencia.
Pozo sin fondo de la canción.
Dorita.
Sus casas no pueden entender.
Robustas,
de legendaria sillería.
Orgullosas de sus moradores.
Se evaporaron sus almas.
Siguen flanqueando calles
dónde se respira
un silencio espeso
cuajado de desaliento y resignación.
Se masca
la humillación de la ausencia.
Las flores de los balcones
sustituidas
por zarzas y helechos
mostrando sus caras
entre las rendijas labradas por el agua.
Dorita.
La muerte,
enseñoreada,
contemplaba con agrado
la hierba por el sol quemada.
La tierra resquebrajada.
Los árboles,
sacrificando sus hojas,
descorazonados.
Las nubes,
desde lo alto,
hacedoras de vida
sus gotas
nos han regalado.
Dorita.
Entre la resquebrajada tierra
nace la hierba valiente
luchando por extender
un verde cálido hiriente.
Dorita.
Árbol encarnado,
mimado por los dioses.
Estallido de gracia
que el pájaro acompaña.
Sangre de España.
Encaje en sus flores
inmortalizando la Feria.
Flores
marcando el paso
a un universo carmesí.
Dorita.
Sufre la mañana
tristezas
de un desamor.
Se quedó prendada
de un hombre
que rompió su corazón.
Lo peor no fue el saber
que suspiraba por otra
o por otras.
Lo peor
el engaño,la traición.
"Roma no paga traidores".
La mañana amaneció
en mantilla de seda envuelta
para que nadie notase
su carita descompuesta.
Dorita.
Nadie más
que los álamos del río,
van contemplando
como las vidas
van caminando
hacía el mar.
Dorita.
Multiplicando
las infinitas dimensiones
la granada se desgrana
en la Vega de España,
la Vega de Granada.
Dorita.
En el alma
días de amapolas,
rojos resplandores,
agua que al pasar
canta a la vereda.
Cantos rodados
que se van limando
para el bello canto.
Cierra la ventana,
anda los pasillos
y en el otro ala
al mirar el vidrio
ve la triste imagen
de la niebla espesa
que todo lo envuelve.
Desde lo lejos
se van acercando niños de la guerra,
ojos espantados
que viven errantes
lejos de su tierra.
Dorita
Los colores de las hojas
al caer
muestra del gran tesoro
ofrecido
a la madre tierra.
Gemas,
que pulidas por el agua
con delicadeza y tiento,
acabarán jubilosas
en el gran estallido
de la primavera.
Dorita.
¿Florecerán
sus árboles en primavera
o guardarán luto
por la sangre derramada
en las hojas desparramadas
sobre pupitres inertes,
que en sepulcral silencio
esperan esperanzados
el gran día
de ser de nuevo ocupados?.
Dorita.
Todos somos perdedores.
No nos engañemos
con falacias e ilusiones.
Muy temprano,
perdemos la niñez,
nuestro más preciado Tesoro.
Perdemos la adolescencia
que por ser tan puñetera
hasta está bien el perderla.
La juventud se nos escapa
de un soplido,
entre las manos.
Y sin casi darnos cuenta,
por ahí vamos
paseando nuestras canas.
Y de pronto,
nos damos cuenta
que la memoria es traicionera.
Que día a día
no es la que era.
Perdemos seres queridos
arrancando un trozo
de nosotros mismos.
Y llega el punto final.
Para el creyente
de la vida eterna es consciente.
Para el ateo...
tal vez ni lo sea porque ....
¿Dónde está la línea del creer?.
¿Y quién lo puede juzgar?.
Dorita.
Habló
como no habla un hombre.
Sus ojos ardían sangre,
impávido ante la masacre
y los dientes que rechinan
de puro tragarse el hambre.
No diría un animal
por respeto puro a ellos.
Sí un ángel caído,
donde la materia hierve.
Donde se respira azufre.
No habló como habla un hombre.
De sus labios
palabras envenenadas,
sementera de las viudas,
gusanos que taladran hijos,
desterrados
a la ira y al engaño.
No habló como habla un hombre.
Arropado por siniestros personajes
coreando una canción
de miseria y de ultraje.
No hablo de animales
porque el animal es noble.
Dorita.
En el barrio
hay un parque.
En el parque
muchos árboles.
Junto a los árboles
bancos.
En los bancos
hay señores.
Los señores
tienen nietos.
Los nietos
en los columpios.
De los columpios
al agua.
El agua
salpica la fuente.
El agua
va cantando
las mismas canciones
de antaño.
Dorita.
Dicen
que en otro universo
existen
rosas de seda y lirios de terciopelo,
desconocidos colores,
ángeles candorosos
y montañas de alabastro.
Yo quiero
la tierra que piso,
la que el agua reverdece,
la que el sol torturador
maltrata y resquebraja.
Dorita.
Tu admiración,
tu asombro,al mirarme,
siguen inmaculados.
Y eso que nos lanzaron piedras,
arrancaron nuestra piel
hasta el escarnio- no es metáfora-.
En la + absoluta discordancia
no faltaron
esos ojos de niño deslumbrado.
Los frotabas,
querías averiguar
si aquello era tan solo un espejismo.
Luz lanzando un universo
imposible de abandonar.
Dorita.
No una palabra cualquiera.
No un nombre común.
Estado de ánimo
instalado en la humanidad.
Dorita.
No quiero ir
a otro planeta
buscando personas hermosas
que me hagan sentir y vivir
una nueva realidad,
lejos de aquí.
Tan solo quiero
poder seguir gozando
con las margaritas y las rosas.
Dorita.
La esperanza
está de parto.
No acaba de alumbrar.
Los frutos de aquel amor
que vivió su primavera,
que se llenó de vida,
que gozó de la hermosura.
Sus hijos,
a punto de ver la luz,
hallarán
una Tierra nueva.
Tierra
que a base de desengaños ,
de contemplar los desastres
de vivir a contrapelo,
deseosa anda
de ver los hijos de la esperanza.
Dorita.
Cada día me pregunto
si respondo a mi destino.
Si estoy dónde debo estar
o bien ocupo otro lugar.
La margarita y la rosa
deslumbran sin preguntar.
Yo no quiero deslumbrar
pero si no caminar
por sendero conocido.
Ni atajos
que no son sino retroceso.
Abrir mi propio sendero
y sobre él avanzar.
Dorita.
Nuestra Tierra,
la tuya y la mía,
anda girando
a ritmo desenfrenado.
Las estrellas asombradas
se esconden tras los nublados.
La Luna está aprendiendo,
quiere acoplarse a este paso.
El Universo,
en concejo,
preocupado se anda preguntando
que está pasando en la Tierra,
porque gira
a ritmo desenfrenado.
Dorita.
¡ Pero que antítesis!.
Cualquiera diría
que se trata de un virtuoso
cantante de mañanitas.
Pues no,se refiere
a un irresponsable.
Dorita.
De las lágrimas del cielo,
expulsadas del azul,
extrajo la tierra el verde.
El mar
ese su esmeralda.
Con sus idas y venidas,
presencia y añoranza
se nos antoja
indispensable.
Dorita.
Qué graciosa
la palabra...
copos y osa...
La nieve en las montañas
donde vive la osa lo es.
Dorita.
Entrando en la tierra,
sustento que fue
de mis padres un día.
Ancha la meseta,
el suelo cobrizo.
Entre los rastrojos,
van tomando asiento
nuevos encinares.
En la lejanía
se contemplan los viejos.
Allí,
donde las montañas cantan
los versos eternos
de la madre mía.
Dorita.
Claro...
de tanto andar por las calles,
si son adoquinadas con + razón,
te salen callos.
Dorita.
Elegido por Dios
para anunciar al hombre
la inmortalidad.
Para llevar a cabo su misión
se ve en la necesidad
de cambiar de color.
Su pequeñez
se transforma en fortaleza.
Alcanza la del León.
Dorita.
Como pudo ser
que la criba,
que con dulzura
cierne la harina,
haya degenerado
en tanta violencia.
Dorita.
Acción realizada
por ciertas personas
que perdiendo el control
ya no saben si son humanos
o aves.
Dorita.
Las espigas
se dejan crucificar
al ser su misión cumplida.
¿ Se puede acaso
entregar a la muerte
a jóvenes
que acaban de descubrir
en que consiste vivir?.
Dorita.
Mi paraíso
un campo con manzanos y perales.
Un membrillero
iluminando
las tardes otoñales.
Dos castaños
que por no ser del lugar
se sienten un poco extraños.
Un nogal
junto al regato
acarreando los frutos
a quien sabe donde.
Un estanque
que anda seco esperando
la más profunda calma
del invierno.
Quiere prepararse
para atraer
a lagartos,lagartijas,
zapateros,
jabalíes y corzos,
luciérnagas, saltamontes
y ratoncillos con bigotes.
Dorita.
La vida
en el silencio canta.
La ecléctica mariposa
que de la hoja a la rosa
va en busca de una unidad
difícil de imaginar.
La savia ascendiendo
hasta alcanzar,
la melodía sabía
que le hace al cielo
temblar.
El cielo temblando
le obliga a la lluvia a caer.
En todas sus tonadillas
del variado repertorio
hay armonía precisa.
En cada estación ,
a su antojo,
logra de la tierra
un sincero agradecer.
Dorita.
Transmutación del color
que vivifica.
Cansada la tierra de ardores,
de ese sol rabioso y fiero.
Al atardecer,
cae la calma,
serena brisa
empujando a andar deprisa.
Fresco en el rostro.
Así se expresa está época
en la que el follaje tiembla.
Nada es estable.
La lluvia
se va acercando despacito.
Se acompasa, borbotea
y la tierra se serena.
Dorita.
No puede ser
que las almas de los héroes
se pierdan.
Es seguro que Dios
manda a sus ángeles
a orientar
a los más diestros caballos,
con grandes ojos de azabache,
arrastrando carros de oro,
hacía el lugar de los muertos.
Los Ángeles cantan
mientras las almas se alzan.
En excelsa ceremonia
llevadas a lo más alto
a vivir eternamente
entre rubíes y esmeraldas.
Dorita.
Arranca
el ángel caído
de su miseria
un penetrante silbido,
envuelve la luna
en sangre
creando un invierno
infame
que crucifica a los muertos.
Ángel que no ve la luz,
agujero negro
en la Tierra.
Dorita.
Una mujer angustiada
anda a la luna mirando.
También la luna la mira,
la luna la anda mirando.
La mujer
no tiene fuerza
para la queja y el llanto.
Lleva en sus brazos un niño
apretado en el regazo.
La luna no parpadea,
la luna sigue mirando.
Ya no puede pensar más.
Su imaginación no encuentra
lugar
donde su cabeza reposar
Detrás de cada paso
la luna la va siguiendo.
Quisiera tener
una escalera de mano
para bajar a la Tierra,
para curar al herido,
para evitar el espanto.
Dorita.
Mi sangre
ya no es mi sangre.
Mi sangre
vive en el bosque.
Mi sangre
es ya savia
que subiendo a las hojas
disfruta del aire.
Mi corazón
busca con pasión
la compasión.
Busca
la dulce brisa de un nuevo amanecer.
De un atardecer
bailando al son de las olas,
besando el silencio de los astros,
respirando
el sabor de las montañas.
Dorita.
La cigüeña
nunca olvida su nido.
¿Cómo el hombre
se va a olvidar
del lugar que le dió
cobijo y abrigo?.
Dorita.
La mirada
de un hombre triste
ha cabalgado hasta el mar.
Su angustia
ha manchado el agua
haciendo a los peces temblar.
Dorita.
Anda afligida la luna
sobre el cielo Ucraniano.
Anda queriendo encontrar
heridas cicatrizadas;
los buitres oteando,
no se acercan a sus presas.
Los fusiles continúan silbando.
Sobre el alero de una torre,
unas palomas llorando.
Dorita.
Su vida no acabó
como trigo maduro
que con alegría y aceptación se entrega
sabiendo que tras de sí
la vida
de esperanza riega.
Su viva terminó
como trigo verde
castigado por la piedra.
Dorita.
Antes de que el Sol
todo lo agoste
y el trigo cual soldado valiente
se entregue en silencio
a la muerte,
las amapolas
parten a otros lugares.
Lugares
donde el agua
no es brutalmente arrebatada,
donde compartir es más fácil.
Las espigas,
a pesar de su aparente destrucción,
son sabedoras
del pan de oro
que en sus entrañas palpita.
Resurrección
haciendo posible
que la vida siga.
Dorita.
Como si tal cosa,
sin darse importancia,
los chopos
se van desvistiendo;
sembrando una alfombra
dorada y sonora.
Delicia otoñal de los viandantes.
La lluvia no llega,
una música resuena.
Todavía las ramas
hacen galas,
siguen exhibiendo
sus verdes ropajes;
más livianos,
etéreos.
Danza interminable
entre la vida y la muerte.
Dorita.
Tengo un huerto
con perales y manzanos.
Un pozo seco y un riachuelo
transformado en hilito
serpenteante y plateado.
Un solitario
rodeado de tupido encinar.
Sus visitas casuales
jabalíes y corzos.
Mi refugio sagrado
que no por vivir lejos es olvidado.
Dorita.
La estrellada noche
es nueva
cada día.
Millones de ellas
naciendo y muriendo,
dando
luz y vida a mis sueños.
Dorita.
El amanecer
tras la noche negra.
Rosa roja
rompiendo en pedazos un largo invierno.
Las amapolas
testigos de la danza del trigo verde.
Blanca mariposa
cuando ya no se la espera.
Con espera o sin espera
lo que ha de llegar
pronto llegará.
Dorita.
Inmensa tristeza.
Vida insatisfecha en busca de gloria.
Gloria que calme sus putrefactas heridas.
Entre la negra nieve
nace la amargura.
Lejanos clamores.
Cuerpos sin tumbas,
ni ramos de flores,
ni nadie que les llore.
A esta patria
le nacerá su alborada.
Rosas y claveles
brotarán de sus entrañas.
Tu gran tristeza
seguirá insatisfecha.
No habrá gloria para tí
ni en la Tierra,
ni en ninguna estrella.
Dorita.
Florece
el azul del mar.
A la Tierra
le brinda el verde
que rompe su soledad.
Los dos hermanos
agarrados de la mano
miran a un cielo radiante
cuajado
de estrellas brillantes.
Dorita.
Porque el mundo
se haya vuelto obtuso,
taciturno y desgarbado,
no por ello
ha dejado de ser hermoso.
En el estercolero,
floreció radiante
un granado.
Antes de su actual dorado,
estalló ardiente.
La vida de forma exultante
derramó su poderío.
Dejó patente
que nada ni nadie
la detendrá jamás.
Dorita.
derramó su poderío.
A la del agua
se van sumando:
sequía de sonrisas,
de bondad,
de amabilidad.....
y un largo etcétera.
Ansiosos esperamos
verlas terminar.
Dorita.
La lluvia no tiene prisa,
se nos hace de rogar.
Está pensando que con ello
la vamos a valorar.
Dorita.
Y entrando
en la arboleda
cayó la melancolía.
Aparecieron los rostros
de quienes,
en otros tiempos,
labraron aquella tierra
dándole vida da a la vida.
Sacandosela del pozo
que hoy ya no tiene agua.
Quiso el día
arrebatar la nostalgia,
transformarla en alegría.
Dorita.