El regusto por el pasado
signo de vejez.
Ando por el camino.
Hasta las monjas del colegio
dónde cursé bachillerato
se me representan
como heroínas.
Sabiduría y cordura
rezumaban estas mujeres.
Con calzador en el centro.
A los nueve sin leer.
Ironías de la vida,
mi profesora la Mateo.
Santanderina,
amiga de Gerardo Diego.
Se topó conmigo.
Como si tal cosa.
Aguantando el chaparrón.
La Iturriaga, con sus notitas,
chivándome
lo que al día siguiente sería preguntada.
Deslumbrando a una clase
que no entendía
lo que había ocurrido
con la paleta.
La Zubizarreta,
joven licenciada,
se desvía en alagos
al sacarme a la pizarra.
Por mucho que intento
descubrir
las bondades de esta época,
no lo logro.
Me disciplinaron.
Estudiante de por vida.
Dorita.
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