Nuestra encina
no es vieja,
solo tiene una veintena de años,
fue plantada
frente a la ventana de mi cocina.
Ha compartido,
en silencio,
mis soledades.
Buena maestra,
no ha parado de enseñarme;
lecciones
que yo no he aprendido.
Tan transparente
que pretendieron eliminarla.
Fue la vida
quién lo evitó.
Agradecida,
de tiempo en tiempo,
nos regala esmeraldas.
Dorita.
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