Soñabais la primavera.
Flores,
versos.
Inmenso universo de girasoles;
de sopetón,
un mar de rosas marchitas.
Las alondras y los mirlos
abandonaban el canto.
Erráticos sonidos
destrozados por el llanto.
Domingos
cayendo del calendario.
Los fantasmas se llevaron
los badejos del campanario.
Tiemblan los cimientos.
Tiemblan los monjes
desbordados
por los incesantes rezos.
Un solo país.
Un solo corazón.
Un solo puñal clavado
esperando ser arrancado.
Granada
puede entender, con rabia,
la tragedia desgranada.
Dorita.
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