Creyendo haber salido
de mi endémica soledad
lo celebro,
me vanaglorio de ello,
lo cacareo.
Justo ahí,
en el Zenit
siento el mazazo
que me hace caer del guindo.
Descubro el engaño,
me encierro en las valvas,
analizo lo vivido
y me encuentro con la rara,
con el perro verde
que siempre he sido.
Dorita.
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