Nada que ver
con los otoño- inviernos
de mi infancia.
El cortante viento
rajaba mis nudillos hasta la sangre.
Las heladas
obligaban a ir pisando con tiento,
al caminar.
Ante la nieve
todos se apresuraban a explicar
de que iba;
si era suave y contundente
o seca y arrasadora.
Si se iría pronto
o si el blanco de las cimas anunciaba
que detrás de una
nos llegaba otra.
Aquí, a punto de estrenar diciembre
con un sol de primavera
y temperatura de cualquier época del año.
Por todos los lugares
te encuentras
multitud de florecillas.
En Rucandio dirían
que nos espera un largo y frío invierno.
Esto es Cantabria,
ya lo veremos.
Dorita.