En la baja mar,
aparece la vieja barcaza.
¡Quién lo iba a decir!.
Esos años mozos
de bellas sirenas,
de rojos corales
y bellos paisajes
allende los mares.
Así lentamente,
encallada en tierra,
en casa
de toda clase de seres
se torna.
No por ello
la tristeza la alcanza.
Lejos de sentirse sola,
vibra en su esqueleto
una música eterna.
Dorita.
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