Un beso de amor para tí,
Año Nuevo.
Siéntete amado.
Te ofrezco
las granadas de Granada.
La Catedral de Burgos.
Las cerezas de Caderechas.
Te doy
lo que tengo.
Te pido
la Paz.
Dorita.
Un beso de amor para tí,
Año Nuevo.
Siéntete amado.
Te ofrezco
las granadas de Granada.
La Catedral de Burgos.
Las cerezas de Caderechas.
Te doy
lo que tengo.
Te pido
la Paz.
Dorita.
No sé si mejor;
sí muy diferente.
Los rayos del Sol
se esconden temprano.
Cuando la luna
se asoma,
las sombras de la noche
no son tan alargadas.
Los recuerdos llegan apresurados,
se agolpan.
Muestran
el valor de lo perdido.
Joyas,
que entre los trajines
de la vida compartida,
pasaron desapercibidas.
Cuando la vida se hace densa,
cuando contemplo
la ligereza en el vivir,
aparece ante mis ojos
la grandeza de esas vidas.
Capaces de hacer del trabajo,
del sacrificio y la entrega,
la razón de su existencia.
Dorita.
Certezas,
como en junio cerezas.
Vendidas
por pastizal.
Humo
que se lleva
el viento otoñal.
Dorita.
No me infravalores,
soy lúcida.
No me apabulles,
soy lúcida.
No te deshagas en explicaciones.
" Explicación no pedida,
acusación manifiesta".
Soy lúcida.
No digas
lo que me viene bien.
Soy lúcida.
Entérate,
no sé lo que les ocurre
a los otros,
intuyó lo mismo que a mí.
Soy lúcida.
Dorita.
Siempre en movimiento,
inspira
los más bellos pensamientos.
Lleva tatuado,
sobre su espalda,
el sacrificio,
el valor,
el coraje.
Gloria y belleza.
No por amargo
deja de curar heridas.
En su seno,
yacen gozosas las estrellas.
Bendecido,
acariciando a Jesús los pies,
quedó.
Dorita.
Gustan los niños hacer,
en las monótonas tardes
de diciembre,
sus aviones de papel.
Estudiadas aeronaves
que las expertas manos
hacen volar,
con precisión,
donde quieren.
Mis ojos se agrandan
contemplando la pericia
de estos alumnos que buscan
entre derivadas e integrales
un poco de diversión.
Cuando enfadada
pretendo parar la guerra,
es cuando los más pequeños
entusiasmados
lanzan pinturas y lapiceros.
Dorita.
Sobre la plaza,
el toro bravo
todo entero rejoneado
anda esperando
la muerte.
Quien paseara elegante
por la estepa castellana,
donde las regias encinas
de valentía y coraje
hacen alarde;
¿será esta tarde indultado?.
¡Ay Tierrita mía!,
no te restregues sobre la arena,
no retrocedas,
busca la muleta
con determinación y carácter.
Dorita.
La tristeza,
que nos impregna,
pasará.
Cicatriz del dolor
sobre nuestro corazón.
Las encinas
no mueren tras las heladas;
los surcos de las heridas
dibujan un mapa
testigo de lo acontecido.
Con fortaleza,
con serenidad,
daremos frutos.
Construiremos
sólidos ecosistemas,
perdurarán sobre la faz de la Tierra
por años sin término.
Dorita.
Las flores
mimetizan con la tragedia
que nos azota.
La tarde llora.
Los árboles
impávidos la contemplan.
Mi corazón
ansioso de que la roja nieve
deje a la sepulcral
enterrar a sus muertos.
Que la angustia
se deshaga sobre los campos.
Que resurja la ilusión
ante el estallido
de los cerezos florecidos.
Dorita.
El último día,
de la guerra,
una bala perdida
atravesó los sesos
de mi tío Francisco.
No logró,
mi abuela,
sacarse la espina
Durante los siguientes 50 años.
Hay países
que vivirán dolientes
por días sin término.
¿Qué han hecho
los inocentes
para sufrir los desvaríos
de los poderosos?.
Dorita.
Mis abuelos
no vieron el mar.
Bueno,
mi abuelo paterno
tuvo que ir a él
para curarse de una enfermedad.
Yo me enamoré.
Flechazo.
Aquí vivo,
junto a él.
Dorita.
Cualquiera diría,
los campos cubiertos de nieve.
La gente en sus casas
viendo tras los cristales
el azote del viento,
cargado de grises
dejándolos aterrizar
aquí y allá.
Cualquiera diría que un día,
como por encanto,
el verde trepidante
lo colonizará todo.
Los trigales asomarán
sus cabecitas,
anunciando
el pan nuestro de cada día.
¿Qué misterioso empuje
los obliga
a extender sus brazos,
a ofrecerse,
a inmolarse,
para que la humanidad
continúe viviendo?.
Dorita.
Os toca
un trabajo arduo,
sacar fuerzas de flaqueza;
A pesar del largo viaje
y el cansancio acumulado,
encontrad la divina estrella
que os guíe bien este año.
Como hicisteis con Herodes,
viajad
por nuevos caminos
para encontrar a los niños
que nacen entre las bombas,
entre los cristales rotos
de las casas derruidas.
Con frío y sin pañales.
Derramad
toda la gracia
de nuestro niño chiquito
nacido en un establo.
Que termine con la guerra,
que pare el llanto,
que los soldados
no sean crucificados.
Dorita.
Todas las ínfulas
de los poderosos
desembocan
en miseria,
dolor y lágrimas
de los inocentes.
Dorita.
No sé
donde en mi cerebro
se esconden.
No dan guerra.
Viven agazapados.
Siempre prestos
al toque de campana,
al semáforo en verde.
Una imagen.
Un sonido.
Una palabra.
El + ágil
toma la delantera.
No abandona la hebra
hasta dejar constancia
de su existencia.
Dorita.
Yo quiero, esta noche,
saber de tu esencia.
Sondear tu alma.
Acariciar tu mirada.
¡Entre tu pueblo y el mío
hay tanta distancia!.
¡Dejaste,en mí,
tan profunda huella!.
Por tu aroma
a jazmín y rosas
quedó mi vida empapada.
Como pájaro,
como mariposa.
Anhelo verte,
abrazarte,
respirar tus mejillas,
degustar tu esencia.
Dorita.
¿Porqué vivir mal
si se puede vivir bien?.
Nosotros los hombres
erre que erre.
¿Porqué vivir bien
si podemos vivir mal?.
Los errores,
los sinsabores,
no dan derecho a alentar
la destrucción.
Gran sinrazón.
Dorita.
Tan cercanas,
en el tiempo,
las tristes,
escalofriantes vivencias
en Kosovo y Serbia;
Huyendo de tentaciones
ofrecidas
por oscuras intenciones,
abracemos negociaciones;
Evitemos
con uñas y dientes
caer en el pozo oscuro y negro
de la guerra.
Dorita.
Castilla austera,
no triste.
Los pájaros se esconden
entre las hojas
ajadas y secas.
Se camuflan
entre los pardos colores.
La estepa
se extiende ocre.
El muérdago sobre las ramas
intensifica
el sabor de la Navidad.
Canto a la vida.
Triunfo.
Resurrección.
Invitando
al encuentro y a la Paz.
Se multiplica
rodeando a San Pedro de Cardeña.
Allí,
la Alegría y la Paz
brotan
como el agua
donde los patos han decidido quedarse.
Donde los campos
siguen dando la bienvenida
al visitante.
No importa ni la edad,
ni el sexo,
ni la nacionalidad.
Acogida eterna
en lo que es ,
ha sido y será
Castilla.
Dorita.
Los corazones
cristales rotos.
Las casas
en llamas.
Las escuelas
sollozando.
La alegría
derramada al mar.
Dorita.
¿Quién limpiará
las manchas
de los corazones
mancillados?.
¿Quién quitará
de los ojos
los horrores
contemplados?.
¿Quién devolverá
maridos,
novios,
recién nacidos?.
¿Quién logrará
entrar en razón
a un mundo
que perdiendo la cordura
vive atormentado?.
Dorita.
De sentirse bien,
esta Navidad.
¿Qué celebramos?.
Se adelantó
la Semana Santa.
Crucificados
a miles.
Ignominia
con nuestros ángeles.
Espadas
atravesando los corazones
al pie de las cruces.
Dorita.
No quieren saber
de movilizaciones,
de guerra,
de madres sollozando,
de indebidas obligaciones,
de traiciones,
de monedas de cambio.
No hay ignominia mayor
que la crueldad
con los pequeños.
No nacieron
para ello.
No nacieron
para que los mayores
les arruinen
infancia e ilusión.
Dorita.
Aún quedan
en los árboles.
Las golden.
Pequeñas bolitas colgando
en desangelados querubines.
Llevan días llamándome.
Deseando corresponder.
Todo andará
pardo y tristón;
Esas frutas saben
a sacrificio y dolor,
a ilusiones y desengaños.
A vida,
a hijos,
al aroma
de lo que fueron y soy.
Dorita.
Si sopla,
si silba de forma arrebatadora,
roba los pensamientos.
Nadie sabe a dónde van.
La mente
queda barrida.
El corazón en un puño.
Te enfrenta
a tu lado oscuro.
Si pasa rápido
nuevas ideas toman posesión,
se asientan.
Si se enseñorea
surgen
de las profundidades abisales
criaturas de todo pelaje.
La lucha,
por la supervivencia,
atroz.
Dorita.
En no pocas ocasiones
se ve venir.
Soy yo
quien no quise hacer
caso de los indicios.
Ante ciertos gestos,
desplantes,
miradas huidizas,
la relación solo puede ir a peor.
La retirada
no es cobardía.
La retirada
evitarse
disgustos y sinsabores.
Dorita.
No es que te expulse
de mi vida,
no es eso.
Prefiero
ni mirarte siquiera al pasar,
como si jamás
te hubiese conocido,
a seguir preguntándome
el porqué.
Después de mucho pensado,
después de todo escudriñado.....
pero si nunca hubo
relación estrecha.
No puede haber desencanto
cuando nunca hubo encanto.
No hay un porque.
Un hacer daño gratuito.
No deseo ningún mal;
al contrario todo el bien.
Mi campo de visión
no alcanzará ,ya,su figura.
Dorita.
Todos volvemos,
por Navidad,
a casa.
Imperiosa necesidad
de no abandonarse a la derrota,
al pesimismo.
El frío nocturno
invita a quedarse,
a unirse,
a perdonar,
a olvidar.
Más este Año.
Sin darnos cuenta,
casi sin enterarnos,
se nos cayó
el cielo con la luna y las estrellas.
Desde entonces,
vivimos estrellados.
Dorita.
En las noches,sin luna,
del invierno que recién se estrena
se ven en el cielo luceros.
Las almas de los inocentes
arrebatadas a sus madres sin duelo.
Los luceros son niños
que desde lo alto
van cantando canciones
al niño que de camino viene.
Por senda de plata y acero
a la Tierra se acerca.
Trayendo a los hombres
el mismo mensaje de siempre.
Paz y alegría
a todo el que quiera vivir
en gozo,en armonía.
Cantad angelitos del cielo,
extended esmeraldas y oro.
Alabad
al por siempre esperado.
Al incansable.
Al presto.
Al que abre los oídos al sordo.
Al que da luz a los ojos ciegos.
Dorita.
Los colores
de las hojas de los gingos,
sobre las aceras,
hacen luminosas las pisadas.
El invierno
ha sido capaz
de retroceder en el tiempo.
Las terrazas,
sin necesidad de calor impostado,
gozan de la algarabía,
del alboroto
de la primavera, verano u otoño.
Todo juega al despiste.
Juego que pareciendo inocente
es perverso.
Lo perverso de aparentar normalidad
cuando de normal no tiene nada.
Dorita.
En la taladrada noche,
busca la soledad el silencio.
Escapando
del aullido de los lobos,
ignorando
el silbido de los vientos,
desdeñando
el bramido de las aguas,
huye el silencio del sonido.
Tras el grito,
tras el desencanto,
busca el silencio un encuentro
con el silencio mismo.
Dorita.
Este aire gélido
de persistente infierno
rompe el azul en pedazos.
El espejo
se estrelló contra la tierra
desparramando heridas,
rompiendo ilusiones.
Cada pedazo
lleva en su seno
lo que un día fue y no es:
alegría,
vida,
música.
Los pájaros cantores
huyendo
de amarguras y sinsabores.
Los campos de trigo y amapolas
barrizales
manchados de sangre y dolor.
Las bulliciosas calles,
en silencio sepulcral,
esperando la caída de las bombas.
Las heridas
irán sanando;
no hay pegamento
para restaurar el espejo.
Dorita.
Están las malvas
marchitas,
al lado del Camposanto.
Las campanas
voltean tristes,
ya no reprimen su llanto.
Todos los campaneros,
subidos en sus campanarios,
hacen sonar las campanas.
Llaman a la oración
por todo lo que anda pasando.
Dorita.
Porque,hoy,
la mentira
no se ponga sonrosada,
ni se quede acobardada
cuando se la ha descubierto.
Por el contrario,
saliendo a la defensiva
se cargue de mil razones,
vaya esgrimiendo argumentos
con la perversa intención
de arrancar las emociones
más profundas.
No por todo ello
la mentira
deja de ser mentira
y el que miente
un mentiroso.
Dorita.
Me niego a pensar
que la muerte sea la muerte.
Me niego a renunciar
al reencuentro.
Me niego a no ver
a los que tanto me amaron.
Hasta la médula
soy consciente de ello
ahora que se han ido.
Mi amor
más puro,
más profundo,
más eterno.
Ni puedo,ni quiero renunciar
a un abrazo
fuerte y seguro.
Dorita.
Hay tristeza profunda en Diciembre.
Los espíritus de los muertos
reclaman ser recordados.
Los vivos
sentimos
el vacío de la luz.
Monotonía en la lluvia.
Sol de brujas.
Se agudiza la melancolía.
Los recuerdos se agolpan
pretendiendo imponer ese:
"Cualquier tiempo pasado fue mejor".
Cuesta sacudirse el polvo
a las espaldas cansadas.
Salir a dejarse refrescar
por la niebla y la escarcha.
Trajo las fuertes heladas
dejando la tierra abandonada,
solitaria y tiritando.
No sabe porque todo esto está ocurriendo.
No sabe que hacer
ante la nada.
Solo se escucha
la música profunda del viento;
en su corazón
la vida palpita.
Madre cansada
que no duda en prestarle
a sucesivos alumbramientos.
Dorita.
A veces pienso:
"para que seguir escribiendo".
Sin rendimiento material,
tangible;
sin embargo vuelvo.
Impulso vital.
Necesidad imperiosa
de seguir comunicándome
conmigo misma.
Esa hoja en blanco
interpela.
Busca la caricia
del lapicero que se desliza.
Busca la impronta y la huella.
El papel que rebusca
tratando de arrancar
una mirada
más limpia,
más auténtica,
más transparente.
Dorita.
Lo que resistió
todas las tormentas
fueron tus besos.
Ese ímpetu,
esa necesidad.
Nunca me ocurrió antes.
Sí,
me amaron mis padres,
mi hermano,
mi prima
y mucha gente más.
Solo tú
después de treinta años
besándome
como el primer día.
Dorita.
Estando
la luna negra,
andaba entre las sombras
quien buscaba esconderse
de la dañina zozobra.
¿Dónde está
el ángel caído
que le inyectó en las entrañas
el veneno de venganza?.
Por ningún lado aparece.
Solo en la noche y a oscuras,
cargado va
con su culpa.
No hay remedio
porque el daño
ya está hecho.
Dorita.
Cuando
el día finaliza,
antes de dar la bienvenida
a los sueños,
un solo pensamiento:
" que la guerra termine".
Dorita.
El cielo enturbiado,
hace frío.
No por vivir lejos,
no por escuchar ,todos los días,
la misma cantinela
va la tragedia amainado.
Los valientes,
son muy valientes,
no se quejan lo que debieran.
La tragedia,
enquistada,
sin cirujano que extirpe
el tumor.
La vergüenza
ennegrece los corazones.
Los cuervos
vuelan alto.
Las conciencias golpean espetando
que nada está escrito.
Entre todos
debemos alejar el espanto.
Dorita.
Pinché el tiempo
en aquel mapa.
Ciruelas rojas colgando
de árbol desangelado,
puesto quien sabe por quién
al final de la vereda.
El de las manzanas de la manteca
riéndose
de los nuevos experimentos.
Allí se quedó
amarillo entero.
Descorazonando
a los que pretendían sustituirlo
por esos jovenzuelos de moda
que gustan de exhibirse
como si no hubiera un mañana.
Hoy he vuelto a pasar
buscando el reencuentro.
Robles,quejigos y encinas
me salieron al encuentro
borrando de un plumazo
mis recuerdos.
Dorita.
Recuerdo aquel día que,
al entrar en clase,
mi corazón
latió con fuerza.
Alegre y tímida al tiempo.
Sentí
conocerte desde siempre.
Esperé.
Quería cerciorarme
de que un día
en tí resonaria mi canto.
Sabes,muy bien,
que siempre estuve
desbordado con tu encanto.
Mis pensamientos
se llenaron de esperanza.
Mis castillos,
el agua se los llevó.
Me veo como un tonto.
Pero no,
no es de idiotas amar.
Amar es de valientes.
Pretendiste que creyera
tus puras y limpias decisiones,
casi lo consigues.
Te traicionaron los hechos.
Tu renuncia
a ir con el grupo a París
dejó en evidencia
que mi amor no fue correspondido.
La próxima vez
se franca.
El amor verdadero
no merece ser abofeteado.
Dorita.
Se me antoja
que el rojo
tiene su "Ay".
El rojo
anda llamando
al arrojo.
Ese rojo
lanzado por el volcán,
que miramos de reojo.
Rojo
que se encarna en verde.
Roja
la sangre que unifica,
que vivifica.
Dorita.
Árboles,
centinelas de la noche.
¿Oísteis,
entre todas las estrellas,
decir a alguna de ellas
donde están
mis seres amados?.
Si no fue así,
en lo más oscuro,
cuando todos duermen,
rogazlas que aprendan
donde,
por los que mi corazón palpita,
están.
Dorita.
Junto al azul eterno
anda la sombra cansada.
Va recorriendo las calles
con las luces apagadas.
Las farolas centelleantes
rasgan el adoquinado
como a una piel de serpiente.
En un silencio profundo,
resuenan unas pisadas
sobre la calle mojada.
Las estrellas del ancho cielo
se apiadan de su mirada;
no reconocen al niño
que corría de chiquillo
Rambla abajo al pasadizo
para meterse en el agua.
Este hombre
ya no es hombre,
lleva en el pecho un puñal.
Presume de valiente.
El alma lleva manchada.
Dorita.
Del más desconcertante hastío.
Del cruce de cables
en aquellos días,
surgió la chispa
que ilumina mi vida.
Dorita.
No soy nada,
en la Tierra.
No soy extraterrestre.
Me siento
polvo de estrellas.
Me basta.
Dorita.
Ni sombra de lo que era.
No necesito
ni aquellos años,
ni sus sombras,
ni sus luces.
La sombra de hoy
más ligera,
apresura el paso.
Va renunciando
a ser sombra.
Va uniéndose.
quiere ser
la cruz de mi persona.
Dorita.
Un elefante
pisó sin querer
a un guisante.
Este sintióse morir.
Se abandonó,
sin esperanza,
a una segura muerte.
Pasó un mes,
pasaron dos,
pasaron tres.
Desafiando presagios
sintió ,en su interior,
la vida.
Y ocurrió
lo sorprendente,
lo alucinante;
aquel diminuto guisante
creció exuberante.
Regaló flores,
salieron guisantes.
La planta vibró radiante.
Dorita.
Bienaventurados
los que al mirar a una mariposa
ven a una mariposa.
Bienaventurados
los que sienten
el roce de la hierba al pasar.
Bienaventurados
los que ven la bondad en todo,
también en el hombre.
Bienaventurados
los que saben
de la amistad del viento.
Bienaventurados
los que agradecen al árbol
su generosidad.
Bienaventurados
los que cambian su destino
para salvar a la humanidad.
Dorita.
Desde mi ventana,
os veo en el parque
dejando caer lentamente
el oro de vuestras hojas.
Como se transforma en chatarra
chascarreando
tras las pisadas de los niños.
Atrás quedaron
los risueños pájaros cantores.
Solo en las alturas,
en bandadas,
buscando un lugar
donde reposar su cabeza.
Quedaron sus ramas
solitarias y tristes.
En su corazón latiendo
la larga espera.
El gozar un día
de la gloriosa primavera.
Dorita.
Sobre una telaraña,
cayó la mariquita.
No supo ver
que tras la delicadeza
de la más bella tela perlada
se encontraba
su zozobra,
su infortunio,
un negro pozo sin fondo;
Una niña paseando
se topó
con el hiperrealista cuadro.
Por no estar en un museo,
no dudó en acercarse,
poner en su mano al insecto,
hacerle contar sus dedos,
formular un deseo
e invitarle a volar.
Dorita.
Tendidos
sobre la nieve
todos los colores,
todas las banderas,
todos los países.
Todo se desdibujó
quedando helado.
Noche de abril
arrasando
la flor de los cerezos.
Fuego en la tormenta
dando al traste con la foresta.
Tras tres días
de noche interminable
una margarita resucita.
Dorita.
Te cruzaste
en mi camino.
Aprendí
que mi savia era sabía.
Podía cambiar el cauce
viajando
por otras ramas,
escuchando mejor
al mirlo y al ruiseñor.
Descendiendo a la tierra,
con el agua y el mineral,
alcanzar el sueño de viajar
dentro
de los que saben del color.
De los dulces sinsabores.
De esperar
todo un invierno para,
tras de la preñez,
alumbrar las flores.
Dorita.
Poseída por las musas,
hadas,
la grandeza de lo inconsistente,
de la magia.
Desposeída de riquezas,
pompas,
de artilugios y lujos.
Allí,
donde una chispa de luz
hace que el universo
vibre al unísono,
está la poesía.
Dorita.
Le pido
al buen Jesús
que haga el milagro.
Como al ciego
la luz le dió,
se la dé también
a la humanidad.
¡Ahora ciega!.
Anda a tientas,
sin rumbo,
a la deriva.
Dorita.
Los días
se hacen chiquitos,
silenciosos.
Los árboles
van dejando lentamente
sus ropajes,
deshilachados sobre el suelo.
El parque
atravesado por señoras presurosas,
bien arropadas,
con balanceantes bolsas.
Las telarañas
más visibles,
transformadas en obras de arte
bajo la mano de artista
del rocío.
Ni caracoles,
ni lagartijas,
solo alfombras coloradas
con toda clase
de naranjas y ocres.
Alfombras que cada día,
como los propios días,
son diferentes.
Dorita.
Reza,
que no te vean.
Más incomprendida
que Calimero.
No quieren ver
ni tu pericia
ni la belleza de tu trabajo.
Acabarán contigo.
Dorita.
Una mariposa blanca
se ha posado
sobre una rosa roja.
En todo el rosal
solo está ella,
por no haber
ni hojas.
La rosa roja
feliz con la mariposa.
No está sola,
es muy graciosa.
Dorita.
Lo peor,de esta forma de ser,
es saber casi literal
lo que los otros están pensando.
Saber que estás siendo juzgada.
Lo que es más
por los que no saben nada sobre tí.
Ser juzgada por lo que se imaginan,
por lo que querrían que fuera o hiciese
para afianzarse en sus juicios.
Después de veintiocho años aquí,
he escuchado comentarios
que me han dejado estupefacta.
¡Con el empeño,
con el celo que he puesto en mi profesión!.
Sí,
es verdad,
hubo un tiempo
que venían niños a tropel
enviados por padres y madres
buscando el milagro.
No sólo tenía que enseñar,
también llenar el vacío
creado por la no presencia de ellos
en el núcleo familiar.
Al final,
quedan los que quieren aprender.
Se crean lazos.
Amistades de por vida.
Dorita.
No tengo energía
para enfrentarme
a hacer algo
que sea juzgado.
¡Ponerlo sobre papel...
para que nadie lo lea!.
Si cayera en manos
de los entendidos,
se apresurarian a decir
que no tiene estilo propio,
que es infantil
y un sinfín de objeciones.
Me dejarían
doblegada y triste,
sin ganas de volver a escribir.
Como de mi vida forma parte
y tanto bien me hace
rehuyo el peligro.
Prefiero seguir así.
Expresando
sin demasiadas florituras,
sin tapujos
lo que siento.
Aferrada al lapicero
sabiendo que me ayuda a sobrevivir.
Dorita.
Odio ese mi discurso
sobre un pasado idealizado
de lo que pudo ser y no fue.
Cuando viviendo
todo lo que hoy echo de menos
no era
ni más feliz,ni más plena,
de lo que hoy,
a pesar de la dureza de lo vivido,
soy.
Al final,
todas esas historietas
que mi mente
me quiere hacer creer
no son sino falacias,
una forma de distraer,
de apartarme,
de impedirme vivir en plenitud
todo lo que hoy estoy viviendo.
Dorita.
Tienen
los romances viejos
un aire melancólico.
Saliendo
de bocas castellanas,
mientras las manos
las habas secas desgranaban.
Tragedias
que atrapaban
a doncellas inocentes.
Amantes
cuyos padres
su amor no permitían.
Lo cantado,
lo vivido.
Relatando entremezcladas
historias personales.
Viejas,
inconfesables.
Iban saliendo,
iban curando
corazones heridos.
Dorita.
Amo la Naturaleza
porque sí.
Desde pequeña.
Ni me acuerdo.
Me sentía bien
en medio de ella.
En los haberes,
entre los árboles,
cogiendo cerezas o setas.
Contemplando las amapolas
o las golondrinas.
Por los niños, de mi edad,
era cuestionada.
No me gustaba.
Me sentía rara.
La Naturaleza
mi tabla de salvación.
Dorita.
No sé
que tiene el otoño.
Se puede estar en casa
calentito,
bajo una manta;
ese cielo gris
que chulea de serlo,
esa lluvia intermitente
que le acompaña
cuando quiere,
se han pegado a mi alma
como lapas.
No debiera gastar calefacción,
ahora que tan cara está,
no hay forma
de hacer reaccionar
a mi melancólico corazón.
Dorita.
Sin máscara,
sin armadura,
ni tan siquiera la cara dura.
Así,
sin vestimenta alguna,
a la intemperie,
he logrado sobrevivir,
y no sé cómo, hasta el día de hoy.
La estúpida credulidad
en la bondad humana
me ha acarreado
no pocos males.
Continuo......
con la mirada estupefacta
ante la gente,
ante la vida.
Dorita.
A mi margarita
le duele la garganta.
Mi abuela le ha tejido
una bufanda blanca.
A mi margarita
le duele el corazón.
Le he comprado
un gran caramelo de algodón.
A mi margarita
le duele su tripita,
para que se cure
le he puesto una tirita.
Dorita.
Sí,
cada día me trae
el regalo de la hierba,
de las flores,
de la luz y de la lluvia.
Reales.
Cada día se superan.
Inmaculados y frescos.
Dorita.
El regalo.
El tesoro.
La mirada.
La mirada a los campos
reverbera en mi corazón.
Alza el vuelo a las abejas.
Bajan las nubes al suelo.
Entra la montaña en el charco.
Hiperrealismo en el río.
Dulzura en la lengua
de la flor del cerezo.
Dolor
de la espina del espino.
Asombro ante la rosa roja.
Dorita.