Cualquiera diría,
los campos cubiertos de nieve.
La gente en sus casas
viendo tras los cristales
el azote del viento,
cargado de grises
dejándolos aterrizar
aquí y allá.
Cualquiera diría que un día,
como por encanto,
el verde trepidante
lo colonizará todo.
Los trigales asomarán
sus cabecitas,
anunciando
el pan nuestro de cada día.
¿Qué misterioso empuje
los obliga
a extender sus brazos,
a ofrecerse,
a inmolarse,
para que la humanidad
continúe viviendo?.
Dorita.
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