Los colores
de las hojas de los gingos,
sobre las aceras,
hacen luminosas las pisadas.
El invierno
ha sido capaz
de retroceder en el tiempo.
Las terrazas,
sin necesidad de calor impostado,
gozan de la algarabía,
del alboroto
de la primavera, verano u otoño.
Todo juega al despiste.
Juego que pareciendo inocente
es perverso.
Lo perverso de aparentar normalidad
cuando de normal no tiene nada.
Dorita.
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