Te cruzaste
en mi camino.
Aprendí
que mi savia era sabía.
Podía cambiar el cauce
viajando
por otras ramas,
escuchando mejor
al mirlo y al ruiseñor.
Descendiendo a la tierra,
con el agua y el mineral,
alcanzar el sueño de viajar
dentro
de los que saben del color.
De los dulces sinsabores.
De esperar
todo un invierno para,
tras de la preñez,
alumbrar las flores.
Dorita.
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