Por mucho
que la vislumbramos....
allá en el horizonte,
sostengo
que al ir hacía ella...
se nos escapará.
Dorita.
Por mucho
que la vislumbramos....
allá en el horizonte,
sostengo
que al ir hacía ella...
se nos escapará.
Dorita.
Ni en la punta del iceberg
de eso que se ha dado en llamar:
"Conciencia Cuantica".
Dorita.
Lo mejor
que se me regaló...
mi idiosincrasia.
Indomable.
Gracias a ello
para poder sobrevivir
me he visto obligada
a abandonarme enteramente
a la vida.
Dorita.
Pues vaya usted a saber.
Pregúntaselo a los jóvenes
que andan por ahí
cariacontecidos.
Que no porque no estén revolucionados
son incapaces o idiotas.
Nada de eso.
Han tirado literalmente la toalla.
Y como el resto
debemos de andar cómodos
con la situación
o por lo menos
eso aparentamos ....
pues eso......
a esperar de brazos cruzados
cuando y como llega el derrumbe.
Dorita.
En los barrios periféricos,
concretamente en el nuestro
late la vida con inusitada fuerza.
No siempre mejor;
sí más real.
En no pocas ocasiones,
desgarradoramente real.
Forma de vivir hiriente
para quien es capaz de ver en los ojos
de la juventud......
que no esperan demasiado...
que no esperan nada.
Ni los que trabajan,
ni los que viven de esas migajas dadas
como quien regala una limosna.
Todo ello deja en su parentela
algo así como la letra escarlata.
Marca a hierro que les causó dolor,
en su día;
de la que solo queda una señal
que con vergüenza llevan.
En ocasiones,pretendiendo revestirse
de dignidad,
lo hacen con orgullo.
Del que para nada están seguros.
Forma de vivir de la que todos somos
cómplices.
Dorita.
Han tenido a bien
instalarse el nuestro barrio
un joven matrimonio
de normal apariencia.
Capaces,
de pura normalidad,
romper la mediocridad.
Intensamente trabajadas....
sus horas....
después a lo suyo,
dos hijos.
Miradas cómplices.
Ni entran en discusión,
ni en juicios de valor .
Bromas castas.
Cordura,
en acontecimientos salidos de tono.
De pura normalidad....
extraordinarios.
Casi imprescindibles.
Rompen la monotonía asfixiante
e insana,
que se había adueñado
de nuestra zona.
Dorita.
No faltan
quien las encuentran.
Imposibilidad de soportar
en las que se les obligó a vivir.
Allí,
en las por ellos elegidas,
creadas,recreadas,imaginadas,
van sobreviviendo,
sin tan siquiera saber
donde se hayan.
Dorita.
Lo políticamente incorrecto
estremece;
te agarra las entrañas
haciéndote temblar.
Auténtico y fascinante.
Cuanto más incorrecto,
más brillante.
Todo un....
sin pulir diamante.
Tan crudo,
veraz y lógico
que espanta.
Dorita.
Lo de los poetas hoy......
pues eso....
literalmente por amor al arte.
Algo brilla
más que un diamante.
No por eso se deja de escribir.
En ocasiones muy bien.
Dorita.
Había salido de su tierra.
Alentado por el reconocimiento
de una mente prodigiosa.
Lo era.
Pez fuera del agua.
No volvió a nadar.
Dorita.
En treinta años,
que aquí llevo,
cambio de imagen radical.
Placer,
de por sus calles pasear .
Explendido
que no glamuroso.
Inmensas posibilidades de transformación
que continúan produciéndose.
No estoy segura
de que con su espíritu
esté ocurriendo igual.
Dorita.
Cuando me sentía
profundamente sola.
Esa clase de soledad
dañina,
no buscada.
Cuando vives en ella por desconocimiento.
Cuando aún no has aprendido
qué jamás estás sola.
Bueno,
cuando me encontraba ahí,
miraba al cielo.
Pasaba horas
viendo correr las nubes.
Sus formas,sus colores.
Su inmensa belleza.
Seguía sintiéndome sola
pero ya no era la misma soledad.
Era más calida,menos agresiva,
menos dañina.
Dorita.
Porque romper
lo aceptado,
lo establecido.
Porque aniquilar
lo que los hombres
ni tan siquiera pensaron
que ello fuese bueno.
¿Y después que?.
Al ir a dejar caer tu pie
al otro lado de la línea
que paso de ser imaginaria
a materializarse,
¿no te lo vas a pensar dos veces
y vas a obligar a tu pierna
a retroceder?.
Forma inevitable
de evitar el dolor.
Sufrimiento de ver que es ajeno
todo lo que un día
fue querido y cercano.
Dorita.
Ni el aire encantado,
ni el cielo azul.
No han llegado las cigüeñas,
ni huele interesante a mar.
Ni tan siquiera se ven desde la ciudad
las lejanas montañas
completamente nevadas;
a pesar de un viento sur,
que nos tiene atontados,
nos lanzamos todos a la calle
ligeros de ropa.
Los niños a tropel en el parque
y el resto
con ganas de encontrarnos y charlar.
Dorita.
Se dice
que finalmente
leemos......
¿Y lo hacemos
introspectivamente?.
Se me antoja
muy interesante.
Dorita.
Cuando la noche
se adueña del lugar,
gustaba de pasear plácidamente
por los caminos forestales.
El tiempo de encontrarme con los sueños
era marcado por los animales.
Los corzos se hacían visibles,
de repente,sin previo aviso.
También podía ver
algún que otro ciervo.
Era sobretodo el jabalí
quien ,con mayor o menor contundencia,
me advertencia
que no era bien recibida
en las cercanías donde las sosegadas piaras
trataban de buscar los suyos.
Dorita .
¿Y si lo realmente genuino,
lo deseado,fuera
que siguiera aumentando
la población de corzos
corriendo despreocupados
por sus calles?.
¿Y si a base de rencillas
y malquereres
el espíritu delpueblo hubiera decidido
que sus mejores habitantes
no fueran los humanos?.
Dorita.
La sombra del ciprés
sobre los soldados ucranianos
nunca debiera haber sido proyectada,
ni tendría que continuar
teniendo lugar.
Tan solo la de la duda
ya estremece.
La cárcel y la esclavitud
negra y devastadora tormenta.
Dorita.
No volvió
a ser París,
tras la primera guerra mundial.
La desconfianza
se instaló.
Mancha feroz
que ni la lluvia,
ni la nieve,
lograron que desapareciera.
Tampoco Rucandio
recobró su esencia
tras nuestra guerra civil.
Sí,
las casas siguieron estando
siempre abiertas;
en su corazón latiendo
la amargura.
Las flores de sus cerezos
no han sido capaces
de completamente disipar.
Otra catástrofe del pelo
no ha de tener lugar.
Dorita.
Ha dejado de ser
el de las fotos.
El que pica
sobre los troncos de los pinos.
El tuyo
cada mañana,
a la misma hora
en tu ventana.
Si no hay migas en el alféizar,
picotea.
Igual
en invierno que en verano.
Cita
con emoción esperada.
Amor...
correspondido.
Dorita.
La mirada alegre
de un desconocido.
Las voces de los pequeños,
en el recreo
del Elena Quiroga.
Pocos los días
de vida encarnada,
antes de tu muerte súbita;
siento tu energía aquí,
junto a mi hombro izquierdo.
Sé tu nombre: Eduardo.
Dorita.
Cuando te sientes tranquilo
y en armonía
de repente
llega el desasosiego
que te obliga
a seguir resolviendo
nuevos retos.
Dorita.
Impresionante.
Pequeños errores
cometidos hace cincuenta años,
de pronto
se hacen presentes.
Dorita.
casi aguantarse
sobre sus pies;
con valentía
sale a la calle.
Hace bien.
El impulso latente de la vida
en los ojos de los s niños,
el canto de los pájaros
sobre los esqueléticos árboles
le sostienen.
Dorita.
Mirándolo bien,
ninguno de los hombres
que han marcado mi vida
han estado a mi altura
en valentía.
Me habrán superado
en muchas cosas,
no en valentía.
Dorita.
Jugando
con las palabras
un desajustado y desbordante
ritmo
me marca
el punto de enamoramiento
y unión con ellas.
Dorita.
Te apoyo
en esta tu gesta.
No porque no sienta
que anda preñada de peligros,
sino porque sé
que dará a luz
verdad.
Dorita.
Vuelvo
al refugio de las palabras.
Difícil de creer
para quien no ha degustado
el calor
de la imaginaria chimenea
con sus troncos crepitantes
que en ella lanzan
embriagadores colores.
Dorita.
Mandé desbrozar
la huerta de cerezos.
Mis ojos sufrían
contemplando el abandono,
el asilvestramiento.
Los viejos manzanos
solo dan
reinetas
que ni para compota.
El peral....
da pena verlo.
Habrá que talarlos.
A los cerezos no les gusta la poda
y el desinterés
les ha venido de perlas.
Da gusto verlos.
Este verano podré entrar.
El otoño pasado no cogí
ni las nueces,
ni las avellanas.
Las zarzas me lo impidieron.
El tiempo ,
si no lo cura todo,
amortigua los sentimientos.
Ya puedo mirar por la ventana
sin que mi estómago
se haga un rebujo.
Dorita.
Pareciera
que la vida
no tiene sentido;
bien mirado
todo en la vida
tiene sentido.
Dorita.
¡Con que furor
me decían en la universidad
que Dios no existía!.
Parecía
que era un dogma de fé
o que ya lo habían demostrado
en el laboratorio.
Estudié
Ciencias Biológicas.
Ponerlo en duda
hizo que me sintiera rara,
desfasada.
Yo tampoco lo sabía;
nadie, absolutamente nadie
fue capaz de demostrarme
que Dios no existe.
Dorita .
No puedes traerme
toda la verdad,
ni tan siquiera
la que crees te pertenece.
Si pretendes imponérmela,
aléjate.
Dorita.
El que no veamos claro
el sentido
de nuestra vida
nos obliga
a encontrarlo
en casa instante,
cada día.
Dorita.
¡Qué empeño
ponen algunos
en negar la existencia de Dios!.
Pareciera que les va la vida
en ello.
Dorita.
Si solo muestras
tu caparazón,
si te escondes dentro,
jamás saboreas
la ternura de una mano
desconocido
el olor de la grandeza.
Dorita.
Lo que está viendo
allí,
lejos de todo y de todos,
ya no existe.
Ella quiere verlo.
Lo ve.
La realidad
se estampa en su cara,
le hace despertar.
Dorita.
"Una fiesta".
Al lado
de ángeles celestiales,
los que caen de bruces
decepcionados
con los faustos
de los fuegos artificiales.
Dorita.
La verdad cegadora
me anda trastocando.
¡Qué el aire me regale
la brisa del atardecer
junto a este mar de Cantabria!.
!Qué los recuerdos me traigan
la hermosura
de los árboles de Rucandio!.
Esta verdad que la vida
de golpe me ofrece
solo me trae un ácido descontento.
Después de la traición....
el canguis.
Osadía de decir.....
aquí no ha pasado nada,
lo importante la salud y la familia.
¿Es que por idiotas nos tienes?.
Explicación no pedida,
acusación manifiesta.
Dorita.
Si hasta la ciencia
ya lo dice.....
somos también energía.
Por mucho
que amaseis
lo que entre vuestras manos
tenéis,
la sublime energía
no la podréis controlar.
Dorita.
No desaprovechais
la mínima ocasión
para lanzaros a la yugular
de quienes
andáis odiando.
Craso error.
Antes de lo imaginado,
tendrán su resurrección.
Dorita.
Nunca es triste,
ni negra,
ni da miedo.
La noche
está siempre preñada
hasta que finalmente
nos da aluz
a un nuevo día.
Dorita.
El cielo,
rompiendo la grande nube,
nos regaló
un arco iris.
El limonar,
no pudiéndolo creer,
no paraba de brillar.
Dorita.
Seguro que,
en su vejez,
a borbotones le llegan los recuerdos
de nuestra desbordante juventud.
Algarabía de lo salvaje
buscando como jayos
las cerezas.
Dorita.
Por la que
desaforados espetábamos los niños
en busca de habas y ciruelas,
hoy tan solo transitada
por corzos, raposos
y algún que otro
aventurado lobo.
Dorita.
La cigüeña blanca
aún no ha venido.
Los vencejos y golondrinas
lejos de ir trazando autopistas
en los bellos cielos de Rucandio.
Gestándose las cerezas
en la desbordante imaginación
de la sabia savia
de los árboles.
En menos de lo esperado,
unos y otras
aparecerán.
Dorita.
De joven
gran zurrador.
El tiempo
le dejó huella.
Anda tentando su ropa,
antes de entrar en querella.
Jamás abandona
la acción.
Cargándose de razón,
los golpes son sibilinos.
Tras ello
y por sí hubiera ,
en el más allá algo,
va elaborado las causas
con las que no quepa duda
de su gran justificación.
Dorita.