La cigüeña blanca
aún no ha venido.
Los vencejos y golondrinas
lejos de ir trazando autopistas
en los bellos cielos de Rucandio.
Gestándose las cerezas
en la desbordante imaginación
de la sabia savia
de los árboles.
En menos de lo esperado,
unos y otras
aparecerán.
Dorita.
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