¡Con que furor
me decían en la universidad
que Dios no existía!.
Parecía
que era un dogma de fé
o que ya lo habían demostrado
en el laboratorio.
Estudié
Ciencias Biológicas.
Ponerlo en duda
hizo que me sintiera rara,
desfasada.
Yo tampoco lo sabía;
nadie, absolutamente nadie
fue capaz de demostrarme
que Dios no existe.
Dorita .
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