Cuando me sentía
profundamente sola.
Esa clase de soledad
dañina,
no buscada.
Cuando vives en ella por desconocimiento.
Cuando aún no has aprendido
qué jamás estás sola.
Bueno,
cuando me encontraba ahí,
miraba al cielo.
Pasaba horas
viendo correr las nubes.
Sus formas,sus colores.
Su inmensa belleza.
Seguía sintiéndome sola
pero ya no era la misma soledad.
Era más calida,menos agresiva,
menos dañina.
Dorita.
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