Tiene que existir
un lugar agreste,
poblado
de pintorescas hierbas,
donde los ángeles
jueguen con los niños,
les acaricien,
les consuelen.
Esos niños
destinados a vivir sobre la Tierra
que fueron arrebatados
la noche gris
de los cristales rotos.
Tiene que existir
ese lugar montaraz
donde el frío no exista,
donde los vestidos
adornen
los inmaculados cuerpos
con estrellas y con rosas.
Dorita.