Ahí sigues,
humilde encina,
sorteando avatares.
Resistiendo,
con fortaleza,
los fríos y los calores.
Los desdenes
de quienes pretendieron ver
en tu porte
lo mediocre.
Nefasto juicio.
No debieron desdeñar
la entereza de una especie
de quien bien se puede decir
que ante tal riqueza
se calma la tormenta,
enmudece el trueno.
Dorita.
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