Ha perdido su corona.
Su corona de oro y plata,
ni rastro de hojalata.
Con zafiros y rubíes
y una bellísima esmeralda.
Se le ha ido
hasta el color.
Ese color sonrosado
que en sus mejillas,
al sol,
tomaba color dorado.
No sabe cómo pasó.
Fue aquel día
que su hermanito
para quedarse llegó.
Lo que para todos fue
algarabía y regalo,
a ella
sin palabras dejó.
Ya no ríe,
ya no canta la princesa.
Toda la corte
anda inquieta,
sin saber
que pueden hacer
para oír
a Teresa,la Princesa,
hablar.
Dorita.
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