Mi abuela no era de molde.
Después de la niña
fruto de la violación
tuvo seis hijos.
Por si no había sufrido bastante
perdió el marido
en el tiempo de nuestra guerra civil.
El último día de esta
una bala perdida
atravesó la capa de los sesos
a su Francisquín.
Su fotografía estuvo
siempre presente
en el comedor de nuestra casa.
Al monasterio de los Jesuitas de Oña
traían a muchos enfermos
de la guerra y estos
los jesuitas ayudaban al ejército
a ir por los pueblos
requisando los corderos
para alimentarlos.
En un pueblo es poco probable
morirse de hambre
pero extrema necesidad
se sufrió.
Cuando murió mi abuelo materno
mi abuela
no tenía dinero ni para el ataúd.
El tejado lleno de goteras.
Con una inteligencia brillante
lograron sobrevivir ella
y los cinco hijos que la quedaban.
El mayor siete años.
El pequeño no se andaba.
Lo primero que hizo fue
alimentar a una cerda
que según ella repetía hasta la saciedad:
"esa cerda nos saco de la miseria".
Había que eliminar las humedades
y para ello necesitaba madera.
Toda la familia iba durante la noche
al monte con un burro
a coger madera.
El guarda ,un tal Eloy,la tenía
entre ceja y ceja.
Ya la tenía advertida:
"Si te pesco, al calabozo".
Otra vez más el papel del animal.
Estando en el monte,en plena faena,
en cuanto era consciente
de la presencia de Eloy
a varios kilómetros
comenzaba a dar vueltas y a dar
señas de peligro.
Cargaban la madera y a casa.
Libres de humedades
y con suficiente alimento
la casa comenzó a prosperar.
Dorita.