Achaparrado anduvo nuestro automóvil
en los últimos viajes
de vuelta a Santander.
Los membrillos y manzanas
hicieron de lo suyo.
Ayer...
ligeros de equipaje.
Su penetrante perfumado olor
seguía
allí.
No quiere ser olvidado.
Ni tampoco que yo olvidé
que Las Caderechas
no es un Valle cualquiera.
Dorita.
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