domingo, 30 de noviembre de 2025

Escrito 4

 Mi abuela no era de molde.

Después de la niña

fruto de la violación 

tuvo seis hijos.

Por si no había sufrido bastante 

perdió el marido

en el tiempo de nuestra guerra civil.

El último día de esta

una bala perdida

atravesó la capa de los sesos

a su Francisquín.

Su fotografía estuvo 

siempre presente

en el comedor de nuestra casa.

Al monasterio de los Jesuitas de Oña

traían a muchos enfermos 

de la guerra y estos

los jesuitas ayudaban al ejército 

a ir por los pueblos 

requisando los corderos

para alimentarlos.

En un pueblo es poco probable

morirse de hambre

pero extrema necesidad 

se sufrió.

Cuando murió mi abuelo materno

mi abuela 

no tenía dinero ni para el ataúd.

El tejado lleno de goteras.

Con una inteligencia brillante 

lograron sobrevivir ella

y los cinco hijos que la quedaban.

El mayor siete años.

El pequeño no se andaba.

Lo primero que hizo fue

alimentar a una cerda

que según ella repetía hasta la saciedad:

"esa cerda nos saco de la miseria".

Había que eliminar las humedades

y para ello necesitaba madera.

Toda la familia iba durante la noche

al monte con un burro 

a coger madera.

El guarda ,un tal Eloy,la tenía 

entre ceja y ceja.

Ya la tenía advertida:

"Si te pesco, al calabozo".

Otra vez más el papel del animal.

Estando en el monte,en plena faena,

en cuanto era consciente 

de la presencia de Eloy

a varios kilómetros 

comenzaba a dar vueltas y a dar 

señas de peligro.

Cargaban la madera y a casa.

Libres de humedades

y con suficiente alimento 

la casa comenzó a prosperar.

Dorita.



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