Mí bisabuela Felipa
tampoco se quedaba atrás.
Entre un montón de cosas
que le ocurrieron
la más sonora...
Un domingo después de misa
estaban sentadas
varias mujeres charlando
y coincidió que por allí
pasaron los bueyes
que bajaban del monte
a beber al pilón.
Uno de ellos la invistió
rajándola de abajo a arriba
el viente.
Ella con valentía y determinación
se cogió los intestinos
en sus manos.
Hizo venir a sus tres hijas
mi abuela Catalina,la Damiana
y la Josefa más conocida
como.la guapeta.
La subieron a su habitación
y les obligó a coser los epitelios
con tramilla y una aguja
de coser morcillas.
Cuando llegó el médico,
en aquellos entonces
con caballería, dijo
que ni lo tocaba para evitar infección.
Habían al parecer cometido el error
de coser los dos epitelios juntos.
Cuando cicatrizó todo
se vio de por vida obligada
a caminar encorvada.
Murió de vieja a los noventa y tantos
y contando chistes.
Dorita.
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