Recuerdo a mí tía
misionera en Burundi.
En una ocasión,
nos contó está historia.
Estaban en el dispensario
y trajeron a una niña
con una sintomatología
qué para nada conocían.
No la pudieron curar.
Aquello no se pasaba.
Debido a la insistencia de la madre,
trajeron a un llamado
Padre Blanco.
Con crucifijo en mano
habló instando a lo que estuviera
dentro de la muchacha
penetrara
en el lago...creo Kivu.
El forcejeo impresionante.
Una especie de polvo
curvado acabó allí
pero antes impulso a una piedra
que fue directa
a la frente del misionero.
Cayó al suelo
pero no fue herido de gravedad.
A partir de ese momento
la niña recuperó totalmente
su salud.
Dorita.
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