El sol de la solana
acaricia mi cara
al entrar en el recinto prohibido.
Lugar donde el hielo
se hace fuego.
Donde la vida
fuera torturada hasta el escarnio
y la resurrección
resplandece entre mil soles.
Al escarbar la tierra
aún encuentro
las cenizas de los huesos triturados.
Otros cuerpos,
qué lejos de alejarse,
ahí perduran.
Amargo jugo
qué como el limón cura.
Dorita.