Buscaron,
trabajaron,
lucharon por él.
Nos lo trajeron
en bandeja de plata.
Lo pudimos ver,
tocar,
palpar y saborear.
Lo cogimos en nuestras manos
para que no se escapara,
lo apretamos con tanta fuerza
qué no se sintió cómodo,
ni bien tratado.
Se transfiguró.
Nuestros ojos atónitos.
Nuestros cuerpos paralizados.
Vuelven a vivir
con la añoranza
del "Paraíso Perdido".
Dorita.
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