La lluvia
anda vagando
en pena.
Como la Santa Compaña.
Como el holandés
o el judío errante,
así la lluvia
descentrada.
Buscando el norte.
El viento sur,
la tiene trastornada.
Dorita.
La lluvia
anda vagando
en pena.
Como la Santa Compaña.
Como el holandés
o el judío errante,
así la lluvia
descentrada.
Buscando el norte.
El viento sur,
la tiene trastornada.
Dorita.
Tuvo
la gran suerte
de caer
con una maestra
que sabía lo que era
la vida.
Vivía.
Dejaba vivir.
Ayudaba a vivir.
Dorita.
Los hay,
no es ilusión o fantasía,
quienes santifican la miseria.
Rango de madre y salvadora.
Los hay ,
no es mentira,
quienes sienten devoción
por su aterrador discurso.
Abducidos
por brebaje vespertino
buscando van la negrura de la noche.
Bondades de la miseria
cómo destino.
Dorita.
Cualquiera diría
que esta rosa
que ante mis ojos
estalla en hermosura,
que su fragancia
supera lo esperado,
quién diría
que en pocos días,
sus petalos
quedarán
sobre la tierra esparcidos.
De lo que fue
ya no quedará nada.
Dorita.
¡ Te hiciste tan grande!.
La luna asombrada
empezó a crecer.
Los peces bailaron
de puro placer.
La noche
se llenó de estrellas.
Las ranas croaron
cómo no lo hicieran
desde anteayer.
Y la madre tuya......
no lo podía ni creer.
Dorita.
Con una mezcla
de aceptación y tedio,
caí en el silencio.
Como lo hacen
las hojas en invierno.
Cómo las manos
en una noche de menos ocho
a la intemperie.
Así
caí yo sobre el silencio.
Cual la tierra
ocupada en su labor.
Cual el fuego salvador
que en la chimenea espera,
el silencio
tiernamente
sin mediar palabra
en un abrazo
conmigo se fundió.
Dorita.
No te fue suficiente
admirarla.
Llegaste más lejos.
Escrupuloso análisis.
La cagaste.
Tiraste de los pétalos.
Se rompió.
Dorita.
Este cante nuestro,
el jondo,
remueve
las entrañas de la vida.
Derrama
lágrimas amargas.
Hasta los Ángeles se conmueven.
Nuestra España
bendecida.
El mismo Cristo baja de la cruz
para arropar con ternura
a este pueblo que es capaz,
en una sola Saeta,
de gritarle al mundo la pena
que anda sufriendo
la Tierra.
Dorita.
¿Porqué Lorca?.
Me conquistó
en la adolescencia.
Sigo enamorada
de él.
Pasión
sin máscaras.
Verdad
desgarradora.
Y sobretodo.....
mucha ,mucha España.
Dorita.
Ajenos
al devenir,
juegan los niños en el parque.
Sonrisas
de rojo carmesí.
Ojos
que gozan con el viento.
Con las ya escasas y triscantes
hojas de los plataneros.
Perfume de alhelí.
Espacio
donde el milagro es posible.
El ser
completamente feliz.
Dorita.
Somos hombres.
Eso parece.
Hombres vaciados.
Vaciados .....
del respeto a la Natura.
No nos infunde
bello sentimiento,
ni ternura.
Sin escrúpulos,
con crueldad la utilizamos.
En ello,
ni nos acabamos de caer del guindo,
ni en la mezquindad nos estrenamos.
Este despótico regodeo
no es ajeno
a la barbarie,
a la sin razón entre nosotros.
Como abrir los ojos nos molesta,
vivimos con ellos bien cerrados.
Fingiendo que al no ver
aquí no pasa nada.
Dorita.
Lo es.....
si deja
la noche oscura tras él.
Caricia de la mejilla
desgranándose en un beso.
Sabor
a azucena y cantueso.
El corazón
queda en calma.
Deseando
un otro
verso-beso
que acompaña.
Dorita.
Ayer noche veinticinco,
los lobos de la piel del toro
no cesaron de aullar.
Los corderos angustiados
no paraban de llorar.
Cuando el alba se acercaba,
sus madres caen rendidas
sufriendo de pesadillas.
Pastando hoy en la montaña,
andan balando y charlando.
Contando las experiencias
que en tal noche como esta
todas ellas han tenido
con la Santa Campaña ovejuna
que va por los montes vagando.
Dorita.
Andan cantando
sobre el laurel.
Entre los pinos.
En las palmeras
que flanquean el camino.
Cielo radiante.
Algodoncillos.
Delicias del Herrerillo.
Pica que pica
doña Urraca,
imitando a la carraca.
Enero,
vestido de torero,
anda clavando la puntilla
sobre el invierno.
Dorita.
Que la dejen venir
anda esperando
la primavera.
Sabiendo
que siempre se la espera.
De vez en cuando,
a escondidas,
se escapa y nos regala
el canto de los pájaros,
la belleza de las flores.
Dorita.
No estoy
por encima
de lo humano y lo divino.
Nada de eso.....
lo que me ocurre
es que me agotan
las estupideces.
Dorita.
A su primer hijo,
una bala
le voló los sesos
el último día de la guerra.
Su marido fulminado
como el buey
sentenciado por el veterinario.
El tejado,
un colador que animaba
a los champiñones a crecer.
Las noches al sol
cortando madera.
El burro rebuznando
confirmando
la presencia del traidor.
Parece mentira,
aún siento
los latidos de mi corazón.
Dorita.
No necesito
de la antorcha encendida,
ni de la corona de laureles.
Ni de las margaritas en primavera,
ni las nieblas
en las frías madrugadas del invierno.
Solo.......
sentir los latidos
de mi corazón.
Dorita.
Sentado sobre un banco.
Contemplando balancearse
a un niño.
Ve encajar
todas las piezas
en el puzzle.
Dorita.
¿En el tropel
de cualquier existencia
donde tantos coexisten?.
¿Dónde
los que allí conviven
tratan de ganar la partida
al resto?.
¿Dónde
el que saca la cabecita es el + fuerte,
no el mejor?.
¿Qué se yo para
cometer semejante ignominia?.
¿Quién soy yo
para desgobernar
este equilibrio inestable?.
Dorita.
Aquí estoy.
No soy
lo que quieres que sea.
Si fuera eso,
lo que pretenden.
No sería yo.
El Yo que me vive
no podría
por mí expresarse.
Yo muerta.
A pesar de los pesares,
de los señalamientos,
las incomprensiones
y todo eso......
He decidido.
Soy lo que soy.
No lo que pretenden imponerme
que sea.
Dorita.
Abro el frigo.
Busco endivias.
No las veo.
No están.
Tienen que estar.
Estoy segura.
Recuerdo...
cuando y donde lo compré.
Recuerdo que lo metí.
Abro la nevera.
Miro de frente.
Están.
Dorita.
Nos gusta
llevarnos al límite.
Al punto
del no retorno.
Nos encanta
bailar
en la línea
donde un traspiés
nos lanza al infinito.
Así somos.
Dorita.
Un peluche,
en el rastrillo.
Lavadora.
Suavizante.
Tendal.
¡Ohhhhhh belleza!.
Ojos de plato la niña.
Interminable abrazo.
A las doce los domingos,
el peluche.
Dorita.
Tú,
estrella,
nieve,
aroma y luna,
alocadamente gritando
que no salga pitando y descorazonada
la esperanza.
Dorita.
Miras,
mimas,
acaricias
a la joya
que ni me siento,
ni nunca fui.
En tu mirada brilla
lo que
me afano por encontrar
dentro de mí.
Dorita.
Hilo de oro.
Tejiendo va la vida.
Arranca de la muerte
lo que toca.
Corazón latente
del árbol
que le vive.
Guerrero infatigable.
El hombre.
El hombre...
un desposeído.
Del aire y del árbol
dependiente.
Dorita.
Las nubes
andan llorando.
Las lavanderas,
sobre los charcos,
chapoteando.
El gorrión
con su vieja canción.
El alirrojo
observando
de reojo.
El avefría
no ha llegado todavía.
La mariposa
escondida.
Las lagartijas
ni por las rendijas.
El sol...
a falta de ilusión.
Dorita.
Sigue sin existir,
para nuestro sexo.
Tal vez....
también para el otro.
Hablo del mío.
Lo alcanzado,
puede parecer mentira,
fuegos artificiales.
Sí,
no soy derrotista,
hay cosas
que van poco a poco.
¿Y todo lo demás?.
¿Pero?.
Que sé yo.
Diferente.
El río nunca es el mismo.
¡Es tan caro
el precio a pagar
por nuestra libertad!.
Dorita.
Me gusta
por sus esperpentos.
Porque rompe
mis esquemas.
Me obliga
a reinventarme.
A ser rápida
en la respuesta.
A despertarme
expectante.
A vivir
con intriga
cada instante.
Es un sin vivir
apasionadamente viviendo.
A olvidarme
de lo grande.
A saborear
el aire.
A abandonarme
en la vida
como el pez
lo hace en el agua.
Dorita.
Después
del estruendo,
de ese
interno desgobierno
que uno
no alcanza a imaginar
como de pronto un día
se despertó
con el peso de sus paredes
encima de su cabeza.
Bueno,
pues después de todo eso
no por arte de birlebirloque
que va
más bien
por el primoroso arte
de irse uno mismo
conociendo y entendiendo.
Haciendo las paces
con lo que aparentemente fue,
con lo que es,
con el miedo de lo que pudiera ser.
Pues resulta que un buen día
deja de sentir miedo
a la muerte y a la vida.
Todo se hace más alegre y liviano.
Y yo me pregunto
si un día seremos capaces.
Digo seremos porque la hazaña
a la que me refiero
ha de ser colectiva.
¿Seremos capaces
de ir tratando al desgobierno
para llegar a con cordura
gobernarnos a nosotros mismos?.
Dorita.
No puedo decir:
"aparta de mí este cáliz ".
Es un cáliz compartido
y entre todos
lo tendremos
que ir bebiendo.
Dorita.
Los días tempestuosos,
en la mar,
logran suavizar
las aristas de las rocas
en los acantilados.
Dorita.
La ausencia
solo hace
que engrandecer,
que desbrozar
sacando la esencia
de quienes amamos.
De ansiar su presencia.
Lejos de olvidarlos,
se vuelven magnificas
sus virtudes.
En el siguiente encuentro,
el corazón canta
la canción que día a día
fue preparando
con pasión y con esmero.
Dorita.
Yo te quiero
🌹.
No permitas
que las maledicencias
apaguen tu color.
Que tú blanca tez
parezca sepulcral.
El perfume de la 🌹
no iguala
la dulzura y fragancia
que de tu corazón
emanan.
No te quiero nívea
que te quiero 🌹.
Dorita.
Y si me decidiera
a elogiar la lozanía,
la belleza,
el esplendor
de una joven cara de mujer,
¿alguien me garantiza
que debajo
de esos pómulos prominentes
no se encuentra
una porción de silicona?.
Y esa deslumbrante melena,
¿no es fruto
de implantes y extensiones?.
En una palabra..
no es de extrañar
que el romanticismo
esté de capa caída.
Dorita.
Además.....
es tanta la mezcolanza
de verdad y mentira
de todo lo que me rodea
que cualquiera se atreve
a abrir el pico.
Dorita.
No solo
son tantas
que no sé ni por donde empezar,
además
desconfío de la veracidad
de lo que pueda contar.
Dorita.
Siempre esperamos
+.
No somos conscientes
que cada día
la vida nos regala,
en abundancia,
lo que necesitamos
para vivir y gozar.
Dorita.
No necesito
que me regales estrellas.
Solo
que me dejes tranquila,
que en mi vida
no te entrometas.
Dorita.
La niña jugando
sobre un balancín.
Subía,bajaba.
Aquello parecía
no tener fin.
Del cielo desciende,
cantando canciones,
un bello Serafín.
Muy cerca se encontraba
su amigo
el Querubín.
Entre tanta belleza,
entre tanto canto,
no oía a su madre
que desde una ventana
la estaba llamando.
Dorita.
Aquí,
los vientos
odian las reglas.
Libertad
absoluta y brutal.
Desaforada anarquía.
Las taciturnas y amenazantes nubes
tiemblan inseguras
ante su presencia.
Lanzadas, sin piedad,
a otro lugar.
El cielo,de repente,
respira alegre y brillante.
Dorita.
Con uno de tantos niños,
en su barquito velero
el maestro
en alta mar.
El viento
a Goliat azuza.
Capitán y su pequeño
ahora ya son David.
Las instrucciones serenas
logran burlar
la galerna.
La calma cae callada.
Los pasajeros a bordo
descansan sobre las tablas.
La tierra
aún anda lejos.
Agudizando el ingenio
se llega
a un buen puerto.
Dorita.
Esta noche,
la fragilidad quebradiza
del aire
rompe
las férreas estructuras oxidadas.
El arte brota
buscando encarnarse.
Caen virutas
sobre un mar embravecido.
Lanzan destellos
a la solitaria luna.
Desde lo alto, en silencio,
contempla el espectáculo.
Dorita.