Los perdidos
lo siguen siendo.
Habrá que esforzarse
en encontrarlos.
Dorita.
Después de las intensas semanas
trabajando a partir un piñón,
sabiendo que su dulce fruto
nos permitía unos inviernos estudiando,
tiempos en los que internados
y residencias eran obligados.
Donde vivíamos el sueño
que lo que hacíamos era labrar una tierra
fecunda,
cuyos frutos nos llevarían
a una tierra prometida
de serenidad y gozo.
Después de las intensas semanas
llegaban los ansiados domingos
de verano.
Al volver a Rucandio
no sólo cogíamos 🍒,
los rosales primorosamente podados
por el tío Andrés
nos brindaban aquellas variedades
de flores
que solo el sabía nombrar.
Y luego...
las dalias,los gladiolos.
Gustábamos de recoger sus semillas
para ver lo que ocurría
al siguiente año.
Regocijarnos con la labor de las abejas
dejándonos deslumbrar
con los jaspeados de los lirios de espada.
Dorita.
No quiero,
al acercarse la cerrada noche,
coger el lapicero.
No es que él no esté dispuesto
a dictarme
toda clase improperios.
Pero justo por eso
por tratarse de improperios,
busco el alba
o mejor ese instante
en el que no sé si ya estoy despierta
o aún me anda atrapando el sueño.
Son los momentos en los que las musas
tienen a bien
acudir gozosas a mi encuentro.
Dorita.
Mi cuerpo envejece.
De esto no hay duda.
Mi interior
más joven que en cualquier etapa.
¿Será por algo?.
Dorita.
Lejos de dejar
que la vida nos viva,
lejos de eso...
andamos cual vampiros
hurgando en las heridas
y extrayendo a discreción la sangre.
No es que Dios no nos perdone,
es que nosotros hemos perdido
la noción del perdón.
No perdonamos ni a los otros,
ni a nosotros mismos.
Dorita.
Ya quisiera yo,
en la montaña,
aprender el lenguaje de los árboles.
Del romero y el tomillo.
Saber
lo que la alondra y el abejaruco
van relatando a ese arroyo
que naciendo en Navarroyal
se deja deslizar hasta....
qué se yo!...
Se escapa por Ojeda y Quintanaopio
y luego al río Oca.
Abrazándose al Ebro
termina su vida en el Mediterráneo.
Dorita.
cuando la noche cae,
cuando el sueño me coge,
busco desesperadamente
esos tus intensos ojos azules.
No me resigno...
a por la fé
saber que sigues existiendo.
Anhelo sentir tu presencia...
tu aliento.
No sé si ello
me dejaría satisfecha
pero es
lo que desesperadamente busco.
Dorita.
El mío...
de dar, de darme.
A veces me he frustrado
constatado
que doy más de lo recibido.
Ya no.
Me da igual.
Me siento feliz dando.
No creo que estaría mejor
si dejara de vivir
bajo este impulso.
Dorita.
No sentí,
en aquel momento,
que nuestro encuentro
sería el último.
¡Qué nunca llegaríamos
a descubrirnos!.
Fue el paso del tiempo
quien se ha encargado
de explicármelo con tal precisión
que ya no me cabe
la menor duda.
Lo que pudo ser
jamás será.
Dorita.
Bajan el águila y el buitre
de la cima
para inclinarse
ante el silencio
que por el valle
pasa.
Dorita.
Bienaventurados
los que lanzan a las nubes
sus pensamientos.
Bienaventurados
los que contemplan
la belleza que con ellos
ellas elaboran.
Bienaventurados
los que libres de ellos
viajan con los pájaros
al ritmo del tiempo y de las estaciones.
Bienaventurados
los que mirando las margaritas
se sienten unos con ellas.
Dorita.
¿ Y acaso
no sufre la pasión el árbol
al ser arrebatadas sus hojas
por el gélido viento?.
Sabe bien
de la resurrección.
Dorita.
Es raro
ver en la Tierra
personas
que andan tocando el cielo.
Lo lograron.
¿De dónde viene la inquina
que quiere intentar negarlo?.
Han habido,
hay y habrá personas
que con la pureza y verdad
escriben
su carta de libertad.
Dorita.
Silencio
entre azucenas.
Sabor de grito
callado.
Olor
a sábanas blancas.
Entrando por las ventanas,
música de acanto y romero.
Al fondo de la capilla,
un Cristo crucificado.
Santidad que se palpa.
Por allí anda latente.
Dorita.
Triunfo de la vida
sobre la muerte.
Allá se metió,
abandonándose
a la Tierra,
con la certeza de que un día
tal vez antes de la Primavera
vería la luz del Sol.
Dorita.
Luz de Luna
que entre las nubes orleas...
¿Qué de nuevo me traes?.
¿Será acaso tu arcoiris
una esperanza
en esta noche oscura
no deseada?.
Dorita.
Deja de serlo
para quienes a su pesar
fueron obligados
a cerrar sus ojos
a destiempo.
Dorita.
Salgo desnuda a la intemperie,
sin poderlo evitar.
No soy consciente de ello.
Me genera inquietud.
Presa fácil
para el frío y los insectos.
Taladrada,
vuelvo descompuesta a casa.
Me pregunto
el porque de mi naturaleza.
Dorita.
No faltan las bromas
y chascarrillos.
Terminará este tiempo
y llegarán los calores.
Nos acordaremos con nostalgia
de las nieves en las cimas,
los embalses llenos
y los pozos.
¡Vaya con los pozos!.
¡Auténticos cuadros de Monet!.
Dorita.
Beso la Tierra
donde mi madre yace.
Beso a la tierra
que me alumbró a la vida.
Beso su exuberante hermosura.
La Naturaleza allí
el paraíso
sin necesidad del hombre,
sin su ayuda.
Dorita.
Han habido
devastadoras.
Hutus y Tutsis
en centro África.
Ahora reaccionamos
porque la tenemos
aquí al lado.
Esto es el género humano.
Dorita.
No opongo resistencia
a vuestra infamia,
a vuestra injusticia.
No entro en el juego.
Me levanto de la mesa
antes de empezar la partida.
Habéis despreciado mi palabra
y mis hechos nobles y sinceros.
Estoy entre una exigua minoría.
La retirada... obligada.
Sabré esperar.
La maldad nunca tuvo la última palabra.
Dorita.
Después
de haberte gozado y sufrido,
al alejarme una voz en mi interior
me dice:
"¿Te merece de verdad la pena
el volver
para ser de nuevo hostigada?".
El tiempo al pasar se encarga
de no permitir que nada ni nadie
tenga la osadía
de atemperar el gozo
que sus recuerdos me producen.
Dorita.
Dado lo que está pasando
el silencio me llama.
¡Cuántas veces
ha hecho sonar
la campana de mi casa!.
! Cuántas veces
he desatendido
su insistencia!.
Ahora soy consciente
que no tengo alternativa.
Me sobra la palabra.
Solo me queda
su existencia.
Dorita.
Sé
de tu dolor latente
en tu pujante alma de madre.
De lo que andas pasando
no te culpo.
Ni mucho menos.
Es así y ya es bastante.
No vayas buscando culpables,
haciendo daño
a quienes ni por asomo
de ello saben.
Dorita.
¿Y quieres buscar muchacha
para que le dé
un nieto a tu madre?.
¿Qué lleve tu anillo
en su dedo?.
Tú lo tienes muy claro.
Nunca des de beber
agua emponzoñada
a ninguna mujer.
Dorita.
Pacto de sangre.
Siempre enamorados.
Él
la lleva
por la cintura agarrada.
Suben
en éxtasis a las alturas.
Agotados
se funden en espagat
con la arena.
No se detienen
porque quieren
encontrarse con la luna.
Dorita.
Anda enloquecida
como mente alborotada
bajo presión encarcelada.
No sabe
de donde viene,
ni a donde va,
ni el camino
por el que debiera pasar.
Dorita.
Algo...
del género humano
mejor que no.
Ahí está
la Naturaleza
de la que se puede esperar
todo.
Dorita.
Los frutales,
de mi tierra,
a punto de florecer.
Aquí en Santander,
tierra de sal y de Sur,
flamantes árboles
de limones rebosantes.
Dorita.
Sí por casualidad volvieran...
¿Dónde
la fuente y la alameda?.
Los columpios...
más allá de las estrellas.
Entre amasijos de escombros y cristales,
¿quién reconocerá su casa?.
Los que se fueron,
sin derramar una lágrima,
siguen llorando por dentro.
Dorita.
Allí,sobre esa colina,
hay un arbolito solo.
A quién nadie se le acerca
por protegerse de espinas.
Cuando el frío va escapando,
el florece.
Lo insignificante,
de la noche a la mañana,
derrocha vida.
Un escándalo.
Un lujo.
Dorita.
en nuestro mundo...
Nos sabemos
al borde del abismo.
Cada país,
cada persona,
dice dirigirse
en la correcta dirección
sin convencimiento alguno.
Como un inexperto científico
en su laboratorio.
Dorita.
Morir
a veces
instantánea,
otras
lentamente incomprensible.
Vivir ...
nuestro destino.
Dorita.
No es solo su pasión.
Es su ....
amar
apasionadamente.
El que desgarra.
El que trasciende
a la estructura
y al género.
Dorita.
En mi tierra natal,
poco querido.
Todo lo seca .
Arrasa.
Viento Sur,
donde vivo,
olor a sal.
Bendito clima
con sus cielos rojos
que duran y perduran
hasta embriagarte de hermosura.
Dorita.
Lo que en su día te debí decir,
ya no se debe decir.
Si por nada de mi te alejaste,
si oyeras lo que realmente
debiera haberte dicho
no volvería a saber de tí
nada.
El día de nuestro encuentro
te dije
lo que quien tú más quieres
me dijo.
Eso, jamás pensaste
que se hubiera atrevido a decir.
Como un resorte me dijiste
que quien en su día
acusaste de culpable
era el mejor de los hombres.
Dorita.
El día que te conocí
sentí
a tu corazón encendido.
¿Será que un milagro ha querido
que al voltearme hacía tí
sienta que el mío anda henchido?.
Dorita.
Tu corazón me calienta
como los lirios en Abril
y las primeras palabras leídas
por quien de si mismo
desconfía.
Como la luna llena
aullada por los lobos.
Tanto me calienta
que mis ojos se abren de par en par
ante la Gran Belleza.
Dorita.
que la primavera
se va hacer de rogar.
Desde lejos,
contempla al invierno
llorar.
Ella a lo suyo.
Los prados cuajados de margaritas.
Las flores de los magnolios y ciruelos
alegrando plazas y calles.
Al viajar,
nuestras miradas se sienten atraídas
por la belleza exultante
de los almendros,
que andan repartidos
entre el verde
de la cebada y el trigo.
No falla.
Ya se ven sus grandes ojos
llenos de sabiduría y alegría.
Dorita.
Sobre mi frigorífico,
una caracola blanca
con dos partes alargadas.
Goza mi corazón
del cántico de la mar.
Los días
son ya más largos.
Un caminito de plata
me anda ella marcando
invitándome a su hogar.
Dorita.
Van
la miseria y la tristeza
cambiando su cara.
Los niños no llevan
ni zapatos rotos,
ni velas colgando.
Eso sí...
muchos muestran
la falta de lo fundamental
en su incipiente
obesidad.
Dorita.
Mis ojos se abren
volando
a la ventana de la cocina,
seguros del espectáculo.
Así es.
Lo rompen columnas,
que ,lejos de lo que nos hacen creer
sedosas y blancas,
son oscuras
desprendiendo un olor
a huevo podrido.
No me cuesta nada
ver en tus ojos el cielo;
a pulso te has ganado
quererte
como te quiero.
Dorita.
Los caminos
andan abiertos.
Los días serán luminosos.
Los trabajos ya cesaron.
Tu vida y la mía,
que un día no se encontraron,
quiere el destino
que no sea posible
el hallarse.
Dorita.
Tu paisaje,
dejando de serlo,
se unifica
con mi alma.
Los pinos ya no son pinos,
son el que los plantó
y tú sabes muy bien quien fue.
No solo tus árboles
también tus animales
me conceden el honor
de adentrarme en tu espesura.
En la lejanía la sierra
que lejos de ser el final
es el límite terrenal
que la vida te marcó.
Dorita.
¡Qué no se cierren
las puertas!.
¡ Qué siempre
estén abiertas!.
¡Qué el caminante se acerque
y que beba
el agua fresca!.
Sobre la mesa que no falte
pan,uvas,queso
y un porrón de vino viejo
para resistir el camino,
para seguir caminando.
Dorita.