Tu paisaje,
dejando de serlo,
se unifica
con mi alma.
Los pinos ya no son pinos,
son el que los plantó
y tú sabes muy bien quien fue.
No solo tus árboles
también tus animales
me conceden el honor
de adentrarme en tu espesura.
En la lejanía la sierra
que lejos de ser el final
es el límite terrenal
que la vida te marcó.
Dorita.
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