que la primavera
se va hacer de rogar.
Desde lejos,
contempla al invierno
llorar.
Ella a lo suyo.
Los prados cuajados de margaritas.
Las flores de los magnolios y ciruelos
alegrando plazas y calles.
Al viajar,
nuestras miradas se sienten atraídas
por la belleza exultante
de los almendros,
que andan repartidos
entre el verde
de la cebada y el trigo.
No falla.
Ya se ven sus grandes ojos
llenos de sabiduría y alegría.
Dorita.
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