Después de las intensas semanas
trabajando a partir un piñón,
sabiendo que su dulce fruto
nos permitía unos inviernos estudiando,
tiempos en los que internados
y residencias eran obligados.
Donde vivíamos el sueño
que lo que hacíamos era labrar una tierra
fecunda,
cuyos frutos nos llevarían
a una tierra prometida
de serenidad y gozo.
Después de las intensas semanas
llegaban los ansiados domingos
de verano.
Al volver a Rucandio
no sólo cogíamos 🍒,
los rosales primorosamente podados
por el tío Andrés
nos brindaban aquellas variedades
de flores
que solo el sabía nombrar.
Y luego...
las dalias,los gladiolos.
Gustábamos de recoger sus semillas
para ver lo que ocurría
al siguiente año.
Regocijarnos con la labor de las abejas
dejándonos deslumbrar
con los jaspeados de los lirios de espada.
Dorita.
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