No quiero,
al acercarse la cerrada noche,
coger el lapicero.
No es que él no esté dispuesto
a dictarme
toda clase improperios.
Pero justo por eso
por tratarse de improperios,
busco el alba
o mejor ese instante
en el que no sé si ya estoy despierta
o aún me anda atrapando el sueño.
Son los momentos en los que las musas
tienen a bien
acudir gozosas a mi encuentro.
Dorita.
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