Las hojas,
enamoradas del río,
se bañan en sus aguas,
le dan colorido y chispa.
Unidos por el amor
se van juntos
hacía un mismo destino.
Dorita.
Las hojas,
enamoradas del río,
se bañan en sus aguas,
le dan colorido y chispa.
Unidos por el amor
se van juntos
hacía un mismo destino.
Dorita.
Cuántos,hoy,
querrían
ser pájaros para
cantar alegres trinos.
Rosas rojas,
disfrutar de su perfume,
de las sonrisas
de placer de quienes las contemplan.
Mariposas blancas,
ante su presencia
¿Quién no ve en ellas
a sus seres queridos?.
Paraíso de los justos
suspirado por tantos.
Dorita.
No habrá tiempo
para escribir,
para leer
todo lo que ha de saberse.
Prohibido olvidar.
La auténtica
memoria histórica.
La de verdad.
Lo que ocurre
hace que la tinta llore,
abofetea las caras,
pisotea la memoria.
Dorita.
Eres veleta
en manos de titiriteros.
Lo peor
que al ser de hueso
y actuar con la sinhueso
devastas
por donde pasas.
Los trigales
transformados en eriales.
Te presentas con bondad
escondido mezquindad.
Confundes.
Dañas más
que aquel que dispara
con un arma.
Dorita.
De pronto,
los ojos ciegos
se abrieron
ante las atrocidades.
Por primera vez
vieron los colores.
Dorita.
Sí,
me puedo ir de aquí.
¿Me alimentará más el aire?.
¿Cantarán mejor los pájaros
allá donde vaya?.
Mis amigos
no sabrán de mis alegrías y penas,
ni yo de las suyas.
¿Conseguiré
enriquecer el vino?.
¿Cuántos años me llevará?.
Con el aire enrarecido,
aquí eché raíces,
aquí me quedo.
Dorita.
Por mucho que te empeñes
en desangrar al mundo
a la luna no la desangrarás
jamás.
Dorita.
Ausencia de nieve.
Los sueños se deshacen
sin haber cuajado.
Quebradas las palabras.
Desatado el llanto.
Tierras baldías
recuperando
hierbas montaraces,
extendiendo sobre la estepa
la belleza.
Dorita.
Si ando
pendiente de aprender
el como llegar a escribir
para satisfacer los gustos
que este tiempo establece,
dejó de decir
lo que a borbotones
desde mi corazón
empuja al lapicero a plasmar:
mis más recónditas frustraciones,
mis alegrías salvajes,
mis regustos
por esta vida
que a pesar de estos tiempos
vacilantes e inquietantes
no ha perdido el misterio
de derramar
amor,belleza y pasión.
Dorita.
No es posible
que las almas cristalinas
de los niños
queden trituradoras
junto a los cristales rotos
con las apisonadoras
que el hombre hace caer
desde el cielo.
Dorita.
Apagado
el fuego del alma.
¡Alto al fuego!.
Los rescoldos
se acallaron.
Las cenizas
perdiéndose por los poros.
La quietud llamó al silencio
y este respondió:
"hágase en mí
según tu palabra".
Dorita.
A Jonny
le han puesto un fusil entre las manos,
le han obligado a disparar
bajo pena de muerte.
Dorita.
Bruto
es poco llamar
a quien ordena
la sangre derramar,
a quien emprende
contienda interminable,
a quien
pretende justificar
lo injustificable.
Dorita.
Bello niño
entre pañales de seda criado.
Ojos calientes y grandes.
Se pasea por las calles
rompiendo
a las azucenas el talle.
Luceros alimentados
con la gracia de una madre.
No hay rey,
no hay reino
que los haga comparables.
De esa aceitunada piel
anda la noche
enamorada,
de los dientes de diamante
y de su sonrisa grana.
Desde que se fue a la guerra,
en el cielo no hay estrellas
ni juncos en las riberas.
Por la estepa Ucraniana,
anda solo,
anda errante,
en busca de un bosquecillo
para arrodillarse.
No quiere que nadie le vea
como reza entregado
a la virgen,
por su madre.
Dorita.
De no entenderte.
De no escucharte.
De alejarme.
De volver
mirando de reojo.
Desconfianza,
inquietud,
vulnerabilidad.
Expulsión obligada
de paraíso no recuperado.
Saberme amada,
amar con pasión desenfrenada.
Buscarnos y encontrarnos,
fundirnos en el gran abrazo,
en el lazo.
Partida.
Dorita.
Cantaba la noche fría
una canción desgarrada,
sacada de sus entrañas
ante la sangre vertida.
Cantaba la noche fría
para evitar el espanto,
para alejar la tragedia,
para que los cuervos sepan
que los cuerpos
sobre la estepa regados
son sagrados.
Van derramando el perfume
para ser embalsamados.
Para que nadie se olvide
que jamás serán profanados.
Dorita.
Sobre la tierra
quemada,
el jinete azul
cabalga.
Sin volver la vista
a la sangre derramada
el jinete azul
cabalga.
Va en busca
de ese azur
que brilla en la lontananza.
Los niños
en los sótanos,
las mujeres trabajando,
los soldados
agotados.
El jinete azul
cabalga.
Dorita.
Las nubes hoy
lloran fuego,
sobre rastrojos dormidos.
Van incendiando los campos
que vivían
en el olvido.
Rasgan la tierra quemada
buscando en sus entrañas
un enigma escondido.
Dorita.
Las heridas de los muertos
miran
con ojos de espanto.
Las heridas de los vivos
claman resistencia.
El dolor
transfigurado en valor
rompe
el agotamiento de las tardes,
adelanta los relojes,
se pasea sobre los mares
gritando
Libertad.
Dorita.
Dile a la luna
que no salga.
Que se quede
quietecita en su casa.
Que caiga la noche prieta.
Que todo lo ennegrezca.
Que me quede dormida
para no pensar.
Dorita.
Entre las olas plateadas
de un mar gris y frío,
un pedazo de madera
con sangre roja.
Dorita.
Las lágrimas de sangre
derramadas por la luna
en pétalos de rosas
se transformarán
un día.
Dorita.
La luna se está sangrado.
Ya lo sé
no me lo digas
Su sangre llega hasta el río.
Lo sabemos.
Cállatelo.
Las nubes cabalgan fieras
en esta noche humillada.
Porque insistir en ello.
Tú solo quieres ver
los jazmines,
las rosas,las azucenas.
No quieres ver
la sangre sobre la arena.
Yo solo quiero
poder resistir la noche.
Dorita.
No desprecio
esta manzana sana
de un huerto no prohibido,
acicalado y brillante
con las lágrimas derramadas
por los dioses.
Dorita.
No es depresión,
es cansancio,
hastío.
No ver el final.
Ni tan siquiera el túnel.
Ni la luz.
Solo una nada.
Una niebla emborronada
que me tiene agarrada,
aislada,
ensimismada en querer comprender.
Dorita.
Y cuidado que anda por ahí
todas las noches la luna
paseando
con singular belleza
pero
con nuestros corazones helados
como si nada
no me arranca
esa emoción
de asombro,
de admiración.
Dorita.
Sin la presencia
del agua,
sin la nieve en las montañas.
Nuestros corazones
helados.
Desnudos andamos
por ahí,
tiritando
Dorita.
Cuerpos hechos
para amar.
Desterrados
a un odio no elegido,
a una muerte
temprana y desalmada.
A estos cuerpos
hechos para amar
les rompieron su destino.
Para que luego digan
que está escrito.
Esos destinos no le estaban.
Sus edades atropelladas,
destrozadas por la pólvora.
Los cuerpos
son hechos para amar.
Llegué tarde
naciendo.
No quería salir.
Llegué tarde
al paraíso
del lapicero.
Llegué tarde
para ser aceptada en el club.
Pertenezco
a los que viven en los banlieue.
No es queja,
es verdad.
No hago nada para adaptarme
a las necesarias normas.
No soy capaz.
Escribo en renglones torcidos.
Doy las gracias
al lápiz y al papel por ser reales,
por existir.
En su existencia
se sostiene la mía.
Dorita.
¿Qué es el presentimiento
sino el susurro
energético,
la chispa,
el chivatazo,
de algo real?.
Dorita.
Aún
en carne viva.
De todas las pérdidas,
tu amistad
es la que más me duele.
No hubo nada,
en nuestro corazón,
que la resquebrajarse.
Retorcidos caprichos
de no sé qué ángeles caídos
lo lograron.
Dorita.
La tercera dimensión
en la que el cubo existe
tiene
ocho puntos de encuentro
con la segunda dimensión
en la que sus caras
se sustentan.
¿Ocurrirá
algo parecido
con la cuarta y la tercera?.
Dorita.
Esta sembrada
de cuadritos grises,
flanqueada
por otros rojos.
Ha llovido.
El Sol ,
conquistando el cielo,
se llevó el agua.
La dejó limpita,
sin meadas de perros.
Su característico olor persiste.
Solo campanitas del eucalipto
aquí y allá.
Dorita.
La lluvia cae lentamente
calmando
a una tierra insatisfecha.
Las cenicientas nubes
poco a poco clareando
buscan
el silencio de una mañana
que quiere pasar desapercibida,
de puntillas.
No lo logra.
El Sol,
adueñándose del cielo,
invita a los niños
a recuperar el alboroto.
Dorita.
insensatez.
No es hora
de quimeras.
Ni buscar en sus ojos
la quinta esencia
de la más aberrante estupidez
que a todo ser,
que en cualquiera dimensión
existiera,
dejaría estupefacto,
boquiabierto,
anonadado.
No es hora de quimeras
cuando los mortales
andan suspirando
por poder comer
el pan con alegría
sin la latente angustia
por un mañana que galopa
sobre amenazantes nubarrones.
Este neosurrealismo mágico
anda regocijándose
con la elaboración de la más atractiva
tela de araña
donde todos caigan,
de la que nadie escape.
Dorita
La niña
de las mil flores
tiene el alma
de colores.
Reina
de los corazones
auyenta los sinsabores.
La niña
de las trenzas de oro
y los ojos de azabache
jamás pronuncia la ache.
La niña
de mejillas sonrosadas
salta como una gacela,
baila como una peonza,
vuela como la mariposa.
Dorita.
La oración
ya no es sólo una ilusión,
un deseo
de que está enajenación
se termine.
La oración
tiene "sentido y razón".
La física cuántica
nos ha abierto la ventana,
nos llega al corazón.
Saliendo por ella
llegamos hasta Ucrania.
La oración
no sólo es una ilusión.
Puerta abierta a la vida,
a este trigo que ya germina.
No lo puedo palpar,
mi dimensión me lo impide,
si lo puedo constatar.
Dorita.
¿ Cómo se puede, amor mío,
vivir en la Tierra
sin la rosa
o la visita primorosa
de la mariposa?.
Siento la presencia
de su beso eterno.
Ángel encarnado.
Lucero furtivo.
Rayo encendido
que niebla atraviesa.
Mundo de tinieblas
queda fulminado
en el acto puro.
Dorita.
Ante los campos
de interminable cereal
las constelaciones
se estremecen.
Recuerdan el:"hágase".
Los trigales obedecen
multiplicando
sus granos para el hombre.
Dorita.
Cuando la noche se esconde
ante la luna encarnada.
Cuando de puro enamorada
envuelve de plata la baranda,
los laureles se estremecen
al son de los cascabeles
que bajan de la montaña.
Quieren ver cómo la luna
baila embriagada hasta el alba.
Dorita.
Antes del anochecer
el cielo regala colores.
Los usamos
en los sueños.
Transformamos
los recuerdos.
Evitamos
sinsabores.
Dorita.
Amistad
palpitando en mis entrañas.
Destinada a ser eterna.
Fisuras del alma
no sobre cristal.
Nos tan profundas
para el fatal desenlace,
para el papel
a la papelera.
Dura como el acero,
brillante como el diamante.
Destinada a ser eterna.
Mi alma palpita con su ausencia.
Pozo sin fondo de la canción.
Dorita.
Sus casas no pueden entender.
Robustas,
de legendaria sillería.
Orgullosas de sus moradores.
Se evaporaron sus almas.
Siguen flanqueando calles
dónde se respira
un silencio espeso
cuajado de desaliento y resignación.
Se masca
la humillación de la ausencia.
Las flores de los balcones
sustituidas
por zarzas y helechos
mostrando sus caras
entre las rendijas labradas por el agua.
Dorita.
La muerte,
enseñoreada,
contemplaba con agrado
la hierba por el sol quemada.
La tierra resquebrajada.
Los árboles,
sacrificando sus hojas,
descorazonados.
Las nubes,
desde lo alto,
hacedoras de vida
sus gotas
nos han regalado.
Dorita.
Entre la resquebrajada tierra
nace la hierba valiente
luchando por extender
un verde cálido hiriente.
Dorita.
Árbol encarnado,
mimado por los dioses.
Estallido de gracia
que el pájaro acompaña.
Sangre de España.
Encaje en sus flores
inmortalizando la Feria.
Flores
marcando el paso
a un universo carmesí.
Dorita.
Sufre la mañana
tristezas
de un desamor.
Se quedó prendada
de un hombre
que rompió su corazón.
Lo peor no fue el saber
que suspiraba por otra
o por otras.
Lo peor
el engaño,la traición.
"Roma no paga traidores".
La mañana amaneció
en mantilla de seda envuelta
para que nadie notase
su carita descompuesta.
Dorita.
Nadie más
que los álamos del río,
van contemplando
como las vidas
van caminando
hacía el mar.
Dorita.
Multiplicando
las infinitas dimensiones
la granada se desgrana
en la Vega de España,
la Vega de Granada.
Dorita.
En el alma
días de amapolas,
rojos resplandores,
agua que al pasar
canta a la vereda.
Cantos rodados
que se van limando
para el bello canto.
Cierra la ventana,
anda los pasillos
y en el otro ala
al mirar el vidrio
ve la triste imagen
de la niebla espesa
que todo lo envuelve.
Desde lo lejos
se van acercando niños de la guerra,
ojos espantados
que viven errantes
lejos de su tierra.
Dorita
Los colores de las hojas
al caer
muestra del gran tesoro
ofrecido
a la madre tierra.
Gemas,
que pulidas por el agua
con delicadeza y tiento,
acabarán jubilosas
en el gran estallido
de la primavera.
Dorita.
¿Florecerán
sus árboles en primavera
o guardarán luto
por la sangre derramada
en las hojas desparramadas
sobre pupitres inertes,
que en sepulcral silencio
esperan esperanzados
el gran día
de ser de nuevo ocupados?.
Dorita.
Todos somos perdedores.
No nos engañemos
con falacias e ilusiones.
Muy temprano,
perdemos la niñez,
nuestro más preciado Tesoro.
Perdemos la adolescencia
que por ser tan puñetera
hasta está bien el perderla.
La juventud se nos escapa
de un soplido,
entre las manos.
Y sin casi darnos cuenta,
por ahí vamos
paseando nuestras canas.
Y de pronto,
nos damos cuenta
que la memoria es traicionera.
Que día a día
no es la que era.
Perdemos seres queridos
arrancando un trozo
de nosotros mismos.
Y llega el punto final.
Para el creyente
de la vida eterna es consciente.
Para el ateo...
tal vez ni lo sea porque ....
¿Dónde está la línea del creer?.
¿Y quién lo puede juzgar?.
Dorita.
Habló
como no habla un hombre.
Sus ojos ardían sangre,
impávido ante la masacre
y los dientes que rechinan
de puro tragarse el hambre.
No diría un animal
por respeto puro a ellos.
Sí un ángel caído,
donde la materia hierve.
Donde se respira azufre.
No habló como habla un hombre.
De sus labios
palabras envenenadas,
sementera de las viudas,
gusanos que taladran hijos,
desterrados
a la ira y al engaño.
No habló como habla un hombre.
Arropado por siniestros personajes
coreando una canción
de miseria y de ultraje.
No hablo de animales
porque el animal es noble.
Dorita.