Habló
como no habla un hombre.
Sus ojos ardían sangre,
impávido ante la masacre
y los dientes que rechinan
de puro tragarse el hambre.
No diría un animal
por respeto puro a ellos.
Sí un ángel caído,
donde la materia hierve.
Donde se respira azufre.
No habló como habla un hombre.
De sus labios
palabras envenenadas,
sementera de las viudas,
gusanos que taladran hijos,
desterrados
a la ira y al engaño.
No habló como habla un hombre.
Arropado por siniestros personajes
coreando una canción
de miseria y de ultraje.
No hablo de animales
porque el animal es noble.
Dorita.
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