insensatez.
No es hora
de quimeras.
Ni buscar en sus ojos
la quinta esencia
de la más aberrante estupidez
que a todo ser,
que en cualquiera dimensión
existiera,
dejaría estupefacto,
boquiabierto,
anonadado.
No es hora de quimeras
cuando los mortales
andan suspirando
por poder comer
el pan con alegría
sin la latente angustia
por un mañana que galopa
sobre amenazantes nubarrones.
Este neosurrealismo mágico
anda regocijándose
con la elaboración de la más atractiva
tela de araña
donde todos caigan,
de la que nadie escape.
Dorita
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