La muerte,
enseñoreada,
contemplaba con agrado
la hierba por el sol quemada.
La tierra resquebrajada.
Los árboles,
sacrificando sus hojas,
descorazonados.
Las nubes,
desde lo alto,
hacedoras de vida
sus gotas
nos han regalado.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario