Después
del estruendo,
de ese
interno desgobierno
que uno
no alcanza a imaginar
como de pronto un día
se despertó
con el peso de sus paredes
encima de su cabeza.
Bueno,
pues después de todo eso
no por arte de birlebirloque
que va
más bien
por el primoroso arte
de irse uno mismo
conociendo y entendiendo.
Haciendo las paces
con lo que aparentemente fue,
con lo que es,
con el miedo de lo que pudiera ser.
Pues resulta que un buen día
deja de sentir miedo
a la muerte y a la vida.
Todo se hace más alegre y liviano.
Y yo me pregunto
si un día seremos capaces.
Digo seremos porque la hazaña
a la que me refiero
ha de ser colectiva.
¿Seremos capaces
de ir tratando al desgobierno
para llegar a con cordura
gobernarnos a nosotros mismos?.
Dorita.
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