Ayer noche veinticinco,
los lobos de la piel del toro
no cesaron de aullar.
Los corderos angustiados
no paraban de llorar.
Cuando el alba se acercaba,
sus madres caen rendidas
sufriendo de pesadillas.
Pastando hoy en la montaña,
andan balando y charlando.
Contando las experiencias
que en tal noche como esta
todas ellas han tenido
con la Santa Campaña ovejuna
que va por los montes vagando.
Dorita.
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