Resultó que mi abuela Catalina
fue incapaz de aceptar
la muerte de la criatura.
Fabricó una caja.
En ella introdujo el cadáver
y se paseaba por el campo con ella.
La familia intervino
y fue enterrada...
como Dios manda.
Entre lo contado...
violación grupal
y las reuniones de los curas
para contar sus conquistas
y andanzas.
Esto lo relataré
un poco más tarde.
Cuando hablaba de los curas
terminaba con:
"Esto no se puede contar
a riesgo de sacrilegio
y de ir para siempre al infierno ".
Por esto o por que se yo que
tome la sublime decisión
de no articular palabras.
El tiempo iba pasando y yo nada,
ni mu.
Me llevaron a los médicos claro
y no encontraban nada.
Para eso a mí madre
ningún reproches.
Seguro se recorrió
los mejores especialistas.
Encefalogramas...de todo
pero nada.
Don Benito el eterno médico
de cabecera de nuestro
partido judicial,
del que ya hablaré
le dijo a mi madre:
"Ni frenillo ,ni nada,
es mujer y ya hablará
y a lo mejor
más de lo que te puedas imaginar.
No sé equivocó en nada.
Mi abuela sentenció
pues si los médicos no lo logran
vamos a probar con lo que se solía
hacer antiguamente.
Cubos en mano
los hermanos de mi madre
y los que se quisieron subir al carro
aver lo que pasaba
se fueron al río.
La primera trucha que pillaron
me la metieron viva
en la boca.
Santo remedio...
ese mismo día hablé
con frases.
Dorita.
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