En Burgos hacía frío,
mucho frío.
Andaba enfundado.
A la vuelta hacia Santander,
todo se fue dulcificando.
No solo
el termómetro del coche
favorablemente evolucionó
sino que ...
el plúmbeo cielo
de la capital castellana
iba dando paso a grandes claros
y el Sol
hacía el milagro
de transformar las hojas de los árboles
en esos colores que enamoran
y que en pocos días
tenemos certeza
de que se van a evaporar.
Dorita.
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