La Luna se enamoró
de una velita encendida.
La pobrecita creyó
que ella tenía vida.
Ese crepitar al viento,
ese bailar con descaro,
esos colores ardientes.
Vio,
en aquella vela,
una gitana Sevillana.
Tras la galerna,
en la noche,
la llama
ya no lució.
Anduvo vagando la Luna
con tristeza,
sin consuelo.
Una oscura noche,
creyéndose estar pérdida,
se encontró
en la Feria de Sevilla.
Esa noche aprendió
lo que era el baile andaluz.
No encontró,
en las estrellas,
nada semejante a su Luz.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario