Por la ciudad se pasean
los que en su día
famélicos galgos fueran.
A los dispersos árboles
de la Estepa Castellana
atados.
Poco a poco,
van acogiendo en su casa,
los Castellanos,
con orgullo,
con respeto,
el arbolado.
Al tiempo,
la vergonzosa estampa
empieza a ser olvidada,
dando paso
a rendir admiración
y cariño
a estos animales,
en un día maltratados.
Dorita.
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